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Diagnóstico y tratamiento de la displasia cervical

¿Qué es la displasia cervical?

La displasia cervical también se conoce como displasia de cuello de útero. Esta afección se produce cuando se encuentran anomalías en el cuello uterino. Aparece tras la contaminación por el virus del papiloma humano o VPH, que está implicado en el cáncer de cuello de útero. Por lo tanto, la displasia da lugar a lesiones precancerosas del cuello uterino que, si no se tratan, evolucionan hacia el cáncer. Normalmente, el organismo es capaz de eliminar el virus, pero no siempre es así, ya que es especialmente resistente. Cuando una mujer está infectada por un VPH oncogénico de número 16 o 18, por ejemplo, puede presentar estas lesiones en el cuello del útero. En esta fase, el paciente no debe preocuparse porque se necesita tiempo (varios años) para que esto desemboque en un cáncer. Las displasias son lesiones causadas por células anormales en el cuello uterino.

El diagnóstico de la displasia cervical

La citología cervical se utiliza para detectar la presencia de células anormales en el cuello uterino; es una forma de detectar el cáncer de útero y de diagnosticar los estadios precancerosos para poder tratarlos a tiempo. Se recomienda a las mujeres que se hagan esta prueba cada dos o tres años para detectar a tiempo cualquier anomalía y limitar así el riesgo de cáncer. Esta prevención se utiliza para recoger células del cuello uterino y estudiarlas en el laboratorio. La prueba puede dar varios resultados diferentes, que le serán explicados por su médico. En algunos casos, la citología mostrará anomalías que deberán ser aclaradas mediante un examen con lupa del cuello uterino llamado colposcopia. Las biopsias pueden mostrar entonces una displasia, también llamada neoplasia intraepitelial cervical. Hay varias etapas:

  • I: displasia leve
  • II: displasia moderada
  • III: displasia severa

Tratamiento de la displasia cervical

En presencia de una displasia, hay que mantener la calma, porque el organismo puede eliminar los virus espontáneamente y la displasia puede remitir espontáneamente. Si la displasia persiste después de un periodo de seguimiento (en el caso de la NIC I y II, la NIC III se trata inmediatamente después del diagnóstico), existe el riesgo de progresión a cáncer y es mejor tratarla. Hay dos tipos de tratamiento:

  • Destrucción por láser: adaptado a las lesiones fácilmente accesibles, este método puede realizarse con o sin anestesia. Esta técnica se recomienda cuando la lesión es de tipo CIN I.
  • Conización: se anestesia al paciente y se reseca una parte del cuello en forma de cono. Esta técnica se recomienda cuando la lesión es de tipo CIN II o III.

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