cuento Blancanieves y los siete enanitos - Cuentos Cl√°sicos infantiles

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Blancanieves y los siete enanitos

Había una vez una princesa llamada Blancanieves que vivía en un castillo con su padre, el Rey, y su madrastra, la Reina. Su padre siempre le había dicho a su hija que debía ser justa con todos en la corte. Decía: "La gente viene al castillo cuando tiene un problema. Necesitan que el gobernante tome una decisión justa. Nada es más importante que ser justo".

La Reina, madrastra de Blancanieves, sab√≠a lo mucho que esto significaba para su marido. A la primera oportunidad, se dirigi√≥ a su espejo m√°gico. "Espejo, espejito", dijo la Reina. "¬ŅQui√©n es la m√°s bella de todas?"

"¬°Blancanieves es la m√°s bella de todas!" dijo el Espejo M√°gico.

"¬°¬ŅQu√©?!" grit√≥ la Reina. "¬°Nadie es m√°s justo que yo! La Reina debe tener lo mejor de todo, todo el mundo lo sabe. ¬ŅQu√© puede ser m√°s justo que eso?"

"¡Blancanieves es la más justa de todas!", repitió el Espejo Mágico.

"¬ŅQu√© sabes t√ļ? ¬°Eres un espejo!", rugi√≥ la Reina. Y se march√≥ furiosa.

Sin embargo, la Reina estaba molesta. Tan molesta estaba que la Reina decidi√≥ deshacerse de la ni√Īa, de una vez por todas.

"No puedo esperar ni un d√≠a m√°s", declar√≥. La Reina llam√≥ a su sirviente, un cazador. "Encuentra una raz√≥n para llevar a Blancanieves a lo profundo del bosque", dijo, se√Īalando con su largo dedo al sirviente. "Entonces acaba con ella".

El cazador se sorprendi√≥. Pero ella era la Reina y ¬ŅQu√© pod√≠a hacer √©l? Al d√≠a siguiente llev√≥ a Blancanieves al bosque. Cuando iba hacer lo que le pidi√≥ la reina, Blancanieves se dio la vuelta.

"Mira", dijo ella, sacando algo de su bolsillo. "Siempre has sido bueno conmigo". Ten√≠a delante de √©l seis puntas de flecha perfectas a las que hab√≠a dado forma cuidadosamente. "¬ŅTe gustan?", dijo. "Son para ti".

"Blancanieves", dijo el cazador. "¬°No puedo hacer esto!"

"Puedes cogerlas", dijo Blancanieves.

"No me refiero a eso", dijo el criado. Se puso de rodillas. "¬ŅC√≥mo puedo decirte esto? La Reina, tu madrastra, me orden√≥ que te eliminara", dijo. "¬°Pero no puedo!"

"¬ŅElla hizo qu√©?" grit√≥ Blancanieves alarmada.

"¬°Debes huir!", dijo el cazador. "Lejos, en el bosque. Ahora mismo. Y no vuelvas nunca al castillo".

Blancanieves se dio la vuelta y corri√≥ hacia el bosque tan r√°pido como pudo. Se adentr√≥ cada vez m√°s en el bosque. Estaba oscureciendo y los lobos empezaban a aullar. Tropez√≥ y su falda se rasg√≥. Las altas ramas de los √°rboles parec√≠an llegar hasta el mismo suelo para agarrarla. Estaba ara√Īada, sangrando y asustada. Sin embargo, sigui√≥ corriendo.

Entonces, de repente, a lo lejos, hubo una luz. ¬ŅQui√©n viv√≠a en lo m√°s profundo del bosque? Se acerc√≥. Era una casa de campo. Sin embargo, de la casa no sal√≠a ning√ļn sonido, s√≥lo la luz de las ventanas.

"¬ŅHola?", dijo ella, llamando suavemente a la puerta. "¬ŅHola?" No hubo respuesta. La puerta estaba un poco abierta. La abri√≥ un poco m√°s y entr√≥. "Hola, ¬Ņhay alguien en casa?"

