Castigar al niño: ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo se debe castigar a un niño?

Castigo: La sola palabra hace que la gente se estremezca, y no sólo los niños. Evoca imágenes de azotes y castigos corporales y nos recuerda el reinado de la obediencia ciega y la educación severa. En consecuencia, muchos padres se sienten hoy culpables de castigar a sus hijos. El primer argumento es que temen traumatizarlos para siempre. Hoy en día, la psicología infantil es un elemento educativo clave.

Castigar a un niño crea necesariamente frustración en él, que luego descargará en forma de agresión. Para evitar estas situaciones, algunos padres se niegan a castigar a sus hijos y prefieren el diálogo. Sin embargo, estas medidas no siempre son eficaces. Por lo tanto, es necesario tratar de encontrar el equilibrio adecuado entre el ejercicio de la autoridad suficiente para ganarse el respeto y el mantenimiento de una relación cariñosa y empática con el niño.

Castigar a los niños: Dejar claras las normas

La educación de un niño se basa en un sistema de normas que debe estar claramente establecido. Mediante estas normas, el niño puede distinguir entre lo que está permitido y lo que está prohibido. El castigo sirve para reafirmar la norma, porque una norma sólo existe si hay una sanción por romperla. Para que la norma sea clara, las palabras utilizadas por los padres deben ser inequívocas. Por ejemplo, debes utilizar verbos fuertes como "prohibir", "exigir", "deber".

También es fundamental ser coherente: no sonreír al anunciar un castigo, pues de lo contrario se perderá toda la credibilidad y el niño quedará confundido sobre la interpretación del hecho. De esta manera, consigues ser perfectamente claro y justo, la transgresión de la norma llevará necesariamente a un castigo, sin que tengas un caso de conciencia. Esto también es estructurante para el niño, ya que necesita límites.

Definir un castigo adecuado para el niño

Los castigos son necesarios para una educación eficaz e inteligente. De hecho, amenazar con un castigo sin llevarlo a cabo envía el mensaje equivocado a tu hijo de que puede hacer lo que quiera. Sin embargo, es importante elegir un castigo que no sólo sea adecuado en cuanto a la respuesta a la transgresión, sino sobre todo que le dé a tu hijo la responsabilidad de enmendarse. Por ejemplo, si el niño se niega a limpiar su habitación a pesar de tu insistencia, adviértele que tendrá que limpiar tanto su habitación como el salón si continúa. Por tanto, son libres de elegir y conocen las consecuencias.

En cuanto a la calibración de la sanción, obviamente hay que tener en cuenta el grado de la falta cometida. No se castigará de la misma manera una demora, un insulto o una gran mentira, porque la escala de gravedad simplemente no es la misma. La respuesta de castigo expresa al niño la jerarquía de valores establecida por los padres.

¿Cuáles son las características de una buena sanción?

Hay que respetar varios principios. El primer principio es que las sanciones deben aplicarse lo antes posible, pero "en frío", cuando las emociones se hayan calmado. El segundo principio es que el castigo debe ser una oportunidad para recordar la norma. Por ejemplo: "Has salido del jardín en bicicleta, te recuerdo que está prohibido. Tercer principio: El castigo debe estar en consonancia con el acto. Cuarto principio: El castigo debe ser proporcional a la falta: a pequeña falta, pequeño castigo. Finalmente, el último principio es que el castigo debe ser reparador, en la medida de lo posible. Por ejemplo, el niño limpia lo que ha ensuciado: la falta está "reparada", ya no se menciona.

Favorecer ciertos castigos

¿Cómo debes castigar a tu hijo? Se trata de una cuestión recurrente, que debe considerarse de forma diferente según la edad. La privación siempre es eficaz; puede tratarse de una salida, un dibujo animado, el acceso al ordenador o la paga semanal, por ejemplo. Sin embargo, hay que tener cuidado de no crear deseo por una prohibición. Por ejemplo, privar a un niño de un dibujo animado puede convertir la televisión en algo sagrado. Del mismo modo, castigar a un adolescente pidiéndole que haga las tareas domésticas (lavar los platos, pasar la aspiradora, cortar el césped, etc.) creará una relación de disgusto con ellas; el niño asociará entonces las tareas domésticas con un castigo y tendrá aún menos ganas de participar en la vida cotidiana.

Por último, es importante recordar que los azotes y otros castigos corporales no tienen sentido. Además de ser no ser legal y moralmente reprobables, trivializan la violencia y el niño será más propenso a reproducir este comportamiento con sus compañeros. Además, es una admisión de debilidad: los padres no han sabido controlarse y resolver la situación de otra manera. El castigo corporal humilla a los niños y es ineficaz: No hay nada que recordar más que el miedo y el dolor.

Por supuesto y con mucha hipocresía, aunque esté prohibido por la ley, el castigo corporal sigue ocupando un lugar silencioso en la educación de los niños. Y la violencia psicológica, si no deja huellas en el cuerpo de los niños, puede dejar otras más graves en su psique y personalidad.

¿Cómo se puede evitar el sentimiento de culpa cuando se castiga a un niño?

Lo que hay que saber es que una prohibición es tranquilizadora para el niño. Aunque se quejen, se sienten protegidos y pueden desarrollar su autonomía. Cuando no les damos un marco, cuando no ponemos barreras, les ponemos en peligro psicológico y a veces físico. Por lo tanto, es necesario construir, lo antes posible, una relación con el niño no basada en la coacción y la inseguridad, sino en la escucha y el respeto.

El castigo es una parte integral del proceso educativo, pero tiene que estar bien pensado para ser eficaz. Recuerda que debes ser comedido y tranquilo en caso de conflicto u oposición con tus hijos. Una buena comunicación es esencial porque castigar a tu hijo es el último recurso.

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