¿Qué puedo hacer para subir mi autoestima?

Claves para fomentar la autoestima

Todos buscamos trucos y consejos para hacernos la vida más fácil. La buena noticia es que los investigadores, los estudios y los expertos nos han dado las llaves adecuadas para abrir las puertas correctas.

La autoestima es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros, del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Dicho sentimiento juega un papel primordial con respecto a todas las emociones. Si queremos ser más amables, más tranquilos, más seguros... la autoestima va a ser clave en la adquisición de dichas actitudes. Si somos personas con una autoestima alta nos será más fácil adquirir nuevos comportamientos que mejoren nuestra vida, pero ¿cómo lograr una buena autoestima?

Afronta la realidad

Sólo podemos cambiar lo que hemos identificado previamente... como algo que hay que cambiar. Esta afirmación es una perogrullada, pero es el preámbulo esencial de la acción. Se requiere un verdadero esfuerzo de introspección para aquellos que quieren acabar con el autodesprecio. Es tan fácil confundir con lucidez la vocecita interior que constantemente nos rebaja, menosprecia nuestros éxitos y nos empuja a hacer comparaciones negativas de nosotros mismos. Esa voz que regular y repetidamente susurra que no puedes hacerlo o que no lo mereces no es más que una expresión de baja autoestima. Es todo menos objetivo y realista. Y si no lo tomas como lo que es, no podrás darle la vuelta a las cosas.

Cambia tu historia

Restar importancia sistemáticamente a tus talentos y éxitos, hacer del autodesprecio tu modo de narración favorito, rehuir toda forma de atención, ser excesivamente humilde y tímido... Nada es más eficaz para cultivar la baja autoestima. Las palabras son importantes, afectan profundamente a la percepción que tenemos de nosotros mismos y a la impresión que causamos en los demás. La percepción es la realidad. Practica cómo contar tu historia y evita todo lo que te haga parecer una víctima, un perdedor o una persona con mala suerte crónica. Acepta los cumplidos sin justificar ni minimizar tu responsabilidad. Felicítate por tus pequeños y grandes éxitos. Localiza tus pensamientos tóxicos, los que te hacen sentir inferior, y di "¡mal! " y luego reemplazálos por pensamientos positivos sobre ti mismo que se convertirán en tus mantras.

Contacta con la estrella que hay en ti

Albert Einstein creía que todo el mundo es un genio en su propio campo. Cantar, organizar, cocinar, correr, escribir, hacer chapuzas, reconfortar, etc. Cuando ejercitamos este talento, dejamos que se exprese la estrella que vive dentro de nosotros: la que irradia confianza, carisma y competencia. Cuanto más conscientes somos de nuestro talento específico y más lo ejercitamos, más se amplía nuestra zona de confianza interior. Identifica tu talento único y hazle un hueco en tu agenda con regularidad.

Ejercicio

Hay innumerables estudios que demuestran la relación directa entre la confianza y la autoestima y el ejercicio físico. Correr, caminar (rápido), nadar, montar a caballo, esquiar, bailar, boxear... Todas estas actividades nos devuelven al cuerpo y desarrollan una doble sensación positiva de poder y control. Estos dos ingredientes contribuyen a reforzar nuestra autoestima y, en consecuencia, nuestra capacidad para hacernos valer y hacer respetar nuestro territorio. Por no hablar de que el ejercicio físico regula nuestras emociones y mejora la calidad del sueño, dos beneficios que nos ayudan mucho a sentirnos mejor con nosotros mismos y, por tanto, más seguros.

Ayudar a los demás

Sentirse útil forma parte de una buena autoestima. Esto puede hacerse haciéndose cargo, durante un tiempo, de los seres queridos en situaciones difíciles, realizando trabajos de voluntariado, transmitiendo los propios conocimientos y experiencia... Es gratificante constatar, a través de estas manifestaciones de empatía y altruismo activos, que nuestra energía, nuestras palabras, nuestra visión de las cosas, nuestra simple presencia a veces reconforta, alivia e inspira. Estos beneficios son accesibles a condición de que no desvaloricemos nuestras acciones, que no nos posicionemos como "siervos devotos". Ofrece tu ayuda, tu tiempo, tu consejo de igual a igual, con dignidad y sencillez.

Perdonarte

La literatura sobre el perdón hace hincapié en la necesidad de perdonar a los demás, pero menos a uno mismo. Sin embargo, es perdonándonos a nosotros mismos como podemos crecer a nuestros ojos, como podemos sentirnos legítimos a los ojos de los demás. Piensa en un acontecimiento negativo de tu vida del que todavía te culpes. Reproduce el acontecimiento en tu mente, piensa en el contexto, en tu estado de ánimo y en tu situación material en ese momento. Trata de separar lo que puedes achacar a las circunstancias o a otros y lo que es tu responsabilidad. Aprende de ello y luego perdónate a ti mismo, desde el fondo de tu corazón, como perdonarías a una persona sincera que te es querida. Hiciste lo que pudiste en su momento, no es necesario cargar con el peso del pasado.

Aprecia el núcleo de tu ser

Están los hechos, los resultados (fracasos y éxitos), las circunstancias, los acontecimientos de la vida y lo que eres en el fondo. Está la superficie y el fondo. También existe el yo (temporal, reducido, circunstancial) y el yo, mucho más grande, que la suma de todas nuestras particularidades. El yo es la parte densa y concentrada de nuestro ser, el corazón de nuestra humanidad. Por eso es preciosa, para ser apreciada y respetada. Despreciarla, maltratarla, devaluarla, es maltratar la humanidad que lleva dentro. Aprende a escuchar tus necesidades, acoge tus deseos, respétalos y serán respetados por los demás. Esto te hará entrar en un círculo virtuoso, porque la adquisición de una nueva conciencia de tí mismo implica también la adquisición de nuevos comportamiento.

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