Otros Cuentos

Cuentos infantiles variados.

El Ratón de Campo y el Ratón de Ciudad

Recursos educativos - Cuentos infantiles

El Ratón de Campo y el Ratón de Ciudad

Un día el ratón de ciudad hizo una visita a su primo el ratón de campo. Este sacó las cosas que solía comer y que tenía almacenadas en su pequeña madriguera, junto al tronco de un gran árbol: granos de maíz, bellotas, espigas de trigo...

-¿Esto es lo que coméis normalmente por aquí? -preguntó el ratón ciudadano.

-Pues claro -contestó el ratón de campo, sorprendido-. Comemos lo que crece en el campo y lo que crece en el campo y lo que se encuentra en el bosque. ¿Qué otra cosa íbamos a comer?

-¡Tú no sabes lo que es vivir! - exclamó el ratón de ciudad-. Ahora mismo vienes conmigo a la ciudad y verás lo que es comer debidamente.

-¡Pero aquí no hay campos ni árboles! - exclamó el ratón de campo cuando llegaron a la ciudad-. ¿Dónde crece la comida?

-No hay campos ni árboles -contestó su primo-, pero hay hombres. Los hombres comen cosas suculentas, y dejan las sobras para nosotros... Ven conmigo y lo verás.

San Antonio, el Fuego y los Hombres - Cuentos para Niños

Recursos educativos - Cuentos infantiles

San Antonio, el Fuego y los Hombres

Hubo un tiempo en el que no había fuego en el mundo. Los hombres se morían de frío y fueron a pedir ayuda a San Antonio. Le dijeron que no aguantaban más; si no se ponía remedio acabarían congelados.

San Antonio se compadeció y a pesar de que el fuego estaba en el infierno, decidió ir a buscarlo.

Se presentó ante las puertas del infierno con su bastón y su cerdito, pues antes de ser santo, San Antonio había sido porquero.

-¡Abran la puerta! -gritó golpeando con su bastón- ¡Tengo frío y me quiero calentar!

Los diablillos abrieron un poquito la puerta, pero sólo dejaron pasar al cerdo, que entró de un salto en el infierno. El travieso animal se puso a corretear y a meter el hocico en todos los rincones.

Cansados de perseguirlo, los diablillos acabaron por ir a hablar con el santo.

Historias del Sol - Cuentos Infantiles Cortos

Recursos educativos - Cuentos infantiles

Historias del Sol

Cierto día el viento, que viaja por todo el mundo, la lluvia, que cae en todas partes, y el Sol, que alumbra a todos los hombres, contaban sus historias. Y esto es lo que contó el Sol:

Volaba un cisne por el cielo claro, y los rayos del Sol hacían que las plumas del ave relucieran como el oro. Una pluma cayó, y como en ese momento el cisne volaba sobre el mar, la pluma se posó sobre la cabeza de un joven marino. Al poco tiempo, el muchacho se había convertido en un rico comerciante y pudo comprar sus propios barcos.

Más tarde, otra pluma cayó sobre un prado lleno de árboles, y arrancó una hoja de un árbol. La hoja cayó sobre un niño, y en sus manos se convirtió en un libro. Tantas cosas aprendió aquel niño en ese libro y en otros que leyó después, que llegó a ser uno de los más grandes savios del mundo.

Luego, el cisne se posó para descansar en un lago plácido y oscuro que estaba en medio del bosque, rodeado de hermosas flores. Una pobre mujer, que recogía leña, vio que el cisne, tras haber descansado, levantaba vuelo. Se acercó al lago y descubrió un huevo de oro. La mujer lo guardó y lo llevó a su casa. Ella sentía que algo vivo latía en ese huevo.

Recursos educativos - Cuentos infantiles

Pedro y el lobo de Sergei Prokofiev

Un cuento clásico ideal para hablar con los niños de las consecuencias de las mentiras

pedro y el lobo, el pastor y el lobo

Había una vez un pequeño pastor que se pasaba la mayor parte de su tiempo cuidando sus ovejas y, como muchas veces se aburria mientras las veía pastar, pensaba qué hacer para divertirse.

Un día, decidió que sería buena idea divertirse a costa de la gente del pueblo que había en los alrededores. Se acercó y empezó a gritar:

– ¡Socorro! ¡El lobo! ¡Qué viene el lobo!

Recursos educativos - Cuentos infantiles

Pinocho de Carlo Collodi

ninos mentirosos

Érase una vez, un carpintero llamado Gepetto que decidió construir un muñeco de madera, al que llamó Pinocho. Con él, consiguió no sentirse tan solo como se había sentido hasta aquel momento.

- ¡Qué bien me ha quedado!- exclamó una vez acabado de construir y de pintar-. ¡Cómo me gustaría que tuviese vida y fuese un niño de verdad!

