cuento de Rapunzel - Cuentos Cl√°sicos infantiles

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Rapunzel, un cuento de los hermanos Grimm

√Črase una vez un carpintero y su mujer. Lo que m√°s deseaban era tener un hijo propio. Por fin, su deseo se hizo realidad: ¬°la mujer iba a tener un beb√©!

Desde la ventana del segundo piso de su peque√Īa casa, la mujer pod√≠a ver el jard√≠n de al lado. Hab√≠a unas hileras de plantas y flores tan bonitas y frescas. Pero nadie se atrev√≠a a cruzar el muro del jard√≠n para verlas de cerca. Porque el jard√≠n pertenec√≠a a una bruja.

Un día, la mujer miraba el jardín desde su ventana. ¡Qué aspecto tan fresco tenían aquellos grandes cogollos verdes de lechuga! "Es justo lo que necesito para comer", dijo la mujer a su marido. "Tienes que ir a buscarlas".

"¬°Pero no podemos!", dijo el carpintero. "Sabes tan bien como yo que el huerto pertenece a la bruja, que vive al lado".

"Si no puedo comer esa lechuga", dijo la mujer, "¡no comeré nada! Me moriré".

¬ŅQu√© pod√≠a hacer el carpintero? Aquella noche, a √ļltima hora, trep√≥ por el muro del jard√≠n. Con pasos muy tranquilos, cogi√≥ una cabeza verde de lechuga. Con m√°s pasos silenciosos, volvi√≥ a saltar el muro del jard√≠n. Su mujer se comi√≥ la lechuga enseguida.

Pero al comer la lechuga sólo se quedó con ganas de más. Si no podía comer más lechuga, dijo, ¡no habría nada que comer! Así que a la noche siguiente, el carpintero volvió a trepar por el muro del jardín. Recogió una cabeza más de lechuga. De repente, se oyó una voz muy alta.

"¬°DETENTE! ¬ŅQu√© crees que est√°s haciendo?"

"Yo... eh... estoy cogiendo lechugas para mi mujer", dijo el carpintero.

"¡Ladrón!", gritó la bruja. "¡Pagarás por esto!"

"¡Por favor!" dijo el carpintero. "Mi mujer va a tener un bebé. Ella vio tu lechuga y la deseó mucho".

"¬ŅPor qu√© deber√≠a importarme eso?" grit√≥ la bruja.

"¡Haré lo que sea!", dijo el carpintero. Pensó: "Tal vez pueda construirle algo".

"¬ŅDices que har√°s cualquier cosa?", dijo la bruja.

"Sí", dijo él.

"¬°Bien!", dijo la bruja. "Este es el trato. Adelante, coge toda la lechuga que quieras. Tu mujer tendr√° una ni√Īa. Y cuando lo haga, el beb√© ser√° m√≠o".

"¬°¬ŅQu√©?!", dijo el carpintero. "¬°Nunca aceptar√≠a eso!"

"¡Ya lo has hecho!", dijo la bruja. Y soltó una carcajada malvada.

Pronto la mujer tuvo una ni√Īa, tal y como hab√≠a dicho la bruja. Para mantener a la ni√Īa a salvo de la bruja, el carpintero construy√≥ una alta torre en lo profundo del bosque. Construy√≥ unas escaleras que llevaban a una habitaci√≥n en lo m√°s alto, una habitaci√≥n con una ventana. √Čl y su mujer se turnaban para quedarse con el beb√©.

Pero la bruja ten√≠a una bola m√°gica. La bola le indicaba d√≥nde estaba el beb√©, en la habitaci√≥n superior de la torre. Un d√≠a, cuando el carpintero y su mujer estaban en la casa, la bruja lanz√≥ un hechizo sobre ambos. Cayeron en un sue√Īo muy profundo. Y de inmediato, la bruja fue a la torre.

En la habitación superior, la bruja le dijo al bebé: "Te llamaré Rapunzel. Porque ese es el nombre de la lechuga que te trajo a mí. Ahora Rapunzel, eres mía".

Pero la bruja no sab√≠a c√≥mo cuidar a un beb√©. Rapunzel se convirti√≥ en una ni√Īa, y la bruja ni siquiera sab√≠a c√≥mo cortarle el pelo. El pelo rubio de la ni√Īa crec√≠a m√°s y m√°s cada d√≠a.

Lo √ļnico que pod√≠a hacer la bruja era mantener a la ni√Īa encerrada en la habitaci√≥n de lo m√°s alto de la torre. Le dijo a la ni√Īa que el mundo era un lugar muy malo. Por eso no pod√≠a salir de la torre.

Cuando creci√≥, Rapunzel le dijo muchas veces a la bruja: "¬°Aqu√≠ no tengo nada que hacer! ¬ŅPor qu√© tengo que quedarme en esta torre todo el tiempo?".

Y la bruja le contestó: "¡Ya te lo he dicho muchas veces! El mundo es un lugar muy malo. Ahora ve a peinarte y a callarte".

"¬ŅPero es realmente tan malo ah√≠ fuera? A veces escucho que la gente se r√≠e abajo", dec√≠a Rapunzel a veces.

