La historia de Pocahontas y John Smith - Cuentos Cl√°sicos infantiles

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La historia de Pocahontas y John Smith

En la primavera de 1607, tres barcos desembarcaron en la costa de lo que hoy es América. Un centenar de hombres pisaron la arena para empezar una nueva vida.

Los hombres construyeron 20 caba√Īas y un fuerte para rodearlos a todos. Llamaron a su nueva ciudad Jamestown. Pero no eran los √ļnicos que viv√≠an en esa tierra.

Arriba y abajo de la costa y a lo largo de kilómetros en los bosques vivían tribus de nativos americanos. Hoy, la zona se llama Virginia. En aquel entonces, se llamaba la Confederación Powhatan. Más de 30 tribus de la Confederación Powhatan estaban gobernadas por un jefe. Su nombre era Powhatan.

Los exploradores del jefe Powhatan le dijeron que nuevos hombres hab√≠an desembarcado en la costa. Le dijeron que los hombres hab√≠an construido un fuerte. Tambi√©n le dijeron que los nuevos hombres hablaban con palabras que nadie hab√≠a o√≠do antes. Llevaban ropas que nadie hab√≠a visto antes. Powhatan sab√≠a todo eso. Lo que no sab√≠a -y lo que m√°s quer√≠a saber- era de d√≥nde ven√≠an? ¬ŅPor qu√© estaban aqu√≠? ¬ŅY c√≥mo ser√≠a ser su jefe?

Pero ellos no eran los √ļnicos que viv√≠an en esa tierra.

Sus exploradores tambi√©n le contaron otras noticias muy extra√Īas. No se hab√≠a plantado ning√ļn cultivo alrededor del fuerte.

No había canoas cerca del fuerte, y los hombres ni siquiera se paraban junto al río para pescar. Los hombres tampoco iban al bosque a cazar. Dijo Powhatan: "Estos hombres no saben plantar, montar en canoa, pescar o cazar. Será más fácil de lo que pensaba ser su jefe.

Les llevaremos comida: maíz, frijoles y calabaza. Sin nosotros, morirán de hambre. Y yo, Powhatan, que gobierna 30 tribus, ¡también los gobernaré a ellos!" "¡Padre, déjame ir contigo!", dijo Pocahontas, la hija de Powhatan. Nadie la había visto entrar en la casa larga. "Yo también quiero ver el fuerte". "¡Claro que no!" dijo su padre. "Tienes trabajo que hacer aquí. Cuando termines, puedes jugar con tus hermanas".

"¬°Juego con ellos todos los d√≠as!", dijo Pocahontas. "¬°Padre, por favor! Me portar√© bien!" Powhatan sonri√≥. "Ah, mi princesa", dijo. "¬ŅC√≥mo puedo decirle que no a esa cara?" ¬°Por fin, una aventura para Pocahontas! Ella estaba segura de que si ten√≠a que coser cuentas en un mocas√≠n m√°s, o llenar una cesta m√°s con bayas, ¬°reventar√≠a! As√≠ que el jefe Powhatan, con los exploradores que llevaban cestas de ma√≠z, jud√≠as y calabaza, y con Pocahontas a su lado, se dirigieron todos al fuerte.

Cuando llegaron all√≠, dejaron las cestas. Y dieron un paso atr√°s. En un minuto, los hombres irrumpieron en el fuerte con grandes sonrisas en sus rostros. ¬°Puedes estar seguro de que hubo mucha alegr√≠a! Pocahontas vio algo m√°s que la hizo sonre√≠r tambi√©n. Cuatro muchachos un poco mayores que ella salieron con los otros hombres. Ella salud√≥ a los chicos. Ellos le devolvieron el saludo. Cuando los mayores intentaban hablar entre ellos con los brazos y las manos, ella les dijo: "¬ŅQuieres jugar?".

Los hombres salieron del fuerte con grandes sonrisas en sus rostros.

