El cuento de la Reina de las Nieves - Cuentos Cl√°sicos infantiles

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El cuento de la Reina de las Nieves

El espejo del mago

√ČRASE UNA VEZ UN Mago Malvado que hizo un espejo con su magia oscura. Si se pon√≠a algo bueno o bello delante del espejo, el reflejo que se mostraba era s√≥lo podrido y gris.

El mago se reía. Quería mostrar su espejo malvado a todo el mundo. Lo cogió y voló hacia el cielo.

Voló tan rápido que el espejo empezó a temblar. Ya no pudo sujetarlo y el espejo cayó. Se estrelló en el suelo en muchos pedacitos de cristal afilados.

El viento hizo volar los cristales por todas partes. A partir de ese momento, si un trozo de ese cristal maligno entraba en el ojo de alguien, esa persona sólo vería lo malo y lo oscuro de la gente, no lo bueno. Y así fue en esa tierra.

A√Īos despu√©s, un chico llamado Kai y una chica llamada Gerda eran amigos. Viv√≠an uno al lado del otro. Ambos ten√≠an sus dormitorios en el √°tico. Cuando abr√≠an sus ventanas del √°tico, estaban tan cerca que pod√≠an llegar a tocarse los dedos.

Un viejo canalón corría entre los dos tejados. En el canalón por el que corría el agua, las familias habían plantado un jardín con verduras y rosas. Era como el propio jardín de Kai y Gerda. Las familias de Kai y Gerda eran pobres. No había juguetes para jugar. Pero no les importaba. Jugaban en su jardín de la azotea y eran felices.

Un d√≠a, Gerda y Kai estaban en el tejado desbrozando el jard√≠n. De repente, pas√≥ una r√°faga de viento. Un trozo afilado de ese cristal maligno se clav√≥ en el ojo de Kai. Se levant√≥, pisando las rosas. "¬°No quiero volver a desherbar este est√ļpido jard√≠n!", dijo.

"De acuerdo", dijo Gerda. "¬ŅSabes que est√°s pisando las rosas? ¬ŅQu√© tal un juego de palmas?"

Pero Kai gritó: "¡No me importa pisar todas las rosas! Y no quiero jugar nunca contigo, Gerda. Nunca más".

La Reina de la Nieve

Al día siguiente, Kai llevó su trineo a la ciudad. Ah, ¡ese trineo era tan lento! Un gran trineo blanco venía por la carretera muy rápido. El trineo se acercó a Kai y, al hacerlo, frenó un poco. Kai tuvo una idea. Rápidamente ató la cuerda de su trineo a la parte trasera del trineo. Ahora podría ir detrás en su trineo. Pero lo que Kai no sabía es que conduciendo el trineo estaba la malvada Reina de las Nieves.

La Reina de las Nieves, con su abrigo de pieles blancas, sabía muy bien que Kai estaba en el camino. Ella había frenado su trineo cuando se acercó, para darle la oportunidad de atar la cuerda. No se volvió para mirar. Sabía que Kai iba a toda velocidad detrás de ella. Pronto estaría casi congelado de frío. Entonces, pensó, que sería fácil hacerlo suyo.

La Reina de las Nieves sigui√≥ conduciendo. Cuando supo que Kai deb√≠a estar helado, detuvo el trineo. Se acerc√≥ al ni√Īo. "¬ŅQuieres montar detr√°s de mi gran trineo?", dijo la Reina de las Nieves. "Puedo hacer que no sientas el fr√≠o". Kai se estremeci√≥. "Te dar√© un beso en la mejilla. Entonces ya no sentir√°s fr√≠o".

Kai asintió. Le besó en la mejilla. Ya no sintió frío.

"Ahora, un beso más", dijo la Reina de las Nieves. "Con éste, te olvidarás de Gerda y de tu familia". Antes de que Kai pudiera decir nada, la Reina de las Nieves le había besado la otra mejilla. Se rió y dijo: "Si te besara por tercera vez en la frente, te morirías. Pero tienes cosas que hacer por mí en mi palacio". Luego se subió a su trineo y se puso en marcha.

¬ŅD√≥nde estaba Kai?

