La espada en la piedra, una leyenda del Rey Arturo - Cuentos Cl√°sicos infantiles

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La espada en la piedra, la leyenda del Rey Arturo

Hace mucho tiempo, en Inglaterra, un rey sabio y justo gobernaba la tierra. Su nombre era Rey Uther. Los tiempos eran buenos y el pueblo vivía bien. El rey Uther quería un mago en la corte. Y así eligió al famoso mago Merlín. Merlín podía ver el futuro. Y sabía que esos buenos días no iban a durar.

El Rey Uther y la Reina Guinevere tuvieron un hijo, un beb√©. En una fiesta en el castillo por el nacimiento real, el mago Merl√≠n se llev√≥ al rey aparte. Le dijo: "Se√Īor, hay algo que debe saber. Pronto una gran oscuridad caer√° sobre esta tierra. Su hijo est√° en gran peligro. D√©jeme llevar al beb√© lejos. Me asegurar√© de que est√© a salvo".

"¡Merlín!" dijo el Rey sorprendido. "Eres un gran mago. Y eres mi amigo. Pero de ninguna manera dejaremos que alguien se lleve a nuestro hijo".

Lamentablemente, poco despu√©s del nacimiento del ni√Īo, la Reina muri√≥. No mucho despu√©s, el Rey Uther fue asesinado en batalla. Esa misma noche, Merl√≠n entr√≥ en el castillo y se llev√≥ al ni√Īo. A la ma√Īana siguiente, la nodriza real fue a la habitaci√≥n del ni√Īo. ¬°Ay, la cuna est√° vac√≠a! Atemorizados, la nodriza, los nobles y los sirvientes miraron por todas partes. Pero el beb√© hab√≠a desaparecido.

Durante a√Īos, no hubo rey que se sentara en el trono. Ning√ļn rey que estableciera las leyes. Los hombres de alto rango lucharon entre s√≠ para ser rey. La oscuridad cay√≥ sobre la tierra. Los ladrones y las bandas de hombres salvajes gobernaban las calles de Londres. Los malvados entraban en las casas y se llevaban lo que quer√≠an. Los viajeros en los caminos eran asaltados y robados. El pueblo de Inglaterra viv√≠a con miedo.

Sin embargo, muy lejos, hab√≠a un lugar tranquilo. Un buen caballero, Sir Ector, viv√≠a en paz con sus dos hijos. Su primer hijo se llamaba Kay. Su hijo menor, Arturo, hab√≠a sido adoptado cuando era un beb√©. A√Īos antes, un extra√Īo hab√≠a llegado a Sir Ector con un beb√©. Le pregunt√≥ si Sir Ector podr√≠a criar al ni√Īo. El viejo caballero tom√≥ al beb√© en sus brazos, contento por tener un segundo hijo. Le puso el nombre de Arturo y lo cuid√≥ como si fuera suyo.

Cuando Arturo cumpli√≥ diez a√Īos, el mismo forastero volvi√≥ a casa de Sir Ector. Sab√≠a leer y escribir, por lo que Sir Ector lo contrat√≥ para que ense√Īara a sus dos hijos. Kay no pod√≠a quedarse quieto durante las lecciones y dej√≥ de acudir. Pero Arturo escuchaba con los ojos muy abiertos. Lo aprendi√≥ todo. Apuesto a que ya has adivinado qui√©n era ese extra√Īo: ¬°nada menos que el mago Merl√≠n!

Al final de cada d√≠a, cuando Arturo terminaba sus tareas, era el momento de las lecciones. Merl√≠n se sentaba con Arturo durante horas y le ense√Īaba sobre el mundo. Arturo era un muchacho delgado, no era fuerte como su hermano mayor Kay. Merl√≠n dijo que no se preocupara por eso. Dijo que lo m√°s importante era tener un coraz√≥n grande y fuerte. Merl√≠n vio c√≥mo los p√°jaros, los zorros y los ciervos segu√≠an a Arturo. Pudo ver que el muchacho ten√≠a un coraz√≥n muy grande y fuerte.

Cuando Arturo ten√≠a 16 a√Īos, su hermano Kay se hab√≠a convertido en caballero. Ahora se llamaba Sir Kay. A Arturo nada le gustaba m√°s que servir a su hermano como escudero. Cuidaba con esmero la t√ļnica y el casco de su hermano, sus lanzas y sus picos.

Un día, a la hora de la lección, Merlín miró hacia otro lado. Se levantó.

"¬ŅQu√© pasa?", dijo Arturo.

"El pueblo necesita esperanza", dijo Merlín. "Arturo, hay algo que debo hacer. Debo ir ahora".

Esa noche, cuando la noche estaba más oscura, el mago Merlín llegó a la plaza del mercado de Londres. Se paró en medio de la plaza. Levantó sus dos brazos en alto. Y apuntó con su varita a las estrellas.

