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Es recomendable amamantar al bebé siempre que tenga hambre. Pero, contrariamente a lo que pueden creer algunas madres primerizas, el llanto es una señal tardía de hambre. Debes tratar de amamantar a tu bebé antes de que esté tan hambriento que se sienta molesto, se altere y resulte difícil tranquilizarlo.

De todos modos, también es importante tener en cuenta que cada vez que llora un bebé no tiene que ser necesariamente porque tiene hambre. A veces los bebés necesitan que los abracen o que les cambien los pañales. También pueden llorar por un exceso de estimulación, por aburrimiento o porque tienen frío o calor.

Una forma de saber si el bebé está llorando porque tiene hambre o por algún otro motivo es comprobar la hora. Si el bebé empieza a llorar solo una hora después de haber mamado bien, probablemente estará molesto por alguna otra razón. Las señales de que un bebé tiene hambre incluyen:

  • Mover la cabeza de un lado al otro
  • Abrir la boca
  • Sacar la lengua
  • Llevarse las manos y los puños a la boca
  • Fruncir los labios como si fuera a succionar
  • Restregar la boca contra los pechos de su madre
  • Mostrar el reflejo de búsqueda del pecho (girar la boca hacia algo que le está acariciando o tocando la mejilla)

Debes estar pendiente de las señales que indican que el bebé está lleno (succiones lentas, pérdida del interés por el pecho, apartarse del pecho o del biberón) y da por finalizada la toma en cuanto aparezcan.