Kai no volvi√≥ a casa ese d√≠a. Ni el d√≠a siguiente. Puedes imaginar el disgusto de todos. Dec√≠an que el pobre Kai se hab√≠a ahogado en el r√≠o. Gerda corri√≥ hasta el r√≠o. Llam√≥ a las aguas que corr√≠an - ¬ŅEs cierto? El r√≠o no quiso decir nada. Gerda se quit√≥ los zapatos rojos y los levant√≥.

Dijo que tiraría sus zapatos rojos al río si éste le devolvía a Kai. Pero el río no la dejó tirar los zapatos. Y así fue como Gerda supo que él no debía estar bajo el agua.

¬ŅPero d√≥nde estaba?

Gerda fue a muchos sitios buscando a Kai. Fue a ver a una bruja. La bruja intent√≥ enga√Īar a Gerda para que se quedara con ella para siempre. Gerda sali√≥ corriendo muy r√°pido, justo a tiempo. Entonces se encontr√≥ con un cuervo. El cuervo le dijo a Gerda que para encontrar a Kai deb√≠a ir al palacio de una princesa.

As√≠ que Gerda fue al palacio de la princesa. √Čsta no sab√≠a nada de Kai. Pero le dio a Gerda ropa de abrigo y un hermoso carruaje en el que podr√≠a montar en su camino.

La ni√Īa ladrona

Gerda iba en su carruaje cuando una banda de ladrones saltó por detrás. Los ladrones estaban dirigidos por una chica ladrona. La ladrona obligó a Gerda a subir a la parte trasera del carruaje. Luego tomó las riendas. Y Gerda fue su prisionera.

¡Pobre Gerda! Había perdido su carruaje. Era una prisionera. Y no tenía idea de dónde encontrar a Kai.

La Ni√Īa Ladrona llev√≥ a Gerda de vuelta a la casa donde viv√≠a. Gerda deb√≠a dormir en el granero, en un rinc√≥n junto a un reno.

Cuando la Ni√Īa Ladrona se hubo marchado, Gerda grit√≥: "Oh Kai, ¬Ņd√≥nde est√°s?". Dos palomas blancas, en lo alto del palomar del granero, oyeron su grito.

Una paloma le dijo: "Recordamos haber visto a ese ni√Īo Kai del que hablas".

"¬ŅLo recuerdan?", dijo Gerda.

"¬°Qu√© d√≠a tan triste fue aquel!", dijo la otra paloma. "Fue cuando la Reina de las Nieves pas√≥ en su trineo. El ni√Īo Kai iba detr√°s en su trineo, muy r√°pido".

"Estábamos sentados en nuestro nido", dijo la primera paloma. "Cuando esa malvada Reina de las Nieves pasó, se giró y respiró sobre nosotros". La paloma no pudo terminar, y la otra dijo: "¡Sólo mi hermano y yo vivimos después de eso!".

"¬°Qu√© terrible! Lo siento mucho por vosotros", dijo Gerda. "¬ŅPero viste a mi querido Kai? ¬ŅAd√≥nde se dirig√≠a el trineo?"

"Lo m√°s probable es que la Reina de las Nieves se dirigiera a su palacio en Laponia", dijo la primera paloma. "All√≠ es donde hay nieve y hielo todo el a√Īo".

"¬ŅC√≥mo voy a encontrar ese lugar, Laponia?", dijo Gerda.

Entonces el reno, que estaba atado a un poste, habló. "Lo sé todo sobre Laponia", dijo el reno. "Es donde nací".

"Por favor, ¬Ņpodr√≠as llevarme all√≠?", dijo Gerda.

"S√≠ podr√≠a, si t√ļ y yo estuvi√©ramos libres de este lugar. Pero ¬Ņqui√©n sabe cu√°nto tiempo debemos permanecer aqu√≠?"

La muchacha ladrona estuvo todo este tiempo justo al lado de la puerta del granero. No era tan mala despu√©s de todo. Entr√≥ en el granero y cort√≥ las cuerdas que ataban a los renos. Ayud√≥ a Gerda a montar el reno y le dio un coj√≠n para sentarse. Incluso le dio a Gerda un par de botas de piel, dos barras de pan y un trozo de tocino. "Vete ya", dijo la Ni√Īa Ladrona. "Encuentra a tu amigo".

