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Primeras semanas del recién nacido

Crecimiento y desarrollo del recién nacido

El peso del recién nacido puede disminuir hasta un 10% debido a la eliminación del exceso de líquido y a una menor ingesta. Alrededor de las dos semanas de vida recupera el peso del nacimiento.

Se produce una maduración progresiva de los diferentes órganos y sistemas. Es destacable un intenso desarrollo y crecimiento del sistema nervioso central, las neuronas aumentan en número, en tamaño y en la cantidad de conexiones entre ellas.

Los movimientos del bebé son en su mayor parte incontrolados, con la excepción de la mirada, el giro de la cabeza y la succión.

La inmadurez digestiva de este período convierte a la leche materna o a la leche adaptada en el único alimento adecuado.

Desarrollo psicosocial del recién nacido

En el momento del nacimiento se produce el encuentro de los padres con el niño y de éste con ellos. Los cuidados que se le proporcionan le invitan a relacionarse con el mundo externo.

Desde el momento de nacer, el niño manifiesta interés por establecer una relación humana, aunque sobre todo sigue muy atento a sus sensaciones internas, como si continuara en el vientre de la madre. En general, pasa la mayor parte del tiempo dormido.

La boca adquiere un gran valor y significación: comer, conocer, querer, están muy relacionados. Chupar, cumple así una función múltiple. El chupete cumple la función de consolar al bebé y prolongar el contacto con la madre.

El llanto forma parte del lenguaje del bebé, ya sea como respuesta a estímulos físicos (hambre, dolor, etc.) o como llamada de atención.

Los padres deben saber que:

El niño nace primero en las fantasías de los padres, por lo que luego han de confrontar su bebé idealizado con el bebé real.

Es conveniente aceptar y valorar al bebé como una persona única y distinta, evitando las constantes comparaciones.

Las madres se tranquilizan de sus naturales preocupaciones maternales acogiendo y cuidando al bebé lo antes posible.

La calidad de la relación entre los padres y el bebé es más importante que la forma de lactancia elegida. El aprovechar este momento para sintonizar, acariciarle, mirarle y hablarle, favorece la relación.

Si la opción es la lactancia materna conviene poner al niño al pecho lo antes posible. No hay que inquietarse si en los tres primeros días la leche no sube y al niño le cuesta tomar el pecho.

Mecer al bebé puede ser un buen recurso para calmarlo y distenderlo, pero estar constantemente recurriendo a ello no es adecuado. Se procurará encontrar el punto de equilibrio conveniente con el bebé. Poco a poco se debe ir sustituyendo el mecer por algún gesto, el chupete, la voz, la presencia de los padres, etc.

La llegada de los hijos enriquece y transforma la vida de la pareja aunque supone un esfuerzo adaptativo. Los padres pueden sentirse, en algunos momentos, sobrepasados e inseguros, sin que esto suponga en absoluto que no sean unos excelentes padres.

El aseo del recién nacido

El baño debe ser diario, es conveniente que sea antes de una toma. Generalmente el baño relaja y puede favorecer el sueño. Es posible que en los primeros días el bebé nos muestre su disgusto al sentirse desprotegido e inseguro.

El agua del baño debe estar templada. La temperatura se comprobará con un termómetro (35-37º) o con el codo, con la mano puede dar una impresión errónea. Se aconseja utilizar jabones de “ph” neutro para no irritar la piel.

El  cambiarle de ropa y/o bañarle puede ser un buen momento para jugar y dejar que se mueva, vigilando su seguridad.

El introducir bastoncillos o cualquier otro objeto en la nariz y en los oídos, no es necesario para la higiene del bebé.

El ombligo del bebé tarda en desprenderse entre 1 y 4 semanas; es importante que esté siempre limpio y seco.

Las manos son uno de los principales vehículos de transmisión de enfermedades, por lo que deben estar siempre limpias.

El sueño del recién nacido

Al principio, el niño suele dormir en la habitación de los padres para tranquilidad y comodidad de éstos.

En general, el recién nacido duerme unas 16 horas diarias. En las primeras semanas de vida, lo habitual es que su ritmo biológico se repita cada 2 ó 4 horas (periodo en el que el pequeño se despierta, es aseado, alimentado y se vuelve a dormir).

Establecer, cuanto antes, una rutina contribuirá a darle seguridad.

No distingue entre el día y la noche. Para ir acostumbrándole conviene de día no oscurecer el dormitorio y oscurecerlo si es de noche.

La alimentación del recién nacido

La lactancia materna nunca debe ser una imposición. Es importante saber que también con la lactancia artificial se puede establecer y mantener una buena relación afectiva.

Si la forma de lactancia elegida es la artificial, conviene que el biberón se lo den las personas que le cuidan habitualmente.

En relación con la lactancia materna hay que tener en cuenta que la leche no sube hasta las 48-72 horas después del parto, el calostro es todo lo que necesita durante los primeros días.

No es necesario lavar con agua y jabón el pecho antes y después de cada toma, el jabón reseca y puede favorecer la aparición de grietas.

Tras un periodo de adaptación, el recién nacido reconoce el olor de su madre, visualiza el pezón y se acopla para succionar vigorosa y armónicamente.

En un principio, las tomas serán a demanda, poco a poco se establecerá un ritmo de horario relativo.

La madre no debe sentirse culpable por admitir el cansancio y pedir ayuda.

El recién nacido no debe tomar ningún alimento distinto de la leche materna o adaptada, salvo indicación del pediatra. Se le puede ofrecer agua en ambientes secos, verano, etc.

Las deposiciones del recién nacido

Cada niño tiene un ritmo a la hora de hacer sus deposiciones. En algunos casos hace una deposición por cada toma y en otros, cada dos o tres días.

Evitar la estimulación anal para provocar la deposición.

Fuente: MadridSalud