La historia de Bambi: Una vida en el bosque - Cuentos Cl√°sicos infantiles

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La historia de Bambi: Una vida en el bosque ūü¶Ć

Un día nació un ciervo. Se llamaba Bambi. Su mamá lo limpió por completo y lo llenó de mimos.

"Bambi", dijo. "Mi peque√Īo Bambi".

El joven Bambi ten√≠a curiosidad por todo. Aprendi√≥ que era un ciervo, y tambi√©n su madre. Aprendi√≥ que hab√≠a otros ciervos en el bosque, y que alg√ļn d√≠a los conocer√≠a. Aprendi√≥ que los senderos que segu√≠a su madre los hac√≠an los ciervos. Bichos y criaturas, sonidos y olores. Hay tantas maravillas por explorar.

A veces, en un sendero, su madre se detenía de repente. Abría bien las orejas y escuchaba en todas las direcciones. Primero, allí. Luego... ¡aquí! Bambi esperaba. Por fin, cuando ella decía: "Todo está bien. No hay peligro. Podemos irnos", entonces los dos comenzarían el camino de nuevo. Pero él no sabía por qué tenían que hacerlo.

Un d√≠a, su madre lo llev√≥ al prado por primera vez. Empez√≥ a correr hacia el claro, pero ella se puso delante de √©l. "¬°Detente!", dijo ella. "Qu√©date aqu√≠. Yo debo salir primero. Espera hasta que te llame. Pero si empiezo a correr, debes dar la vuelta y volver al bosque muy r√°pido. No te detengas. ¬ŅMe entiendes?"

La madre de Bambi salió lentamente al prado abierto. Olfateó a su alrededor. Miró a un lado y a otro, alerta y con cuidado. Después de un rato dijo: "Está bien, Bambi. No hay nada de qué preocuparse. Vamos". Salió a su encuentro.

¡Oh, qué sol tan brillante! Allá en el bosque, Bambi había visto un rayo de sol perdido de vez en cuando, pero aquí el sol brillante lo calentaba todo. Se sintió de maravilla y saltó muy alto en el aire. Cada vez aterrizaba en una hierba más suave que cualquier otra que hubiera sentido. Luego volvía a saltar, una y otra vez.

En algunos lugares las flores eran tan espesas que formaban una dulce alfombra. Pero, ¬ŅQu√© era esa peque√Īa cosa que bailaba en el aire? "¬°Mira, mam√°!", dijo Bambi. "La flor est√° volando". Aquella flor deb√≠a de tener tanta necesidad de bailar, pens√≥ Bambi, que se desprendi√≥ de su tallo para elevarse y bailar en el aire.

"Eso no es una flor, Bambi", dijo la madre, "es una mariposa".

Entonces... ¡pum, pum, pum! En una roca había una liebre joven, un conejo, dando golpes con la pata.

"¬°Hola!", sonri√≥ la liebre, levantando una alta oreja. "¬ŅQuieres jugar?"

"¬°Claro!", dijo Bambi.

"¡Atrápame!" La liebre saltó de la roca a la hierba, alejándose a saltos. Bambi era un poco más rápido corriendo y saltando, pero Hare era mejor escondiéndose, así que los dos se lo pasaron bien.

Encima de las flores, una alta y esponjosa cola blanca y negra se deslizaba hacia ellos. "¬°Por qu√©, reconocer√≠a esa cola en cualquier lugar!" dijo Hare. "Es mi amigo Zorrilla. Est√° debajo de las flores. ¬ŅSkunk?" Y efectivamente, apareci√≥ una cabeza blanca y negra.

"Este es Bambi", dijo Hare. Pronto los tres estuvieron explorando el prado, oliendo sus ricos y profundos olores.

Despu√©s de un tiempo, Hare y Skunk tuvieron que volver a casa. Bambi mir√≥ a su alrededor. "¬°Madre! ¬ŅD√≥nde est√°s?" Al otro lado del prado la vio, con una criatura que se parec√≠a a ella.

"Bambi, ven a conocer a mi hermana Ena", llam√≥ la madre de Bambi. "Y a sus dos peque√Īos". Bambi se acerc√≥ de un salto. Dos cervatillos, la peque√Īa Faline y su hermano Gobo, corr√≠an entre las piernas de su madre.

