cuento de Rumpelstiltskin - Cuentos Cl√°sicos infantiles

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Rumpelstiltskin

Vivía una vez un molinero con su hija. Cuando el molinero trabajaba todo el día convirtiendo el grano en harina, nada le gustaba más que pensar en cuentos para sorprender a la gente.

Un día, el rey llegó a la ciudad. Oyó al molinero hablar de su hija. El molinero decía que su hija era la chica más sorprendente de su pueblo, si no de todo el país.

"¬°T√ļ!", dijo el Rey. "¬ŅQu√© tiene de asombroso tu hija?"

El padre se inclinó. Dijo: "Su Majestad, mi hija es tan inteligente que puede convertir la paja en oro".

" ¬ŅConvertir la paja en oro?", dijo el Rey. "¬°Eso es asombroso! Debe venir a mi palacio. La pondr√© a prueba".

"Pero quiero decir..." dijo el molinero. Deseó no haberle dicho tal cosa al Rey. Pero ahora era demasiado tarde.

As√≠ que la hija del molinero tuvo que ir al palacio del Rey de inmediato. El Rey la llev√≥ a una habitaci√≥n apilada con paja desde el suelo hasta el techo. Se√Īal√≥ la rueca en el centro de la habitaci√≥n. Le dijo: "¬°Ahora ponte a trabajar! Si por la ma√Īana no has convertido esta paja en oro, morir√°s".

El rey cerr√≥ la puerta de un portazo y ech√≥ el cerrojo tras de s√≠. La ni√Īa se qued√≥ sola.

No sab√≠a qu√© hacer. No ten√≠a ni idea de c√≥mo convertir la paja en oro. "¬ŅQu√© voy a hacer?", grit√≥ al aire. "¬°Nadie puede hacer algo as√≠!"

En ese momento, un extra√Īo hombrecillo se puso delante de ella. "¬ŅTe he o√≠do decir "nadie"?", dijo.

"¬ŅQu√©?", dijo la chica, sorprendida. "¬ŅDe d√≥nde has salido?"

"¬°Eso no importa!", dijo el diablillo. "Lo que importa es que puedo salvar tu vida. Por un precio, claro".

"¬ŅPuedes convertir la paja en oro?", dijo la ni√Īa. "¬ŅQu√© clase de precio tienes en mente?" Ella no sab√≠a si deb√≠a confiar en este desconocido.

"Lo que das debe ser importante para ti", dijo el diablillo. "¬ŅQu√© te parece el collar?"

La chica pens√≥: "En efecto, mi collar es muy querido para m√≠. Pero no tanto como mi libertad". As√≠ que le dijo al diablillo: "Muy bien. Si por la ma√Īana puedes convertir esta habitaci√≥n llena de paja en oro, este collar ser√° tuyo".

El hombrecillo se puso a trabajar. Estuvo muy ocupado toda la noche. Whirr, whirr, whirr, hasta la ma√Īana. Para entonces, no quedaba ni un solo trozo de paja en la habitaci√≥n: ¬°todo se hab√≠a convertido en montones de hilo de oro puro!

"¬°Lo has hecho t√ļ!", dijo la ni√Īa.

"¡Claro que sí!", replicó el diablillo. "¡Ahora entrega ese collar!"

"Un trato es un trato", dijo la chica. Se quitó el collar y se lo dio. Y se fue.

Cuando el Rey entró en la habitación, se alegró mucho. "¡Mira eso!", dijo, pasando el hilo de oro por sus dedos. "¡Oro puro!"

"S√≠", dijo la muchacha. "Ahora, si es tan amable, se√Īor. Me gustar√≠a ir a casa ahora".

"¬°No tan r√°pido!" dijo el Rey. "Har√© que mis sirvientes traigan paja nueva para llenar una habitaci√≥n m√°s grande que √©sta. Te quedar√°s all√≠ esta noche. Ten cuidado: por la ma√Īana toda la paja debe estar hilada en oro. Si te importa tu vida!"

"¬°Pero yo ya...!", dijo la chica.

"¡No hay peros que valgan!", dijo el Rey. Y se fue, cerrando la puerta tras de sí. Se cerró con un clic.

"¬°Oh!", dijo la chica. "Anoche tuve suerte. No volver√° a ocurrir".

"¬ŅQui√©n lo dice?", dijo una voz. La chica se volvi√≥. All√≠, ante ella, estaba de nuevo aquel extra√Īo hombrecillo.

"Haré este trabajo por ti", dijo el diablillo, "pero debes darme ese anillo que tienes en el dedo".

"¬°Siempre me ha gustado ese anillo!", pens√≥ la ni√Īa. "Pero despu√©s de todo, es s√≥lo un anillo". "Est√° bien", le dijo al diablillo. Trato hecho".

Así que el diablillo hizo girar la paja toda la noche.

Por la ma√Īana, no hab√≠a m√°s que montones de hilo de oro hilado en el suelo. La ni√Īa le dio el anillo al diablillo, como hab√≠a dicho que har√≠a.