Gerda y los renos partieron como el viento. Cabalgaron y cabalgaron hasta que se hizo de noche. Entonces tuvieron que encontrar un lugar donde pasar la noche.

Dos visitas

Llamaron a la puerta de una caba√Īa. Una anciana abri√≥ la puerta y les dio la bienvenida. Gerda y los renos le contaron su b√ļsqueda de Kai. La anciana dijo: "Todav√≠a os queda un largo camino para llegar a Laponia. El palacio de la Reina de las Nieves est√° a 160 kil√≥metros".

"¬ŅC√≥mo la encontraremos?", dijo Gerda.

"Las ventanas de su palacio arden con una luz azul que se puede ver a kilómetros de distancia", dijo ella. "No se puede perder.

Pero cuando llegu√©is, no sub√°is directamente al palacio. Primero, busca una caba√Īa cercana con una puerta roja. Dentro de esa caba√Īa vive una mujer de Laponia que conozco". La anciana cogi√≥ un trozo de pescado seco y escribi√≥ unas palabras en √©l. "Dale este pescado", dijo la anciana, "y te ayudar√°".

Al d√≠a siguiente, el reno y Gerda cabalgaron tan r√°pido como pudieron. Volaron como el viento durante tres d√≠as. Al tercer d√≠a, vieron a lo lejos unas luces azules. Cuando se acercaron, vieron que era un palacio grande y oscuro, cerca del cual, tal como hab√≠a dicho la anciana, hab√≠a una caba√Īa con una puerta roja. Para entonces ten√≠an mucho fr√≠o, y tambi√©n hambre. Y se alegraron cuando una mujer de Laponia les abri√≥ la puerta y les permiti√≥ calentarse junto a su fuego.

Gerda le dijo que ven√≠an a buscar a su querido amigo Kai. Y que Kai hab√≠a sido visto por √ļltima vez con la Reina de las Nieves. Le entreg√≥ el pescado a la mujer de Laponia.

Ella leyó las palabras en el pescado tres veces. Luego lo puso en la olla al fuego para hacer sopa, ya que nunca quería desperdiciar nada.

"¬ŅTe ha dicho algo?", grit√≥ Gerda.

El reno respondi√≥: "¬ŅAlgo que le d√© a Gerda el poder de diez hombres?".

"¡El poder de diez hombres!", dijo la mujer de Laponia, enfadada. "Eso serviría de muy poco. No hay nada que nadie pueda hacer por esta chica que ella no pueda hacer por sí misma". Se volvió hacia Gerda. "Tu amigo Kai tiene un cristal malo en el ojo. Por eso la Reina de las Nieves se lo llevó. A estas alturas, probablemente lo haya besado dos veces. Eso le da todo el poder sobre él".

"¡Seguro que se puede hacer algo!", gritó Gerda.

"Quiz√°", dijo la mujer de Laponia. Se volvi√≥ hacia los renos. "Lleva a Gerda al palacio de la Reina de las Nieves. Ver√°s un arbusto con bayas rojas medio cubierto de nieve. Ponla junto al arbusto y esp√©rala all√≠ mientras va a buscar a Kai. Y Gerda -dijo, volvi√©ndose hacia la ni√Īa-, hay algo que debes saber. Cuando encuentres a Kai, √©l no querr√° irse. Est√° en su poder. Piensa que su palacio es el mejor lugar del mundo. Se ha olvidado de ti".

"¬ŅQu√© voy a hacer?" grit√≥ Gerda.

"¬°Mira lo que ya has hecho!", dijo la mujer de Laponia. "Mira lo lejos que has llegado".

Así que Gerda montó en el reno y se puso en marcha.

El Palacio de la Reina de las Nieves

"¬°Oh, no!", dijo Gerda cuando la caba√Īa ya no estaba a la vista. "¬°Me he dejado las botas de piel!" Pero no hab√≠a tiempo para volver. As√≠ que siguieron adelante.

En el arbusto con bayas rojas, Gerda se bajó del reno.