A la ma√Īana siguiente, al amanecer, la gente empez√≥ a llegar al mercado. Frente a ellos hab√≠a algo muy extra√Īo. Un bloque de m√°rmol blanco se encontraba en medio de la plaza del pueblo. Sobre el bloque hab√≠a una piedra gigante del tama√Īo de una roca muy grande. En la parte superior de la piedra hab√≠a una empu√Īadura de espada dorada y unos pocos cent√≠metros de la hoja, brillando al sol. Sin embargo, el resto de la hoja estaba enterrada en la piedra, lo que resultaba muy extra√Īo. Nada de esto estaba all√≠ el d√≠a anterior.

Además, en la parte superior de la hoja se podían ver estas palabras

"¬°Quien saque esta espada de esta piedra es el verdadero rey de Inglaterra!"

En cuanto la multitud se enteró del mensaje, los hombres saltaron hacia ese bloque de mármol blanco. Uno tras otro, dieron un tirón a la espada. Cada uno lo intentó una y otra vez, pero la espada se quedó clavada. No se movía.

Uno de ellos dijo con tristeza: "¬°No hay hombre vivo que pueda arrancar esa espada!"

"¡Ya lo veremos!", dijo una voz entre la multitud. El duque de Cornualles, vestido con sedas y cintas, se acercó al bloque de mármol blanco. "¡Escuchad, escuchad!", dijo. "Convoco a un torneo que se celebrará dentro de un mes. Los caballeros de cualquier lugar y de toda Inglaterra están invitados a venir. Habrá concursos y premios. Y un gran festín para todos". El Duque dijo a su esposa, la Duquesa: "¡Si conozco a los hombres, este torneo atraerá a los más fuertes y mejores caballeros de toda Inglaterra!"

Dijo la duquesa: "Buena idea, querido. Todo lo que necesitamos es un caballero que sea tan fuerte que pueda sacar la espada de la piedra. Entonces tendremos un rey de nuevo, por fin".

El pueblo bailó y vitoreó. Por fin había algo por lo que sentirse feliz. La noticia del torneo viajó rápidamente. De los castillos a las aldeas, a todos los rincones de la tierra. Por fin, la noticia llegó a la lejana casa de Sir Ector. Sir Kay se enteró de la noticia cuando estaba puliendo su casco.

"¡Arturo!", gritó. Arturo estaba de nuevo junto al bosque, alimentando a los pájaros de su mano. Dejó un montón de semillas para los pájaros y otro para las ardillas. Luego corrió rápidamente a ver a su hermano.

"¡Ahí estás!", dijo Kay. "Habrá un torneo en Londres. Debemos partir de inmediato".

¡Qué gran noticia! Arturo nunca había estado más que a unas pocas millas de casa. Sería el mejor escudero para su hermano. Arturo volvió corriendo a la casa. En el patio, su padre estaba preparando los caballos.

Sir Ector y sus dos hijos atravesaban Londres de camino al torneo. Cabalgando por la plaza del mercado, algo brillante brill√≥ bajo el sol. "Esa espada parece que se clava en esa piedra", dijo Arturo. "¬ŅPero c√≥mo puede ser? Es imposible". Pero, ¬Ņpor qu√© hab√≠a guardias a su alrededor?

El padre y sus dos hijos llegaron al torneo. Sir Kay corri√≥ a ponerse en la fila para registrarse. Sir Ector salud√≥ a muchos viejos amigos: duques, condes, barones, condes y condesas. Arturo se sent√≥ en su tienda de campa√Īa, puliendo el casco de su hermano hasta hacerlo brillar.

Sonó una corneta. El torneo estaba a punto de comenzar. "Trae mi espada, pidió Kay"

"Ahora mismo", dijo Arturo. ¬ŅPero d√≥nde estaba? Arturo mir√≥ a su alrededor con p√°nico. La lanza, el hacha de batalla y la daga de Kay estaban donde deb√≠an estar. Pero ninguna espada. "Kay..." dijo, "¬Ņqu√© tal un hacha de batalla?"

"¬°Arturo, he dicho mi espada!"

"Sí, por supuesto", dijo Arturo.

"¬°Date prisa!", dijo Kay.

Arturo volvi√≥ corriendo a la tienda. ¬ŅTal vez hab√≠a dejado all√≠ la espada de Kay? Busc√≥ en la bolsa de armaduras y armas. ¬ŅC√≥mo pudo dejar que ocurriera algo as√≠? Entonces tuvo una idea.

Muy rápido, Arturo cabalgó de vuelta a la plaza del mercado. Los guardias ya no estaban allí: debían de haberse ido todos al torneo.

Arturo se subió al bloque de mármol. "Veamos si esa espada se puede despegar". Agarró el mango de la espada. Movió la espada un poco. "¡Oye!", dijo. "Está más suelta de lo que pensaba".

Con un gran tirón, la espada se deslizó hacia afuera. Arturo fue lanzado hacia atrás, pero la espada estaba a salvo en sus manos. "Me aseguraré de traerla de vuelta". Corrió hacia el lugar donde lo esperaba su hermano.

"Aquí está", dijo, entregándole la espada a su hermano.

Kay le echó un vistazo. "¡Oh!", dijo sorprendido.