Faline dio un salto y aterrizó justo delante de Bambi, luego saltó hacia Gobo. Con cuidado, Bambi se acercó a ella. Faline saltó a un lado y Gobo la siguió. Pronto los tres se persiguieron por la hierba.

"Ahora salid a jugar, todos", dijo la madre de Bambi.

A partir de entonces, los tres jóvenes ciervos jugaban y charlaban. Corrían y se perseguían, mordisqueaban muchas fresas y arándanos en los arbustos, y a veces simplemente hablaban.

Un d√≠a, Bambi dijo: "¬ŅSabes lo que significa el peligro?".

"Algo muy malo", susurró Gobo.

"¬ŅPero qu√© es?", dijo Bambi.

"Yo sé lo que es el peligro", dijo Faline. "Es aquello de lo que se huye". Pero pronto volvieron a perseguirse y a jugar.

La madre de Bambi y Ena se acercaron. "Vamos", dijeron. "Es hora de ir a casa".

A lo lejos, en la cima de una colina, aparecieron dos grandes ciervos orgullosos, con enormes cabezas de astas.

Volvi√©ndose hacia ellos, Faline dijo: "¬ŅQui√©nes son?"

"Son vuestros padres", dijo Ena.

"Si eres inteligente y no corres peligro", dijo la madre de Bambi a su hijo, "alg√ļn d√≠a crecer√°s tan grande y guapo como tu padre. Y tambi√©n tendr√°s grandes cuernos". El coraz√≥n de Bambi se hinch√≥ de orgullo.

A medida que Bambi crecía, aprendió a olfatear el aire. Podía saber si su amigo Hare se acercaba, o si un zorro acababa de pasar trotando. Podía saber si iba a llover pronto.

Una tarde se desató una fuerte tormenta. Los relámpagos brillaron y los truenos estallaron. Bambi pensó que había llegado el fin del mundo. Pero cuando estaba al lado de su madre, se sentía seguro.

Un d√≠a, cuando Bambi paseaba por el bosque, se encontr√≥ con un olor fuerte y desagradable. Curioso, lo sigui√≥. Le llev√≥ a un claro, donde se encontraba una extra√Īa criatura. Nunca hab√≠a visto una criatura as√≠. Se levantaba sobre sus patas traseras y en sus dos brazos sosten√≠a algo largo y negro, ¬Ņpodr√≠a ser una tercera pata? El olor de la criatura le llen√≥ de terror. La criatura levant√≥ su largo brazo negro. En un instante, la madre de Bambi se precipit√≥ hacia √©l.

"¬°Corre, Bambi, corre! Tan r√°pido como puedas".

La madre de Bambi salt√≥ por encima de arbustos y matorrales. √Čl sigui√≥ su ritmo hasta que volvieron a su frondoso hogar.

M√°s tarde, la madre de Bambi dijo: "¬ŅHas visto al Humano?" Bambi asinti√≥ con la cabeza. "Ese es el que trae el peligro", dijo ella. Y ambos se estremecieron.

Bambi seguía creciendo. La primera vez que se despertó y vio que su madre no estaba a su lado, se asustó. Era de madrugada y todavía estaba oscuro. "¡Madre! Madre!", gritó. Una gran sombra se acercó, más grande que la de su madre. De pie ante un charco de luz de luna, un Gran Viejo Buck parecía orgulloso y severo.

"¬ŅA qui√©n llamas?", dijo el Buck con el ce√Īo fruncido. "¬ŅNo puedes cuidar de ti mismo?" Bambi no se atrevi√≥ a contestar. Baj√≥ la cabeza avergonzado. "Mira hacia arriba", dijo el Viejo Buck, "Esc√ļchame. Observa. Huele. Averigua por ti mismo. Estar√°s bien por ti mismo".

Las hojas cayeron y Bambi creci√≥ a√ļn m√°s.

Su madre empezó a dejarle cada vez más solo, permitiéndole conocer a otros ciervos y criaturas del bosque. Faline, Gobo, Hare y Skunk seguían siendo los mejores amigos de Bambi, pero también le resultaba fascinante observar a otras criaturas y a veces se divertía jugando con ellas.