Miró a su alrededor. ¡Qué desorden! Nunca había visto un salón más desordenado.

"Esta casa puede ser el mayor desorden que he visto nunca", pensó. "Pero es un techo sobre mi cabeza por esta noche. Tal vez si limpio por aquí, pueda ganarme el descanso".

Mientras limpiaba, pensó en alguien a quien ya echaba de menos. Antes de que su padre se volviera a casar, ella y un príncipe que vivía en el reino vecino se estaban conociendo. Daban largos paseos por el jardín real y se contaban historias y se reían.

Después de que la Reina se mudara al castillo, su madrastra había establecido una nueva regla: no más visitas. Ahora el Príncipe tenía que colarse por la puerta del palacio en secreto. La llamaba desde su ventana y así podían hablar un poco. No era tan bueno como los largos paseos, pero era lo mejor que podían hacer.

Ahora que ten√≠a que huir de casa, ¬Ņvolver√≠a a verlo?

Despu√©s de que Blancanieves limpiara la sala de estar, subi√≥ las escaleras. En el segundo piso, hab√≠a siete camitas alineadas en una fila, como si fueran para ni√Īos. Cansada de limpiar, Blancanieves bostez√≥ y se tumb√≥ en las siete camas. Pronto se qued√≥ profundamente dormida.

Mientras tanto, los Siete Enanitos se dirigían a casa después de un largo día de trabajo en las minas de joyas. Cuando abrieron la puerta, puedes imaginar su sorpresa cuando vieron su casa de campo toda limpia.

"¬ŅQu√© clase de magia es esta?", dijo uno de los enanos, que se llamaba Doc.

"¡No me importaría tener más magia como ésta!", dijo otro de los Enanos con una sonrisa. Se llamaba Dopey.

"Ser√° mejor que revisemos arriba", dijo otro de los Enanos, cuyo nombre era Gru√Ī√≥n. "Algo huele mal por aqu√≠, eso es seguro".

Allí, tumbada en todas las camas, había una joven, profundamente dormida.

"¬ŅQui√©n es usted?", dijeron todos los enanos a la vez.

Blancanieves se despertó de golpe. Los Siete Enanitos se dieron cuenta de que estaba tan sorprendida como ellos. Pronto se relajaron y compartieron sus historias.

Blancanieves aprendi√≥ sus nombres: T√≠mido, Doc, Tont√≠n, Gru√Ī√≥n, Feliz, Dormil√≥n y Estornudo. Les habl√≥ de su madrastra. Que su madrastra hab√≠a intentado que el cazador la matara, que el cazador la hab√≠a liberado en el bosque y que nunca podr√≠a volver a casa.

"Quédate aquí, con nosotros", dijo Bashful.

"Eso es muy bonito", dijo Blancanieves. "Pero si me quedara aquí, en vuestra casa, tendría que hacer algo por todos vosotros".

"Ya has limpiado nuestra casa", dijo Estornudo.

"Mantener la casa limpia será fácil", dijo Blancanieves, "siempre que todos colaboremos. Le diré a cada uno qué parte puede hacer, y yo también haré mi parte, por supuesto".

"Eso es justo", dijo Feliz.

"Pero debe haber algo m√°s que pueda hacer por vosotros", dijo Blancanieves.

Los Siete Enanitos se encogieron de hombros.

"¬ŅSabes leer?", dijo Doc. "Tenemos estos libros llenos de cuentos maravillosos y nos encantar√≠a poder leerlos". Y as√≠ se acord√≥ que Blancanieves les dar√≠a clases de lectura.

Para celebrar su nueva amistad, Blancanieves y los Siete Enanitos cantaron y bailaron toda la noche.

A la ma√Īana siguiente, antes de irse a trabajar, los Siete Enanitos advirtieron a Blancanieves que no deb√≠a abrir la puerta a nadie. Despu√©s de todo, ¬Ņqui√©n sabe qu√© maldad podr√≠a hacer su madrastra? La princesa asinti√≥ y los enanitos salieron de la casa. La princesa prepar√≥ su primera lecci√≥n de lectura. Tambi√©n prepar√≥ una buena comida caliente para los Siete Enanitos cuando volvieron a casa esa noche. Y as√≠ pasaron los d√≠as.