A la ma√Īana siguiente, la muchacha estaba segura de que el Rey se alegrar√≠a tanto que la dejar√≠a volver a casa. Pero, por desgracia, si dos habitaciones de oro le parecen bien a un rey, tres habitaciones de oro le parecen a√ļn mejor. El Rey llev√≥ a la muchacha a la habitaci√≥n m√°s grande. Ya la hab√≠a llenado de paja. Le dijo que deb√≠a convertir esa paja en oro por la ma√Īana. O de lo contrario...

Esta vez, sin embargo, el Rey dijo que su hijo iba a volver de un largo viaje esa misma noche. Por la ma√Īana enviar√≠a a su hijo a la habitaci√≥n para ver si el trabajo estaba hecho. Si lo estaba, ella se casar√≠a con el pr√≠ncipe. El rey pens√≥: "Aunque sea la hija de un molinero, no podr√≠a encontrar una esposa mejor para mi hijo". Pero le dijo a la muchacha en voz alta, que si no pod√≠a hacer la tarea, no se casar√≠a con nadie, pues morir√≠a.

Cuando el rey se march√≥, la muchacha se sumi√≥ en una profunda tristeza. ¬ŅCu√°nto tiempo durar√≠a esto? ¬ŅSaldr√° alguna vez de esta situaci√≥n?

Cuando levantó la cabeza, allí estaba de nuevo el hombrecito. "Apuesto a que sabías que iba a volver", dijo.

"No podría saberlo con seguridad", dijo la chica. "Pero esta vez ya no tengo nada que darte. No puedo pagarte más".

"Encontraremos un buen precio", dijo el diablillo. Y se puso a trabajar, convirtiendo la paja en oro.

"¬°Para!", dijo la ni√Īa. "¬°Por favor! No me queda nada para pagarte".

Pero el diablillo no se detuvo. Trabaj√≥ toda la noche. Aunque la chica le hac√≠a se√Īas y le rogaba que parara, hora tras hora, era in√ļtil.

Por la ma√Īana, el trabajo estaba hecho. "¬°Ya est√°!", dijo el diablillo. "Todo hecho. Ahora te dir√© mi precio".

"¬°Eso no es justo!", dijo la ni√Īa.

"Muchas cosas no son justas", dijo el diablillo encogiéndose de hombros.

"Muy bien", suspir√≥ ella. "¬ŅCu√°l es tu precio?"

"Oh, ahora mismo nada", dijo él. "Pero después.... Si te conviertes en reina, me llevaré a tu primogénito".

"¬°¬ŅQu√©?!", dijo la chica asustada. "No puedo imaginarme que alguna vez vaya a ser Reina. Pero incluso si lo fuera, ¬°nunca aceptar√≠a algo as√≠!"

"Oh, pero ya lo has hecho. La paja se convierte en oro. Y así se hace el trato", dijo el diablillo. Y se fue.

Un momento despu√©s, un joven entr√≥ en la habitaci√≥n. "Se√Īorita, ¬Ņest√° usted bien?", dijo el Pr√≠ncipe. "S√© lo duro que puede ser mi padre".

"Es cierto", dijo ella, y sonrieron. Este joven parecía muy diferente a su padre.

"Cuando sea Rey", dijo, "no gobernaré como él". El Príncipe miró a su alrededor. Vio los grandes montones de oro que brillaban en el suelo.

"¬ŅC√≥mo puedes hacer algo as√≠?", dijo asombrado. La muchacha no dijo nada. "Me dijeron que si la paja se convert√≠a en oro para esta ma√Īana, te casar√≠as conmigo. Pero que sepas esto. Si realmente quieres salir de aqu√≠, te ayudar√©. No te preocupes. Encontrar√© la manera de dec√≠rselo a mi padre".

¡Este joven era muy diferente! La chica quería conocerlo mejor. Los dos se quedaron en la habitación y hablaron de todo tipo de cosas. Al poco tiempo, se habían enamorado. Entonces él le pidió que se casara con él. Y la chica dijo que sí.

Así que los dos se casaron. No pasó mucho tiempo después de la boda cuando el viejo y terrible rey murió. El príncipe se convirtió en rey y la hija del molinero en reina. Con el tiempo, la nueva Reina tuvo su propio bebé, un hijo. La alegría llenó el palacio.

Hasta que un día, la Reina estaba sola en su habitación.

De repente, el diablillo se present√≥ ante ella. "¬°Dame lo que prometiste!", dijo el diablillo, se√Īalando al beb√©. "¬°Ahora!"

"¡Nunca lo prometí!", dijo la Reina. Abrazó a su bebé con fuerza. Dijo: "Te daré oro en su lugar. Más oro del que jamás hayas visto".

"¬ŅPor qu√© necesito oro?", dijo el hombrecito. "¬°Puedo hacer todo el oro que quiera!"

"Entonces, te daré un castillo", dijo la reina.

"Voy y vengo donde quiero", dijo el diablillo. "¬ŅPara qu√© quiero un castillo?"