Un h√ļmedo d√≠a de invierno, el terrible olor de los humanos recorri√≥ el bosque. El olor era tan fuerte que ten√≠a que haber muchos humanos en un grupo. La mayor√≠a de los animales huyeron r√°pidamente del peligro. Pero algunos no tuvieron tanta suerte. Con el fuerte ruido y el gran poder del cazador, muchos animales murieron y uno de ellos fue la madre de Bambi.

Despu√©s de ese terrible d√≠a, Bambi se sinti√≥ perdido. Anduvo de un lado a otro. ¬ŅC√≥mo pudo ocurrir algo tan horrible? De repente, el Gran Viejo Buck se puso delante de √©l.

"¬ŅEstabas en la pradera cuando ocurri√≥?", dijo el Viejo Buck.

"Sí", dijo Bambi.

De repente, Bambi se sintió lleno de valor. "¡Puedo cuidarme solo!", dijo, levantando la vista.

El Gran Viejo Buck sonri√≥. "Esc√ļchame", dijo. "Huele. Observa. Aprende a vivir y ten cuidado. Desc√ļbrelo por ti mismo. Ahora, adi√≥s". Y desapareci√≥ en el profundo bosque.

Llegó el invierno. Fuertes y amargos vientos fríos barrieron el bosque. La nieve profunda cubría el suelo del bosque. Había poca comida. Bambi sentía hambre y frío todo el tiempo. Casi toda la corteza de los árboles había sido arrancada por los ciervos hambrientos. Sin embargo, el viento frío seguía azotando, día tras día.

Gobo siempre hab√≠a sido m√°s peque√Īo que Bambi y Feline. Temblaba todo el tiempo. Ya casi no pod√≠a mantenerse en pie.

Un día, una bandada de cuervos voló por encima de él, gritando con fuerza. "¡Caw! ¡Caw!" Los gansos también pusieron el grito en el cielo: "¡Gawk! Gawk!" Avisaban de la llegada de los humanos, ¡otra vez!

Las liebres saltaron alarmadas. "¬°Estamos rodeados! Est√°n por todas partes!" Un solo estruendo se escuch√≥ como un trueno, y un ganso cay√≥ del cielo. Todos los animales corrieron como locos, incluso el peque√Īo rat√≥n hormiguero. Otro breve estruendo como un trueno, y un zorro cay√≥ al suelo del bosque. ¬°Bang! ¬°Bang!

Hare grit√≥ a Bambi: "¬°Tenemos que salir de aqu√≠!". Bambi y Hare comenzaron a alejarse. ¬ŅPero era Gobo el que estaba tirado en la nieve?

"¬°Gobo!", dijo Bambi. "¬ŅD√≥nde est√°n tu madre y Faline?"

"Me he ca√≠do", dijo Gobo. "Estoy muy d√©bil. Sigue t√ļ, Bambi".

Otro joven ciervo pasó saltando. "¡Bambi, corre! No te quedes ahí parado si puedes correr". Salió como el viento, y mientras Bambi corría, llamó detrás de él: "¡Volveré a por ti, Gobo!" Bambi corrió y corrió. Pronto el sonido que retumbaba tan fuerte como un trueno se hizo más y más lejano.

Cuando Bambi volvi√≥ al lugar donde hab√≠a estado Gobo, no hab√≠a rastro de √©l, ni siquiera sus huellas. S√≥lo grandes huellas. Faline y su madre se paseaban por el lugar. "¬ŅQu√© ha sido de √©l?", se lamentaba Ena. Pero todas lo sab√≠an. Pod√≠an olerlo. Un humano hab√≠a venido y se hab√≠a llevado a Gobo.

Pasaron semanas. Por fin, peque√Īos brotes de hierba verde fresca aparecieron entre la nieve. Luego, m√°s y m√°s mechones verdes. Lo que quedaba de la nieve se derriti√≥. En la cabeza de Bambi, pod√≠a sentir el peso de su cornamenta que crec√≠a r√°pidamente.

Cuando los √°rboles y los arbustos se volvieron verdes y el tiempo se calent√≥, todos los animales empezaron a actuar de forma extra√Īa. Los p√°jaros revoloteaban de dos en dos. Muchas criaturas grandes y peque√Īas iban en pareja. Su amigo Zorrilla se pasaba todo el tiempo con una chica zorrillo y apenas se fijaba en Bambi. Incluso su amigo Liebre parec√≠a aturdido, siempre mirando a una liebre chica y golpeando su pie.