En esos momentos la bruja gritaba: "¬ŅCu√°ntas veces tengo que repetirlo? No hagas caso a nada de lo que veas u oigas ah√≠ fuera. El mundo es mucho peor de lo que crees. Te quedar√°s en esta torre para siempre, Rapunzel. As√≠ que acost√ļmbrate".

Cuando cumpli√≥ 12 a√Īos, Rapunzel le dijo a la bruja: "¬°Ya no me importa lo que digas! ¬°Estoy tan cansada de quedarme aqu√≠ sola todo el tiempo! Cuando te vayas, voy a picar la puerta. Har√© un agujero. Bajar√© las escaleras y saldr√© corriendo, ¬°no importa lo que digas!"

La bruja Con su poder, hizo caer todas las escaleras de la torre. Hizo que las puertas se cerraran. Ahora no había forma de que Rapunzel escapara.

Para entonces, el pelo de Rapunzel había crecido mucho, mucho. Una vez que la escalera desapareció, cuando llegaba la hora de que la bruja la visitara en la torre, llamaba desde fuera: "¡Rapunzel, Rapunzel! Suelta tu pelo".

Rapunzel lanzaba su larga trenza rubia por la ventana. La bruja la agarraba del pelo como si fuera una cuerda. Y así fue como la bruja trepó por la pared de la torre hasta la ventana de la habitación de Rapunzel.

Pasaron cinco largos a√Īos. ¬°Pobre Rapunzel! Sab√≠a que deb√≠a quedarse en la habitaci√≥n. Lo √ļnico que pod√≠a hacer era cantar canciones tristes por la ventana. A veces los p√°jaros de las copas de los √°rboles se un√≠an a sus canciones. Entonces se sent√≠a un poco mejor. Pero no mucho.

Un d√≠a, un pr√≠ncipe cabalgaba por el bosque. Oy√≥ una hermosa voz que cantaba. ¬ŅDe d√≥nde ven√≠a? Cabalg√≥ cada vez m√°s cerca del sonido. Por fin, lleg√≥ a la torre.

"¬°Esto es extra√Īo!", dijo, mirando alrededor de la pared de la torre. "No hay puerta en la parte inferior. Sin embargo, alguien est√° cantando en la parte superior. ¬ŅC√≥mo puede alguien entrar o salir de all√≠?". Cada d√≠a, el pr√≠ncipe volv√≠a a la torre. Hab√≠a algo en esa voz que le hac√≠a volver. ¬ŅQui√©n era esa joven que cantaba en la cima? ¬ŅPodr√≠a conocerla alguna vez?

Un día, cuando el príncipe subió, vio a una anciana de pie bajo la torre. Saltó detrás de un árbol para esconderse. Era una bruja. La oyó gritar: "¡Rapunzel, Rapunzel! Suelta tu pelo". Una larga trenza rubia fue lanzada desde una ventana en lo más alto. La anciana se agarró a la trenza. Y trepó por la pared hasta la ventana de la cima de la torre.

"¡Ah, ja!", dijo el príncipe. "¡Así es como se hace!" Esperó.

Al cabo de un rato, la trenza volvió a ser lanzada desde la ventana. La bruja volvió a bajar por la pared de la torre. Luego se fue.

El príncipe esperó. Subió a la torre. Con una voz que sonaba lo más parecida a la de la bruja, gritó: "¡Rapunzel, Rapunzel! Suéltate el pelo". En un momento, la misma larga trenza rubia salió por la ventana. "¡Ha funcionado!", pensó el príncipe. Subió a la pared de la torre.

Puedes estar seguro de que Rapunzel se sorprendi√≥ mucho al ver al pr√≠ncipe trepar por su ventana. Nunca antes hab√≠a visto a una persona de cerca que no fuera la bruja, ¬°y nunca a un hombre! "¬ŅQui√©n eres?", dijo asustada.

"¡No te preocupes!", dijo el príncipe. "Soy un amigo".

"Pero no te conozco", dijo Rapunzel.

"Siento como si te conociera", dijo el príncipe. "Desde que te oigo cantar canciones desde aquí arriba día tras día. Tienes una voz preciosa. Y me encanta cuando los pájaros cantan contigo también".

"S√≠, eso tambi√©n me gusta", dijo Rapunzel. "Puede que sea lo √ļnico que me guste, ya que tengo que quedarme aqu√≠ en esta torre vieja, d√≠a tras d√≠a, toda mi vida". Rapunzel le cont√≥ al pr√≠ncipe lo de la bruja. Le dijo que como el mundo era un lugar tan malo, ella deb√≠a quedarse siempre en la habitaci√≥n de la torre.

"¡Pero el mundo no es tan malo como ella dice!", dijo el príncipe. Le habló a Rapunzel de flores y fiestas, de juegos y jardines. Le habló de cachorros y de charcos, de fresas y de secretos.

Pasaron muchas horas. Al final, Rapunzel dijo que deb√≠a irse, que la bruja pod√≠a volver en cualquier momento. "Muy bien", dijo el pr√≠ncipe. "Pero volver√© ma√Īana". Rapunzel tir√≥ su trenza por la ventana y el pr√≠ncipe baj√≥.

