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cuello utero

La displasia del cuello del útero consiste en un crecimiento anormal de células en el cuello uterino. Para poder diagnosticarla, solo es necesario una revisión con tu especialista.

Una citología vaginal de rutina o bien una colposcopia podrán detectarlo.

Esta patología ha de ser tratada inmediatamente ya que la displasia es un claro indicador de cáncer de cuello del útero. O en el menor de los casos nos indica la presencia de células precancerosas. Si no se trata correctamente con el paso del tiempo la probabilidad de que se desarrolle un cáncer oscila, según el tipo de displasia que sea, entre un 30% y un 60%.

Podemos encontrar tres tipos:

  • Leve: es el más habitual. En un 70% de los casos se cura sin necesidad de tratamiento.
  • Moderado: Es necesario tratamiento. La peligrosidad aumenta ya que podría derivar en cáncer.
  • Severo o de alto grado: Hablamos de un claro indicador de células precancerosas.

Causas de la displasia:

  • Infección por HPV o verrugas genitales.
  • Infección por VIH.
  • Anticonceptivos orales por períodos superiores a cinco años.
  • Tabaquismo.
  • Dietas deficientes.

Síntomas:

No suele presentar síntomas, pero debemos estar atentos ante determinados signos.

  • Verrugas genitales.
  • Sangrados irregulares a lo largo del ciclo menstrual.
  • Sangrado postcoital.
  • Flujo vaginal irregular y abundante.

Tratamientos:

  • Conización del cuello del útero: con láser se eliminan las células anormales del cuello del útero.
  • Criocirugía: la eliminación de las células se realizará con dióxido de carbono (congelación).
  • Electrocauterización: se extirparán las células anómalas mediante ondas de radio de bajo voltaje.

Estos tratamientos en ocasiones pueden comprometer la fertilidad de la mujer, ya que estrechan el cuello del útero y dificultan que el esperma pueda penetrar el cuello para llegar al óvulo.

Además el estrechamiento del cuello puede provocar en un embarazo un riesgo elevado de sufrir un parto prematuro, debido a que el cuello del útero se borre antes de llegar a término.

En caso de detectarlo durante el embarazo, hay que tener en cuenta que esta patología puede empeorar como consecuencia de la alteración hormonal producida por la gestación. Lo más oportuno sería no tratarlo hasta el nacimiento del bebé.