La historia de Mul√°n - Cuentos Cl√°sicos infantiles

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La historia de Mul√°n

Hace muchos a√Īos, China estaba en medio de una gran guerra. El Emperador dijo que un hombre de cada familia china deb√≠a abandonar su familia para unirse al ej√©rcito. Mul√°n, una adolescente que viv√≠a en un pueblo lejano de China, se enter√≥ de la noticia cuando estaba fuera lavando la ropa.

Mul√°n entr√≥ corriendo en la casa. Su padre estaba sentado en una silla, tallando un trozo de madera. "¬°Padre!", dijo ella. "¬ŅHas o√≠do lo que el Emperador dice que debe hacer cada familia?"

"Sí", dijo su anciano padre, "me enteré en la ciudad. Bueno, será mejor que vaya a hacer las maletas". Dejó su talla, se levantó y caminó muy lentamente hacia su habitación.

"¬°Espera!" dijo Mul√°n, "Padre, no has estado bien. Si me permites decirlo, ¬Ņpor qu√© a tu edad tienes que seguir el ritmo de todos esos j√≥venes?"

"¬ŅQu√© m√°s se puede hacer?", dijo su padre. "Tu hermano es un ni√Īo. No puede ir".

"Por supuesto es verdad", dijo Mul√°n. "Es demasiado peque√Īo. Pero tengo una idea". Le sirvi√≥ a su padre una taza de t√© y se la entreg√≥. "Padre, toma un poco de t√©. Por favor, si√©ntate un momento. Enseguida vuelvo".

"Muy bien, querida", dijo el padre.

Mul√°n entr√≥ en su habitaci√≥n. Con su espada, se cort√≥ su largo y negro cabello. Se puso la t√ļnica de su padre. Volviendo a su padre, Mul√°n dijo: "M√≠rame. Ahora soy tu hijo. Ir√© en tu lugar. Har√© mi parte por China".

"¡No, hija mía!", dijo el anciano. "¡No puedes hacer esto!"

"Padre, escucha por favor", dijo Mul√°n. "Durante a√Īos, me entrenaste en Kung Fu. Me ense√Īaste a usar la espada". Mul√°n blandi√≥ la espada de un lado a otro con fuerza.

"¡Sólo para que pudieras estar a salvo!", dijo su padre. "Nunca quise que fueras a la guerra. Si descubren que eres una mujer, sabes tan bien como yo que morirás".

"Nadie lo descubrirá, padre", dijo Mulán. Cogió su espada.

"¡Mulán!", dijo el padre. Intentó levantarse pero tuvo que sujetarse a su silla.

La hija le dio un beso de despedida. "Te quiero, padre", dijo. "Cuídate. Dile a mi hermano que me despido". Subió al caballo de la familia. Y partió para unirse al ejército del Emperador.

En el ej√©rcito, Mul√°n demostr√≥ ser una valiente soldado. Con el tiempo, la pusieron a cargo de otros soldados. Sus batallas fueron tan bien que la pusieron a cargo de m√°s soldados. Sus batallas siguieron siendo buenas. Al cabo de unos a√Īos, Mul√°n recibi√≥ el cargo m√°s importante: ser√≠a la general de todo el ej√©rcito.

Poco después, una fiebre muy fuerte se extendió por el ejército. Muchos soldados enfermaron. Y Mulán también enfermó.

Cuando el médico salió de la tienda de Mulán, supo la verdad.

"¬ŅEl General es una mujer?", gritaron los soldados. "¬ŅC√≥mo puede ser?" Algunos gritaron: "¬°Nos ha enga√Īado!" y "¬°No lucharemos por una mujer!" Dijeron: "¬°Castigadla! ¬°Hacedla pagar! El precio es que muera".

Pero otros gritaron, con voces igual de fuertes, "¡Con Mulán, ganamos todas las batallas!" Dijeron: "¡Aléjate de nuestro General!"

En ese momento, un soldado se acercó corriendo. "¡Todos!" llamó. "¡Se aproxima un ataque sorpresa!"

Mulan escuchó esto desde el interior de su tienda. Se vistió y salió. Todavía no era fuerte, pero se mantuvo firme. Les dijo a los soldados dónde debían esconderse para poder atacar cuando llegara el enemigo. Pero debían llegar allí rápidamente. Los soldados, incluso aquellos a los que no les gustaba que su general fuera una mujer, se dieron cuenta de que Mulán sabía de lo que hablaba.

Funcion√≥. La batalla fue ganada. Fue una victoria tan grande que el enemigo se rindi√≥, por fin. ¬°La guerra termin√≥ y China se salv√≥! Puedes estar seguro de que despu√©s de esa √ļltima batalla, a nadie le import√≥ ya que Mul√°n fuera una mujer.

El emperador estaba tan contento de que Mul√°n hubiera acabado con la larga guerra, que dej√≥ de lado la regla de ser mujer. "Mul√°n, qu√©date conmigo en el palacio", dijo. "Alguien tan inteligente como t√ļ ser√≠a una buena consejera real".

Mul√°n se inclin√≥ profundamente. "Es usted muy amable, Se√Īor", dijo ella. "Pero si os place. Lo que m√°s deseo es volver a casa con mi familia".

"Entonces, al menos, llévate estos bonitos regalos", dijo el Emperador. "Así todos en tu aldea natal sabrán lo mucho que el Emperador de China piensa en ti".

Mulán regresó a su pueblo con seis buenos caballos y seis buenas espadas. Todos se alegraron de que estuviera a salvo. La persona que había salvado a China era su propia Mulan.

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