¿Por qué los niños tienen un padre favorito? mi hijo me rechaza, mi hijo prefiere a su padre, madre

Al nacer, el vínculo entre la madre y el niño suele ser el primero en establecerse. A medida que el niño crece, el apego a la madre puede confirmarse o negarse ligeramente. ¿Cómo se puede explicar esto? ¿Cómo tratar a un niño que tiene un padre preferido?

Las causas de este apego privilegiado

Lo más frecuente es que esta preferencia se note entre los 2 y los 5 ó 6 años. El niño prefiere entonces a uno de los dos progenitores de forma continua o intermitente. Esto puede explicarse principalmente por la afinidad particular con uno de los padres, que generalmente ofrece juegos y actividades que el niño disfruta y le da la sensación de ser comprendido. Pero también porque ese mismo adulto pasa tiempo con él y actúa con dulzura y cariño, mientras que el otro adopta un papel más autoritario y, por tanto, más rígido.

También ocurre que durante un divorcio y/o una custodia compartida surja un progenitor preferente. Con la separación de los padres, los roles educativos y afectivos se ven alterados y el niño puede apegarse más al progenitor al que sólo verá para sus actividades de ocio. Dependiendo del contexto, el niño también puede sentir un sentimiento de rechazo hacia el progenitor al que ve poco y puede separarse de él más o menos voluntariamente.

¿Cómo reaccionar y cambiar las cosas?

Es muy difícil para el padre rechazado, pero también para el padre preferido. El progenitor rechazado se sentirá excluido de la vida del niño, pero el progenitor preferido puede quedar rápidamente agotado por las constantes demandas del niño. También pueden sentirse culpables por el padre rechazado. Por lo tanto, es aconsejable reaccionar sin demora y no dudar en hablar de ello con la pareja. El riesgo de este tipo de comportamiento por parte del niño puede crear rivalidad y resentimiento hacia la pareja, que no tiene nada que ver. Por tanto, el primer paso es la comunicación.

Si te preocupa el primer caso, no te dejes convencer de que eres un mal padre. Por el contrario, debes remangarte y hacer todo lo posible para transformar los sentimientos del niño:

  1. Pasa tiempo con tu hijo y ofrécele actividades agradables que enriquezcan la relación. Elige juegos en los que el niño aprenda a confiar en ti y encuentra momentos de risa y alegría compartida.
  2. No tengas miedo de decirle a tu hijo que le quieres y de demostrárselo con gestos de ternura y cariño. Si te aleja, no le regañes y al contrario, dile que no es nada grave y que le quieres pase lo que pase.
  3. Entonces redefine la forma de trabajar de la pareja en lo que respecta a la educación de los hijos. Es importante que cada uno desempeñe un papel cariñoso y al mismo tiempo rígido en cuanto a las reglas de la casa. No juegues a ser el padre bueno o el malo. Además, el "favorito" debe ayudar al "rechazado" a ocupar su lugar. Al explicar al niño que papá y mamá le quieren por igual y que siempre estarán a su lado, reintroduce a tu pareja como una persona de valor para el niño.
  4. Los roles de cada padre no deben ser demasiado rígidos. Alternando rutinas y rituales, el niño se acostumbra a ser mimado por ambos. El cuento para dormir, el baño y ayudarlo a vestirse deben ser realizados alternativamente por mamá y papá. Si el niño pide una u otra cosa, no debes ceder. El niño debe aprender a no elegir qué progenitor le cuidará y a crear un vínculo con cada uno de ellos.
  5. Por último, date tiempo y no te rindas. El niño tendrá que volver a aprender a descubrirte y a crear buenos recuerdos contigo, por lo que tardará unos días o semanas en alterar el orden que ha establecido. Multiplica los momentos de compartir con él, pero sin perder tu modelo educativo. De hecho, no se trata de complacerlo a toda costa, a riesgo de sacrificar su educación.

Para su correcto desarrollo y maduración, el niño necesita tanto una sólida educación y unos límites a veces rígidos, como mucho amor y ternura por parte de sus padres. Para evitar que tu hijo te hiera y te aleje, es importante encontrar el equilibrio adecuado entre la firmeza y la complicidad.

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