Otros Cuentos

Cuentos infantiles variados.

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Recursos educativos - Cuentos infantiles animales

Juanito el explorador en la selva

Juanito cree que es un gran explorador y a la selva se marcha con blanco "salacof". En su jeep, bien guardada junto con otras cosas, lleva también su red de cazar mariposas.

Tras de la más hermosas mariposa el gran explorador se lanza con su red con arrojo y valor. La persigue sin tregua con su red de juguete y poco a poco el niño en la selva se mete.

En su loca carrera él no se ha dado cuenta de que un pequeño tigre oculto lo contempla. Mientras Juanito corre entre árboles altos, el tigre se prepara para dar su gran salto.

La Cabrita y el Zorro - Cuentos para Niños

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La cabrita y el zorro

Una granjera tenía una cabrita muy retozona y traviesa. Cuando un día a la semana la niña tenía que dejarla sola para ir hasta el mercado, no se cansaba de advertirla:

-No andes curioseando por ahí pues hay muchos peligros que desconoces. Es mejor que estés quietecita en el corral hasta que yo regrese.

Pero apenas su ama salió, la curiosa cabrita empezó a corretear por el patio olfateando todo cuanto había en él. Llegó hasta el brocal del pozo y se asomó.

Eloy y su Perrito Pimpolín - Cuentos para Niños

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Eloy y su Perrito Pimpolín

¿Habéis oído alguna vez decir que los perros son los animales que más se parecen a las personas?

¡Pues claro que lo son!

O si no ya veréis lo que os explicará un perrito inteligente llamado "Pimpolín"

¡Hola, amiguitos! Ya sabéis como me llamo y éste niño tan grandote que juega conmigo se llama Eloy. Es mi amo y me quiere mucho porque es muy cariñoso.

Los Equilibristas - Cuentos para Niños

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Los Equilibristas

Antes de empezar la función de la tarde, como era el cumpleaños de la pequeña equilibrista, los payasos en nombre de todos los componentes del circo, le regalaron un estupendo pastel.

-Dejaré aquí el pastel- se dijo la pequeña equilibrista-. Nos lo comeremos cuando termine la función. Habrá para todos, pues es un pastel muy grande.

-Guau! ¡Guau! -Ladró el perrito-. ¡Yo también quiero pastel!

Pero un lobo muy goloso, aprovechándose de que la ventana del carromato estaba abierta, se llevó el pastel de cumpleaños.

La Tortuga y el Mar - Cuentos para Niños

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La Tortuga y el Mar

En una lejana isla, vivió hace muchos años un pescador con su hijo Laszlo.

Su única riqueza consistía en una pequeña barca y una red para pescar.

El producto de la pesca lo vendían, y así podían atender a sus necesidades. Pero había días en que echaban la red al mar y la sacaban vacía.

Sucedió un día que Laszlo, al dirigirse a su casa, vio a un grupo de chiquillos que golpeaban brutalmente a una pobre tortuga. Laszlo, que era un niño muy bondadoso, se dirigió a los que tenían apresado al animalito y enojado les dijo:

-Sois malos, y Dios os castigará si hacéis eso.

La tortuguita miró a Laszlo con sus ojillos saltones, y éste la cogió entre sus brazos, alejándola de aquellos lugares.

Una pastora Ye-yé

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Una pastora Ye-yé

En un lugar muy lejano, rodeado de verdes llanuras, una comunidad de ovejas tenían establecido su reino.

Allí se encontraban los mejores pastores del mundo, los cuales eran elegidos por la Oveja Reina según sus virtudes.

Estos pastores cruzaban los caminos de una a otra parte del país, cosechando granos y demás alimentos para que las ovejas, pudiesen comer durante el invierno cuando los campos estuviesen cubiertos por la nieve.

Así, todos los niños que como buenos pastores habían estado en aquel lugar eran felices para siempre.

Por esto, un cierto día Rosarín, sabedora de las maravillas de aquel reino, dijo su hermanito: ¡Cuánto me gustaría ser pastora en aquel lejano país!

Bah, Rosarín, -Le dijo éste-. ¿No comprendes que las ovejas no querrían a una niña que lo único que sabe es bailar?

El Castillo que Cambió de Colores - Cuentos para Niños

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El castillo que cambió de colores

Carlucho XVIII, “Príncipe de Las Tierras al Sur de la Laguna Roja” – a quien podemos llamar Carlucho Dieciocho o Carlucho Décimo Octavo y, sus íntimos, en lo más íntimo, y no en presencia de sus Padres Reyes, podían llamar Carlitos o Charlie - se había alejado hasta las orillas del río que bordeaba su palacio, acompañado de uno de los sacerdotes del monasterio cercano.

Acababan de salir de uno de los refugios del camino, donde estuvieron cobijados por el paso de una lluvia reciente. Como por esa mañana, era notorio, no seguiría lloviendo, decidieron continuar su paseo.

No teniendo otra cosa más que hacer, Carlucho XVIII miró hacia las aguas del río.

Una bicicleta azul con alas

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Una bicicleta azul con alas

Niña Soliluna - que aún no tenía ese nombre, porque todavía no había nacido - apenas si podía dormir. Se sentía muy sola y triste porque en el vientre de su madre no encontraba una bicicleta azul con alas.

Desde que la había visto en sueños, no pensaba en otra cosa.

Para colmo, se había montado en ella y había dado unas vueltecitas por la Plaza Principal de ciudad en la que iba a nacer, bordeando sus aceras, y aromando a todos con las flores de su alegría.

Usando el cordón umbilical como un periscopio - al igual que lo había hecho otras veces - miraba hacia ese mundo de afuera ansiando encontrarla.

- ¡Ah, si la encontrase, aunque sólo fuera en sueños! - se dijo para sí, mientras le daba unas cuantas pataditas al vientre materno.

 El mejor Arquero del Rey

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El mejor Arquero del Rey

Este era un Rey que tenía el mejor palacio de todos los palacios del reino, y de todos los reinos vecinos. Porque tenía los mejores arquitectos de éste y los otros reinos. Se lo habían construido con las mejores piedras para tener los mejores muros, las mejores torres, los mejores torreones, las mejores almenas, con los mejores fosos, los mejores puentes levadizos y las mejores puertas. Con las mejores habitaciones, las mejores ventanas, los mejores salones, las mejores salas, los mejores corredores, los mejores pasadizos, los mejores pisos y los mejores techos.

Las mejores capillas y – por qué no -, las mejores mazmorras y prisiones. Como, también, los mejores patios y las mejores plazas arboladas, con las mejores fuentes, de éste y otros reinos.

 La Princesa que no reía

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La Princesa que no reía

No todo cuento tiene que comenzar con “Había una vez” pero, este sí.

Había una vez un cielo, con nubes, sol y pájaros volando.

Debajo de esto un reino, con su bosque, su campo, su río y su pequeña montaña. En la montaña, un palacio, con su torre. Y, en la torre – asomada - una princesa que no reía y, casi siempre, estaba como mirando hacia el camino.

La princesa era bondadosa y muy querida por su pueblo y el reino era feliz, bueno, casi feliz, ya que todos – desde los Reyes, hasta el más pequeños de los súbditos - se notaban preocupados por la seriedad que la embargaba.

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