Ratio: 5 / 5

Inicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activadoInicio activado
 

mismo pecho lactancia

Dar el pecho es tan beneficioso para el niño como para la madre. La lactancia materna es uno de los mejores aliados para la salud de la madre.

Estudios científicos han demostrado que la lactancia materna protege a la mujer de los tumores de mama. Llegando a la conclusión de que la lactancia reduce un 22 por ciento el riesgo de sufrir esta enfermedad.
Cuanto más se da el pecho mayor es la protección, reforzándose, si la mujer decide también, dar el pecho a la siguiente hijos.

La lactancia materna también disminuye un 26 por ciento el riesgo de sufrir tumores en los ovarios. Pero para favorecer esta protección es necesario dar el pecho entre 5 y 18 meses. La acción protectora está relacionada con el hecho de que durante la lactancia el ovario descansa y no recibe el estímulo de las hormonas que regulan el ciclo, liberándose de los estrógenos que favorecen los tumores ováricos.

Si durante el embarazo has aumentado el peso recomendado, es decir, unos 9 o 10 kilos, podrás recuperar la línea, dando de mamar al bebé. La producción de leche materna te permite adelgazar unos 30 gramos al día. El 5 % de la leche es grasa. Así que si sigues una dieta sana y equilibrada y baja en grasas, tu organismo recurrirá a tus reservas para producir leche, ayudándote a perder peso. Y si además haces algo de ejercicio mucho mejor.

La lactancia materna puede ayudarte también a prevenir la osteoporosis. Al parecer cuando se da el pecho, los huesos pierden un 5% de calcio, pero después de unos meses de haber terminado con la lactancia, el organismo reconstituye esta materia y memoriza esta crisis y la forma en cómo se ha superado. Tus huesos serán más resistentes y se reducirá la desmineralización que se produce con la brusca caída de los estrógenos en la menopausia.

Otro de los beneficios que te aporta dar el pecho a tu bebé es que el útero vuelve antes a la normalidad, consiguiendo una rápida cicatrización de los vasos que nutrían la placenta, y recuperando las medidas normales del útero. Y esto gracias a la oxitocina, una hormona que se activa en la lactancia y hace que se mantenga la producción de leche.