Allí estaba, sin botas y con los pies desnudos en la fría nieve. Pero el palacio de la Reina de las Nieves estaba justo delante de ella, con sus luces azules encendidas en las ventanas. Así que Gerda siguió caminando.

Mientras avanzaba, llamaba y llamaba a Kai. Por fin, all√≠ estaba. Estaba sentado sobre un lago helado, de rodillas. En el lago hab√≠a un trono, que estaba vac√≠o. La Reina de las Nieves le hab√≠a dado a Kai el trabajo de convertir trozos de hielo en palabras. Otros trozos de hielo deb√≠a convertirlos en n√ļmeros. Porque este lago congelado era el Lago de la Raz√≥n. Y el trono era el mismo trono de la Reina de las Nieves.

"¡Kai!" llamó Gerda. Pero él no levantó la vista.

La piel de Kai era azul oscuro, como si estuviera congelada. Le quedaba tan poca sensibilidad que ya ni siquiera notaba el fr√≠o. La Reina de las Nieves no estaba y Kai estaba ocupado con su tarea, trabajando en el lago congelado. Mov√≠a un trozo de hielo aqu√≠ y otro all√°, haciendo las palabras y los n√ļmeros.

"¡Kai!", volvió a llamar Gerda. Pero Kai no levantó la vista. Gerda se acercó a su cara. "¡Kai! Kai!"

Por fin, Kai levant√≥ la vista. Pero mir√≥ m√°s all√° de ella con sus profundos ojos oscuros, y no la vio en absoluto. Gerda rompi√≥ a llorar. El viento era fr√≠o y cortante en aquel lago. Mientras Gerda gritaba "Kai, ¬Ņd√≥nde est√°s?", una de sus l√°grimas lleg√≥ a la cara de Kai.

La lágrima le quemó la cara hasta que la sintió caliente. Entonces Kai también lloró.

"¬°Gerda!" dijo Kai, "¬Ņeres t√ļ?" Kai se estremeci√≥. Llor√≥ de alegr√≠a, pues el malvado trozo de cristal se hab√≠a desprendido de su ojo. Kai tom√≥ las manos de Gerda. Aunque las dos estaban heladas, cada una sent√≠a calor en su interior.

Viaje de vuelta a casa

Gerda y Kai caminaron de la mano de vuelta al arbusto con las bayas rojas, donde los renos esperaban. Mientras caminaban, el sol salió y los calentó y secó. El viento se detuvo y los pájaros empezaron a piar. Antes de que se dieran cuenta, allí estaba el reno, delante de ellos.

El reno los llev√≥ de vuelta a la primera anciana, que le dio a Gerda un nuevo par de botas de piel. Cada una recibi√≥ un gorro de piel. Mientras los renos los llevaban por el largo camino de vuelta a casa, ¬°qui√©n apareci√≥ en el camino sino la Ni√Īa Ladrona! Iba en la carroza que le hab√≠a quitado a Gerda, pero √©sta se alegr√≥ de verla.

La chica le dijo a Gerda: "Así que éste es el amigo por el que has viajado por todo el mundo para salvarlo. Espero que haya valido la pena". Todos sonrieron.

La ni√Īa ladrona les dijo que deb√≠an subirse a su trineo y que les llevar√≠a a casa. Cuando por fin llegaron a casa, era verano. Para su sorpresa, ya eran mayores.

En los a√Īos siguientes, Gerda y Kai siguieron siendo los mejores amigos. No hubo m√°s aventuras con la Reina de las Nieves ni con el fr√≠o norte helado, y cada uno vivi√≥ una vida tranquila. Pero en el fondo sab√≠an que, pasara lo que pasara, siempre se cuidar√≠an mutuamente.

Preguntas para pensar y compartir.

Pregunta 1: ¬ŅPor qu√© Gerda sigui√≥ buscando a Kai despu√©s de que √©ste fuera malo con ella?

Pregunta 2: ¬ŅEn qu√© pensaba la anciana sabia cuando dijo: "No hay nada que nadie pueda hacer por ti que t√ļ no puedas hacer por ti mismo"?

‚ô• Tambi√©n puedes leer Cenicienta y Blancanieves y los siete enanitos

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