¬ŅC√≥mo superar el miedo a la muerte o a morir?

La perspectiva de la muerte es dif√≠cil de afrontar con calma para la mayor√≠a de nosotros, y puede provocar tal ansiedad que puede alterar la vida cotidiana. ¬ŅC√≥mo podemos vivir mejor sabiendo que todo acabar√° alg√ļn d√≠a?

Miedo a la muerte s√ļbita

Los accidentes de tr√°fico y los infartos nos recuerdan que podemos morir en cualquier momento. En el mundo se producen millones de muertes s√ļbitas al a√Īo por una parada repentina del coraz√≥n. A veces, cuando percibimos su latido, somos moment√°neamente conscientes de esta posibilidad. Durante un breve momento, o durante el tiempo que dura la anomal√≠a, nos damos cuenta de que todo lo que valoramos, todos nuestros planes, nuestros v√≠nculos con los amigos y la familia, pueden romperse de repente por un latido incorrecto.

A veces corresponde al médico asustar al individuo que no cuida su cuerpo: la conciencia de su fragilidad puede mejorar el cumplimiento de un tratamiento o la adopción de mejores resoluciones.

Miedo al c√°ncer

El c√°ncer nunca trae una muerte s√ļbita: s√≥lo es un presagio fatal, una se√Īal de alarma, una nube oscura que anuncia la tormenta. Cuando est√° presente, siempre es tarde, a veces demasiado tarde: impulsa al paciente a otra dimensi√≥n, en otro eje que se habr√≠a desviado repentinamente del eje principal cuando el m√©dico lo anunci√≥. Imprime el miedo a la muerte. Pero incluso cuando no est√° presente en casa, a veces nos encontramos con ella en el transcurso de una conversaci√≥n y nos recuerda que todos corremos el riesgo de que nos afecte ma√Īana y puede que ya nos haya afectado ayer. El temor es leg√≠timo: es una enfermedad com√ļn (1 de cada 4 personas est√° afectada) que mata a uno de cada dos pacientes.

Probablemente no hay mejor laboratorio para el miedo a la muerte que una operaci√≥n de c√°ncer. Vemos a personas arrancadas de su rutina y sus esperanzas por una tragedia. Est√°n atrapados y luchan: es una especie de banco de pruebas psicol√≥gico: negaci√≥n, rechazo de la atenci√≥n, voluntad de lucha, solicitud de m√ļltiples opiniones a otros m√©dicos o incluso a charlatanes, ira, desesperaci√≥n. El progreso m√©dico hace que los que no pueden ser salvados por la cirug√≠a o los tratamientos vivan con la esperanza de una posible cura, pero siempre a la sombra de la muerte.

La dificultad de comunicar la muerte

El miedo a la muerte se ha mantenido en silencio durante mucho tiempo. Existe un cierto tab√ļ en torno a la muerte, tanto por parte del paciente como de la familia y el personal sanitario. Pero cuando los moribundos se dan cuenta de que les queda poco tiempo de vida, a muchos les gustar√≠a hablar de lo que les espera, del miedo que les atenaza. Pero, tienen la sensaci√≥n de que se enfrentan a personas que no est√°n preparadas para escucharles... Son los vivos, no los moribundos, los que tienen miedo de hablar de la muerte.