No entend√≠an sus palabras. Pero pronto le ense√Īaron a jugar al pilla-pilla y al stickball. Y ella les ense√Ī√≥ a dar volteretas. Despu√©s de un rato, Powhatan llam√≥: "¬°Pocahontas! Es hora de irse". Cada cuatro o cinco d√≠as despu√©s de eso, Pocahontas volvi√≥ con los otros al fuerte. Cada vez, los exploradores de Powhatan llevaban ma√≠z, calabaza y frijoles. A veces, como un regalo especial, tambi√©n az√ļcar de arce. Pocahontas aprendi√≥ los nombres de sus nuevos amigos: James, Nathaniel, Richard y Samuel. Y ellos aprendieron el suyo. Tambi√©n aprendi√≥ el nombre de su l√≠der, John Smith.

Cuando los días se acortaron, la lluvia dejó de llegar. El maíz de los campos se secó. La calabaza y las judías de la vid se secaron. Las bayas de los arbustos se secaron. "Ya no podemos llevar comida al fuerte", dijo Powhatan. "Tenemos que guardar todo lo que tenemos para que nuestra gente pase el invierno. Debemos ir al fuerte y decírselo".

Cuando los hombres del fuerte escucharon la noticia, se enfadaron. Marcharon a sus caba√Īas. Salieron con armas y dispararon al cielo. Powhatan tambi√©n se enfad√≥. Dijo: "¬°Les advierto, hombres blancos! ¬°No se acerquen a nuestra aldea! Si lo hacen, lo lamentar√°n". Los hombres de Jamestown no pod√≠an entender lo que Powhatan estaba diciendo. Pero en su rostro pudieron ver que ya no eran amigos.

Poco después, John Smith iba por el bosque en busca de comida. Estaba cerca de la aldea de Powhatan. Demasiado cerca. El hermano de Powhatan y algunos miembros de la tribu lo vieron pasar. En un instante, se abalanzaron sobre él. Sujetaron a John Smith y lo llevaron de vuelta a la aldea de Powhatan. "Ahora se hará, de una vez por todas", dijo Powhatan. "Seré el jefe de toda la gente del fuerte".

Ese invierno, John Smith no pudo salir de la aldea. Sin embargo, Powhatan lo hizo sentir como en casa. Pocahontas, que lo conoc√≠a de antes, pasaba tiempo con √©l. D√≠a tras d√≠a, se ense√Īaban mutuamente las palabras que hablaba el pueblo del otro.

Cuando la nieve se derriti√≥, la gente del pueblo de Powhatan comenz√≥ a prepararse para un festival. Powhatan llam√≥ a John Smith a su casa comunal. "El festival llegar√° pronto", dijo. "¬ŅQu√© festival?", dijo John Smith. Ahora pod√≠a entender mejor lo que Powhatan estaba diciendo. "El festival que marca el momento en que tu gente se une a la m√≠a. Cuando me convierta en su jefe". "¬°Eso nunca suceder√°!" grit√≥ John Smith. Powhatan no conoc√≠a las palabras que el joven estaba diciendo. Pero el Jefe pudo notar que John Smith estaba enojado. "¬°Tu gente no tiene opci√≥n!" dijo Powhatan. "¬°Si no te unes a mi tribu, debes morir!"

Nadie vio a Pocahontas entrar en la casa comunal. Powhatan dijo: "¡Pongan su cabeza en la roca!" Dos fuertes valientes agarraron a John Smith y empujaron su cabeza hacia abajo sobre una roca. Powhatan levantó una gran roca sobre él, listo para golpear. "¡No!", gritó la chica. De repente, Pocahontas se precipitó y se inclinó sobre John Smith, colocando su propia cabeza sobre la de él.

Powhatan sostuvo la roca en el aire. "¡Pocahontas!", gritó. "¡Aléjate!" "¡No me moveré!", dijo ella, girando la cabeza hacia un lado. "Déjalo en paz. Deja que todos se vayan!" Powhatan levantó la roca. Luego, bajó los brazos. "Hija mía", dijo con voz suave. "Tienes razón. Nada bueno puede venir de lastimar a esta gente".

Después de eso, Powhatan liberó a John Smith. Las tribus de Powhatan volvieron a llevar comida a los hombres del fuerte, esta vez carne ahumada y pescado. A cambio, los hombres del fuerte les dieron cuentas de vidrio y cobre. Intercambiaron lo que pudieron, y cada uno fue mejor por ello.

‚ô• Tambi√©n puedes leer Cenicienta y Blancanieves y los siete enanitos

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