De vuelta al castillo, la Reina se dirigi√≥ a su espejo. "Espejo, espejito", exigi√≥. "¬ŅQui√©n es la m√°s bella de todas?"

"¬°Blancanieves es la m√°s bella de todas!", dijo el Espejo M√°gico.

"¬°Eso es imposible!" grit√≥ la Reina. "¬°La ni√Īa ya no est√° viva!"

"¬°Blancanieves vive!", dijo el Espejo M√°gico. Y en el espejo se mostr√≥ una imagen de Blancanieves viviendo en la caba√Īa de los Siete Enanitos.

La Reina se puso roja de rabia. Gritó: "¡No se saldrá con la suya!".

A la tarde siguiente, cuando los Siete Enanitos estaban trabajando, llamaron a la puerta.

"¬ŅQui√©n es?", dijo Blancanieves. Record√≥ la advertencia de los Siete Enanitos de no abrir la puerta a nadie.

"Es sólo una pobre anciana", dijo una voz chillona, "vendiendo manzanas". Sin embargo, era la malvada Reina, disfrazada de anciana. "Está lloviendo aquí, querida", dijo su voz a través de la puerta. "Por favor, déjame entrar".

"Pobrecita", pensó Blancanieves, "tener que ir de puerta en puerta vendiendo manzanas bajo la lluvia". Y entonces abrió la puerta.

"Mira esta gran manzana roja", dijo la anciana, que, como ya sabes, era en realidad la Reina disfrazada. Acerc√≥ la manzana roja a la cara de Blancanieves. "Preciosa, querida, ¬Ņverdad?"

"Me gustaría mucho comprar tu manzana", dijo Blancanieves. "Pero no tengo dinero".

"Ese fino pasador que llevas en el pelo ser√° un buen negocio", dijo la anciana.

"¡Pues muy bien!", dijo Blancanieves. Se sacó el pasador del pelo y se lo dio a la anciana, que le dio la manzana. Blancanieves le dio un gran mordisco. Por desgracia, la fruta estaba envenenada. Al instante, Blancanieves cayó al suelo profundamente dormida.

"¬°S√ć!", grit√≥ la Reina, golpeando el aire con los pu√Īos.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe. Entraron los Siete Enanitos, que volvían a casa después de la jornada de trabajo. Se sorprendieron al encontrar a Blancanieves tirada en el suelo y a la que debía ser su madrastra a su lado, riendo.

Persiguieron a la malvada Reina por la puerta y se adentraron en la tormenta. La persiguieron hasta la cima de una monta√Īa. De repente, un rayo cay√≥ sobre la monta√Īa. La Reina cay√≥ y nunca m√°s se la volvi√≥ a ver.

Pero no hubo nada que ayudara a la pobre Blancanieves. Se qued√≥ absolutamente inm√≥vil en su profundo sue√Īo. Los Siete Enanitos la introdujeron con cuidado en un ata√ļd de cristal. D√≠a y noche la vigilaron.

Un d√≠a, el Pr√≠ncipe pas√≥ por all√≠. Desde que se enter√≥ de que Blancanieves hab√≠a desaparecido del castillo, la busc√≥ por todas partes. Ahora por fin la hab√≠a encontrado, pero en semejante estado. El Pr√≠ncipe abri√≥ el ata√ļd de cristal. Su rostro parec√≠a tan fresco, incluso en ese profundo sue√Īo.

Tomó suavemente una de las manos de Blancanieves entre las suyas y la besó. Al instante, los ojos de Blancanieves se abrieron. Con el Primer Beso de Amor, el hechizo de la malvada Reina desapareció para siempre. Ahora nada se interponía en el camino para que Blancanieves y el Príncipe estuvieran juntos para siempre. Volvieron al reino y vivieron felices para siempre.

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