La nueva soledad de los que se est√°n muriendo

La gesti√≥n colectiva de la muerte es un fen√≥meno com√ļn a todas las sociedades humanas. Desde hace m√°s de 50.000 a√Īos, y probablemente desde otras especies del g√©nero Homo, los humanos han enterrado a sus muertos seg√ļn los ritos funerarios. Pr√°cticamente no hay ning√ļn grupo arcaico, por primitivo que sea, que abandone a sus muertos o que los abandone sin ritos. Hoy, sin embargo, asistimos a una erosi√≥n de los ritos. El moribundo est√° m√°s solo que nunca, abandonado a su suerte en establecimientos dise√Īados para el final de la vida: la agon√≠a es en muchos aspectos m√°s cruel que en el pasado y el moribundo est√° m√°s solo porque todo se ha vuelto mec√°nico y sin alma. La gente se quedaba en casa, rodeada de su familia, recib√≠a los √ļltimos sacramentos y arreglaba sus asuntos espirituales y temporales. En una palabra, mantuvieron un cierto control. Hoy en d√≠a, se hace caso omiso de de la persona que se est√° muriendo. Y √©stas notan el vac√≠o que se crea a su alrededor a medida que su estado empeora. Lo sienten y se refugian en el silencio. El enfermo est√° solo en el mundo. Hay una especie de incomunicaci√≥n con el que muere. Muchas personas que est√°n muriendo se dan cuenta de su estado a trav√©s de los cambios en las personas que les rodean y en el equipo de atenci√≥n.

A esta soledad se a√Īade siempre el miedo a una muerte largamente enterrada en la negaci√≥n, casi tab√ļ, y que golpea de repente por su contraste con los placeres y la comodidad que tanto convienen a la vida moderna.

Detr√°s del miedo, ¬Ņun deseo de controlar la muerte?

Algunas personas son capaces de resolver la ansiedad por la muerte que a veces les atenaza y pueden vivir m√°s o menos serenamente con estas cuestiones. Sin embargo, el miedo a la muerte se expresa m√°s a menudo a trav√©s de nuestras neurosis. Las fobias, los complejos, la hipocondr√≠a, los trastornos alimentarios, los trastornos de ansiedad... La mayor√≠a de nuestros comportamientos neur√≥ticos pueden considerarse estrategias de control inconscientes para intentar contener nuestras ansiedades lo mejor posible. "La claustrofobia suele estar relacionada con el miedo a ser enterrado vivo o a morir asfixiado, por ejemplo. El miedo a las ara√Īas se refiere a un peligro que no sabemos d√≥nde ni cu√°ndo aparecer√°. Detr√°s de cada fobia, el miedo a la muerte est√° al acecho". El problema es que estas diferentes estrategias resultan ineficaces. Estos mecanismos de defensa permiten la supervivencia y dan la ilusi√≥n de control a corto plazo, pero no resuelven nada (la muerte sigue siendo incontrolable) y envenenan la vida cotidiana.

Hablar de la muerte ayuda a aceptarla

No hay nada patol√≥gico en evitar situaciones peligrosas. Sin embargo, preocuparse y sentirse en peligro todo el tiempo puede convertirse en un verdadero problema. La clave para entender mejor la muerte y aliviar la ansiedad que la acompa√Īa reside en la aceptaci√≥n. Como no podemos hacer nada para evitar la muerte, lo mejor es aceptarla. Hablar de la muerte es desdemonizarla y poner el razonamiento donde s√≥lo hay terror.

La cuestión de la muerte sigue siendo un área fundamental del trabajo terapéutico en psicoterapia y hablar de ella puede ser beneficioso. Cuando se verbalizan, las personas que están de duelo o angustiadas se sienten mejor. Son capaces de superar su melancolía para volver a conectar con su ímpetu vital y hacer planes.

Cuestionar el sentido de la vida con la terapia existencial

La terapia existencial propone cuestionar el sentido de la propia vida y lo que constituye una vida plena. Mediante intercambios con el terapeuta, introspecci√≥n y ejercicios pr√°cticos. Por ejemplo, el terapeuta invita al participante a imaginar su propio funeral. ¬ŅQu√© le gustar√≠a que los que le rodean dijeran de √©l y recordaran su vida? Para el paciente, esto le ayuda a clarificar lo que es importante y a redefinir un camino a seguir para el tiempo que le queda. As√≠, se ve abocado a cuestionar sus proyectos, sus valores, sus relaciones... ¬ŅQu√© es importante para m√≠? ¬ŅEstoy bien rodeado? Estas preguntas pueden dar lugar a saludables tomas de conciencia y a cambios (de trabajo, de amigos, de lugar de vida, etc.) para evitar posibles arrepentimientos en el momento de la muerte.

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