"Entonces, te daré sirvientes para que te cuiden", dijo la reina.

"¡Nadie me cuida!", dijo el diablillo. "¡Nadie sabe siquiera quién soy!"

"Yo averiguaré quién eres", dijo la reina.

"¬ŅDe verdad?", dijo el diablillo. Porque sab√≠a que nadie en la tierra conoc√≠a su verdadero nombre.

"Muy bien", dijo. "Te daré tres días. Después de tres días, si no puedes decirme mi verdadero nombre, el bebé es mío. Pero si adivinas mi nombre, puedes quedarte con el bebé por lo que a mí respecta. ¡Y nadie debe saber esto! Si dices una sola palabra de esto a alguien, el bebé desaparecerá para siempre".

Tres días es mucho tiempo para pensar en un montón de nombres, pensó la Reina. Así que aceptó.

Al d√≠a siguiente, la Reina escribi√≥ una larga lista con todos los nombres que se le ocurrieron. Esa noche, en la habitaci√≥n del beb√©, el diablillo se present√≥ ante ella. "¬ŅY bien?", dijo en voz alta.

La reina ley√≥ toda la lista de nombres, uno por uno. "¬ŅPodr√≠a llamarse Nathan?", dijo. "¬ŅLucas?" "¬ŅJacob? "¬ŅHugo?" "¬ŅF√©lix?" "¬ŅOliver?" Como puedes imaginar, muchos otros nombres tambi√©n.

"¬°Ni de lejos!", se ri√≥ el diablillo. "Nos vemos ma√Īana por la noche". Y se fue.

Al día siguiente, la Reina revisó todos los libros de la biblioteca real. Encontró nombres de lugares lejanos. Nombres de los que nunca había oído hablar.

Esa noche, cuando el diablillo apareció, la Reina leyó su lista.

"Tal vez su nombre sea Maximilian", dijo. "¬ŅNo? ¬ŅQu√© tal Gunnar?" "¬ŅAlfonso?" "¬ŅPuntodexter?" Y muchos m√°s.

"Esto es aburrido", dijo el diablillo. "Pero no me aburrir√© ma√Īana por la noche. La tercera noche es cuando ese beb√© es m√≠o". Volvi√≥ a re√≠rse y se fue.

Al tercer día, la reina no sabía qué hacer. Deseaba poder contarle a su marido sus penas, pero no se atrevía. Caminó hacia un lado de la habitación, luego hacia atrás. De un lado a otro, una y otra vez. "¡Esto no sirve de nada!", dijo. Se puso la capa real y la capucha y salió del castillo.

"Si tengo paz y tranquilidad, tal vez se me ocurra algo", pensó. La Reina se adentró en el bosque. Siguió un arroyo hasta llegar a un gran lago, y pasó por delante del lago hasta llegar al profundo bosque que se escondía en la oscuridad.

De repente, la reina vio la luz de un fuego a lo lejos. Y hab√≠a una voz que era dif√≠cil de distinguir. Tambi√©n hab√≠a algo en esa voz, pero ¬Ņqu√©? Se acerc√≥ m√°s. Por fin, all√≠, frente al fuego, bailaba un hombrecillo. Era √©l, el mismo diablillo. En silencio, la reina escuch√≥.

Mientras el hombrecito bailaba, cantaba:

Esta noche, esta noche, mis planes hago

Ma√Īana, ma√Īana, el beb√© me llevar√©

La reina nunca ganar√° el juego

Porque Rumpelstiltskin es mi nombre

"¬°Rumpelstiltskin!" dijo la reina.

Esa noche, cuando apareci√≥ Rumpelstiltskin, la reina repas√≥ m√°s nombres. "¬ŅTe llamas Yusaf? ¬ŅBobek? ¬ŅY Salaman?"

"¬°No, mil veces no!", dijo el diablillo. "Me est√°s haciendo perder el tiempo. Te dar√© una √ļltima respuesta. Entonces, ¬°es el fin!"

"Bueno, estoy seguro de que esto no es correcto. Pero, ¬Ņpodr√≠a llamarse Rumpelstiltskin?"

"¬ŅRumpelstiltskin?", grit√≥ el diablillo. "¬ŅC√≥mo puedes saberlo?" Estaba tan enfadado que golpe√≥ sus pies. Los pis√≥ con tanta fuerza que se abri√≥ un agujero muy grande en el suelo y cay√≥ en √©l. Y nunca m√°s se volvi√≥ a ver a Rumpelstiltskin.

Preguntas de "Piensa y Comparte"

Pregunta 1: El padre de la ni√Īa dijo algo sobre ella que no era cierto (que pod√≠a convertir la paja en oro). Cuenta alguna vez que hayan dicho algo sobre ti que no sea cierto.

Pregunta 2: La ni√Īa se esforz√≥ por averiguar el verdadero nombre de Rumpelstiltskin. Cuenta una ocasi√≥n en la que hayas trabajado duro para conseguir algo que quer√≠as.

‚ô• Tambi√©n puedes leer Cenicienta y Blancanieves y los siete enanitos

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