Como había sido muy buen hombre a lo largo de la vida, y sus sentimientos eran sinceros. Un hada decidió concederle el deseo y durante la noche dio vida a Pinocho.

Al día siguiente, cuando Gepetto se dirigió a su taller, se llevó un buen susto al oír que alguien le saludaba:

- ¡Hola papá!- dijo Pinocho.

- ¿Quién habla?- preguntó Gepetto.

- Soy yo, Pinocho. ¿No me conoces? – le preguntó.

Gepetto se dirigió al muñeco.

Recursos educativos - Cuentos infantiles

El cuento del aceite de oliva

cuento-aceite-oliva

Érase una vez una semilla de olivo que viajó miles de kilómetros empujada por el viento. Volaba y volaba sin parar durante el día y la noche. Atravesó mares, sobrevoló montañas y ríos... hasta que un día, el viento paró. La semilla cayó en el suelo húmedo y fértil de un bonito Valle. Allí nació el primer olivo. De este olivo nacieron sus primeros frutos: las aceitunas.
El hombre, que ya andaba por allí, no tardó mucho en darse cuenta de que el olivo y él serían grandes amigos, y que su amistad duraría para siempre. Si el hombre aprendía a cuidarle cada año, el árbol le regalaría un montón de Aceitunas.

Los viejos libros cuentan que pronto el hombre aprendió a extraer aceite de las aceitunas que recolectaba cada año. Pero además también aprendió a usar el aceite para encender sus lámparas, para cuidar la piel... pero sobre todo, sobre todo... para usarlo como alimento.

Recursos educativos - Cuentos infantiles

La niña y el poeta

cuentos-ninos-

Yo conocí una niña que tenía los ojos color del tiempo.

Vivía en una ciudad donde todas sus casas y sus edificios eran iguales.

Todas las casas tenían los techos rojos, las puertas y las ventanas pintadas de verde, las paredes blancas. Los edificios tenían sus muros grises, con sus ventanas y puertas grises y siempre cerradas, casi como para que nadie pueda saludar ni hablar a nadie. Como para que nadie supiera del otro.

Las mesas, las sillas, los platos, los diversos objetos, eran muy parecidos unos a otros. Los animales tan similares que, a la hora de querer saludar, acariciar o sólo jugar con el gato o el perro que era mi mascota, me pasaba mucho tiempo para diferenciarlo de los otros perros o de los otros gatos.

Las personas se parecían como en las monedas se parecen las cabezas de los héroes, o esos números rodeados de laureles que también encontramos allí.

Era una ciudad donde no pasaba nada. Todo se repetía, se repetía, se repetía. Se le conocía por ello y así se le llamaba: La Ciudad

Donde No Pasaba Nada.

Recursos educativos - Cuentos infantiles

Sebastián Inventacuentos

sebastian-inventa-cuentos

Esta es la historia de un chico llamado Sebastián.

Sebastián era un niño como tú.

¿O, como tú?

¿O, como yo?

Mejor, para evitar que no podamos ponernos de acuerdo,

encuéntrale tú su parecido.

Sebastián se llamaba Sebastián, a secas.

Eso sí, como tú o como yo, tenía sus deseos.

Sebastián estaba deseoso de cuentos.

Todo comenzó una mañana en el colegio.

Al terminar el recreo, regresó al salón de clases y dijo:

- Maestra, quiero un cuento.

Y la maestra - con cara de asombro, al principio y de felicidad, después – les alcanzó, a él y a sus compañeros de aula, varios libros.

Los libros eran bonitos, bien ilustrados, con buenos cuentos.

Recursos educativos - Cuentos infantiles

Pedro Petrov, el mejor flautista del mundo

flautista

¿No sabéis quién es Pedro Petrov? Pues es el más famoso flautista del mundo. Eso dijo a los niños el viejo Iván que conocía las mejores historias de la aldea.

Recursos educativos - Cuentos infantiles

Un hombrecito como uno

Cuentos infantiles

Desde la tarde de un día cualquiera, en una ciudad que uno no sabe cómo se llamaba, vivía un hombre en un sanatorio.
Era un hombrecito como tú o como yo. Era un hombrecito como uno, a veces feliz, a veces no tanto.
La casa era grande. Él recorría sus pasillos. Conversaba con otros pacientes, incluso con los enfermeros y vigilantes.
Jugaba en sus patios, en sus corredores o en sus espacios abiertos. Descansaba en sus jardines. Y se aburría de todo. Y a veces de nada.
Un día llegó un médico joven y les propuso un test de personalidad, con muchas preguntas.
El hombrecito leía y respondía. Leía y respondía. Hasta llegar a una que decía: “¿Qué es lo que más te gusta de la gente?”.
El hombrecito sintió que aquella pregunta servía para algo. Y como servir para algo puede ser importante, pensó:

Comparte este artículo!