Al día siguiente, el príncipe volvió a subir a la habitación de Rapunzel. Le dijo: "Tengo una sorpresa para ti". Había traído fresas para ella.

Mientras probaba una fresa, Rapunzel pens√≥: "Ahora s√© que lo que me dijeron no es cierto. ¬°El mundo puede ser un lugar muy bonito! Debo salir de esta torre tan pronto como pueda". ¬ŅPero c√≥mo?

Un d√≠a, el pr√≠ncipe dijo: " Ojal√° pudieras salir de esta torre. Puedo ir y venir trepando por las paredes agarrado a tu trenza. Pero una vez que estoy abajo, ¬ŅC√≥mo puedes bajar t√ļ tambi√©n?".

"¬°Ya lo s√©!", dijo Rapunzel. "Tr√°eme un ovillo de seda cada vez que vengas. Puedo tejer con la seda una escalera. La seda se pliega tan peque√Īa que la bruja no la ver√°. Cuando la escalera sea lo suficientemente larga como para llegar al suelo, ambas podremos salir de aqu√≠".

"¬°Eso es!", dijo el pr√≠ncipe. Luego se acerc√≥ a Rapunzel. "Los dos seremos libres. Cuando salgamos al mundo, ¬Ņte casar√°s conmigo?"

"Sí", dijo Rapunzel, "lo haré". A partir de entonces, el príncipe le llevaba a Rapunzel un ovillo de seda. Con el tiempo, ella tejió la seda en una larga escalera.

Cuando Rapunzel cumpli√≥ 18 a√Īos, la bruja le habl√≥ con voz aguda. "Antes de que abras la boca esta vez", dijo la bruja, "debes saber esto. Estoy harta de o√≠rte hablar siempre de lo sola que est√°s en la torre. Esto no va a cambiar, Rapunzel".

"¬ŅQui√©n dice que estoy sola en la habitaci√≥n todo el tiempo?" dijo Rapunzel.

"¬°¬ŅQu√©?!" dijo la bruja. "¬ŅQui√©n ha estado aqu√≠ arriba contigo?"

"¬°Nadie!" dijo Rapunzel de inmediato, con miedo. "¬°Quiero decir, nadie m√°s que t√ļ!"

La bruja no la crey√≥. Empez√≥ a buscar por toda la habitaci√≥n algo que demostrara que alguien m√°s hab√≠a estado all√≠. Pronto encontr√≥ la escalera. La sostuvo en el aire. Grit√≥: "¬ŅQu√© significa esto?"

"Mi amigo el príncipe me trajo la seda", dijo Rapunzel.

"¡No volverás a ver a este príncipe!", gritó la bruja. Sacó un cuchillo. Corta, corta, y la hermosa trenza de Rapunzel fue cortada.

Sujetando la trenza con una mano, la bruja soltó una carcajada malvada. Con un golpe de su magia, Rapunzel fue arrojada a un desierto lejano. Luego la bruja se quedó en la habitación de la torre. Sabía que pronto volvería el príncipe.

La bruja no tuvo que esperar mucho. Pronto el príncipe estaba llamando al pie de la torre, con una voz que debía sonar como la suya: "¡Rapunzel, Rapunzel, suéltate el pelo!".

"¡Así es como lo hizo!", pensó la bruja. Agarrando con fuerza un extremo de la trenza de Rapunzel, la lanzó por la ventana. El príncipe se agarró y subió. Cuando llegó a la ventana, ¡se sorprendió mucho al ver a la bruja!

"¬ŅD√≥nde est√° Rapunzel?", grit√≥. "¬ŅQu√© has hecho con ella?"

"¡No volverás a ver a tu Rapunzel!", gritó la bruja.

La bruja empujó al príncipe con tanta fuerza que perdió el control de la ventana. Cayó, cayó, cayó.

El príncipe aterrizó en unos arbustos. Eso ayudó a la caída, pero los arbustos tenían espinas afiladas. Algunas de las espinas se le clavaron en los ojos. El príncipe se quedó ciego.

Durante dos a√Īos, el pobre pr√≠ncipe ciego vag√≥ por el mundo buscando a Rapunzel. De la ma√Īana a la noche la llamaba, pero era in√ļtil. Por fin, lleg√≥ a un desierto. Un d√≠a escuch√≥ una hermosa voz cantando. "¬°Oh!", pens√≥. "¬°Conozco esa voz!" Era su querida Rapunzel. Se acerc√≥ m√°s y m√°s a la voz que conoc√≠a tan bien.

"¡Mi príncipe!", llamó Rapunzel al verlo. Los dos se abrazaron con fuerza. Dos lágrimas de alegría cayeron en los ojos del príncipe. De repente, ¡podía volver a ver!

Y lo que pasó después, bueno, ¡seguro que lo adivinas! El príncipe y Rapunzel volvieron al reino donde vivía el príncipe. Se casaron en cuanto pudieron. El príncipe se convirtió en rey y Rapunzel en reina. Los dos vivieron felices para siempre.

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