"¬ŅQu√© ocurre?", dijo Arthur. Pero su hermano se hab√≠a ido. Poco despu√©s, oy√≥ la voz de su hermano fuera de la tienda. "Padre, tengo algo que mostrarte". Kay y su padre entraron en la tienda.

"¬°Mira!", dijo Kay. Se√Īal√≥ la espada.

Sir Ector se qued√≥ mirando. Su rostro se puso blanco. "Kay", dijo el padre, mirando a su hijo mayor, "¬Ņde d√≥nde has sacado esta espada?"

"¡Es mía!", dijo Kay, acercándola a él. "Ahora la tengo yo".

"¬°Kay!", volvi√≥ a decir el padre con voz severa. "Te lo preguntar√© una vez m√°s. ¬ŅDe d√≥nde has sacado esta espada?"

El joven caballero bajó la cabeza.

"De Arturo", dijo. "¬°√Čl perdi√≥ mi espada! De alguna manera consigui√≥ esta".

"¬ŅArturo?" El padre se volvi√≥ hacia su hijo menor. "¬ŅC√≥mo es que has conseguido esta espada?"

"¡Lo siento!" dijo Arturo. "Padre, la devolveré enseguida. Sólo quería tomarla prestada cuando la saqué de la piedra".

"Debes llevarnos a donde encontraste esta espada. De inmediato". Los tres corrieron hacia la plaza del mercado.

Arturo se subió al bloque de mármol. "Vino de aquí", dijo. Levantó la espada sobre su cabeza.

Luego dejó caer la hoja de nuevo en la piedra. "Ahora está de vuelta".

"Oye", dijo Sir Kay. "¬°Todav√≠a necesito una espada!" Salt√≥ sobre el bloque de m√°rmol. Agarrando la empu√Īadura de la espada, tir√≥ y tir√≥. Pero no se movi√≥.

Kay le grit√≥ a Arturo: "¬ŅQu√© le has hecho?"

"¬°Nada!", dijo el muchacho.

"¡Debes haber hecho algo!", gritó Sir Kay.

"¬°Silencio! Los dos", dijo el padre. "Es mejor que nadie nos vea ni nos oiga".

Pero era demasiado tarde. Ya se había empezado a formar una multitud.

"¬°Oye! ¬ŅSacaste la espada de la piedra?", grit√≥ uno.

"Sí", dijo Arturo. "Lo hice".

"¡Hazlo de nuevo!" gritó otro de la multitud.

"Sí, ¡vamos a verlo!"

Arturo puso sus manos alrededor del mango dorado. De un tirón, la hoja se deslizó hacia fuera.

"¬ŅQui√©n eres?", dijo otra voz. "¬ŅC√≥mo te llamas?"

"Arturo", dijo el muchacho.

"¡Espera un momento, devuelve esa espada!" Un caballero alto se adelantó entre la multitud. "¡Cualquiera puede sacarla, una vez que la han sacado!"

"Adelante. Devuélvela, hijo", dijo una voz. Era el duque de Cornualles, el que había convocado el torneo.

"Muy bien", dijo Arturo. Volvió a deslizar la hoja en la piedra, con facilidad.

"¡Déjame a mí!", dijo el alto caballero. Se levantó de un salto y agarró el mango de la espada. Pero por más que tiraba, la espada no se movía. Ni siquiera un poco.

Otro caballero lo intentó. Luego otro. Pero nadie podía mover la espada. Algunos esperaron, pensando que cuanto más tiraran de la espada, más se aflojaría. Pero cuando cada uno tomó su turno, la espada no se movió para ellos.

"Que el muchacho lo intente ahora", dijo el duque de Cornualles. "Arturo, adelante".

Arturo se acercó de nuevo a la piedra. Con un solo movimiento liberó la espada. Esta vez, la sostuvo en alto sobre su cabeza. La hoja brilló bajo el sol. Asombrada, la multitud no sabía qué pensar.

Uno de ellos gritó por fin. "¡Debe ser nuestro nuevo rey!"

"¡Tenemos un rey!", gritó otro. "¡Por fin!"

"¬°Alto!", grit√≥ el caballero alto. "¬ŅRealmente crees que este chico flaco debe gobernar sobre todos nosotros?"

"¡Sí!", dijo una voz. Todos los ojos se volvieron. Era el mago Merlín.

"Conozco a este chico. Conozco su corazón. No hay nadie en Inglaterra que tenga un corazón más grande y fuerte que el suyo. La espada nos ha dicho que este joven será el próximo rey de Inglaterra. ¡Y hay algo más!"

El muchacho", dijo Merl√≠n, se√Īalando a Arturo, "es el verdadero hijo del rey Uther. Es el beb√© desaparecido".

Los vítores comenzaron a sonar. "¡Salve, Rey Arturo!" gritó alguien de la multitud.

Sir Ector cayó de rodillas. Luego Sir Kay. Una persona tras otra cayeron de rodillas también. Todos aplaudieron. Por fin, un rey había sido elegido. ¡Un joven rey y un nuevo día para Inglaterra!

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