"¬ŅQu√© ha pasado con mis amigos?", dijo Bambi. "Estoy sola". Se oy√≥ un crujido en las hojas detr√°s de √©l. All√≠ estaba Faline, pero ya era mayor, como √©l. Cada uno de ellos pensaba: "¬°Qu√© diferentes se ven!". Se miraron y sonrieron.

"Hacía mucho tiempo que no nos veíamos", dijo Faline.

"S√≠, lo s√©", dijo Bambi. Hablaron de los viejos tiempos. "¬ŅRecuerdas haber jugado a la comba en el prado?", dijo uno. "¬ŅTe acuerdas de todas las bayas de los arbustos que com√≠amos?", dijo el otro. Los dos parec√≠an entenderse perfectamente.

Un ciervo gordo se acercó a ellos, olfateando el aire.

"Hermana, ¬Ņno me conoces?"

Faline y Bambi se volvieron asombrados. "¡Gobó!" Se abalanzaron hacia él con alegría.

"¡Así que no estás muerto!", dijo Bambi.

"¬ŅD√≥nde has estado?", dijo Faline.

Gobo cont√≥ su historia. "Estuve con un humano. He visto mucho m√°s que el resto de vosotros, todos juntos". Los perros lo hab√≠an encontrado cuando yac√≠a en la nieve, y ladraban. El Humano vino y llev√≥ a Gobo al lugar donde viv√≠a. "Dentro hac√≠a tanto calor como en verano", dijo Gobo. "Puede llover fuera, pero no dentro, donde viven los humanos. Siempre est√° seco y c√°lido. Y adem√°s, siempre hay algo que comer: nabos, heno, patatas, zanahorias... √Īam".

"¬ŅPero no ten√≠as miedo?", dijo Faline.

"No, el Humano no me har√≠a da√Īo. Si te quiere, o si le ayudas, es bueno contigo", dijo Gobo. "All√≠ todos me quer√≠an. Los ni√Īos me acariciaban".

El Gran Viejo Buck sali√≥ de los arbustos. "¬ŅQu√© clase de banda es la que llevas en el cuello?"

"Es un cabestro que llevo", dijo Gobo. "Es un gran honor llevar el cabestro del Humano".

"¬°C√°llate!" dijo el Gran Viejo Buck. "Pobrecito". Se dio la vuelta y se fue.

Un día, cuando Gobo y Bambi estaban juntos, olieron el olor de un Humano. "¡Debemos escondernos de inmediato!", dijo Bambi. "No hace falta", dijo Gobo. "Los Humanos me conocen". Entonces, de repente, ¡un fuerte golpe! Y Gobo cayó al suelo.

Afortunadamente, el Humano nunca vino a por Gobo. En cambio, cuando el olor del Humano se alej√≥, Bambi llev√≥ a su amigo a un lugar frondoso donde pudiera descansar y estar fuera de peligro. Bambi sab√≠a qu√© hierbas sol√≠a comer su madre para curar m√°s r√°pido una herida. Mientras le llevaba las hierbas a Gobo, se pregunt√≥: "¬ŅPor qu√© siempre nos tiene que pasar esto?". Bambi pens√≥ en el Gran Viejo Buck que hab√≠a dicho: "Aver√≠gualo t√ļ mismo". ¬ŅAveriguar qu√©?

Faline y Ena le llevaban comida a Gobo y lo visitaban durante horas. Bambi tambi√©n vino a menudo, hasta que Gobo se cur√≥. Las palabras del Gran Viejo Buck a√ļn estaban frescas en su cabeza: "Aprende a vivir y ten cuidado". Bambi empezaba a entender.

Las estaciones iban y ven√≠an. Bambi creci√≥ a√ļn m√°s. Su cornamenta ya estaba casi completa. Un d√≠a, Bambi percibi√≥ un nuevo olor de advertencia en el aire. Era un olor caliente y ahumado. Una bandada de cuervos se precipit√≥ sobre √©l, graznando fuertemente. ¬°Fuego!

Al instante, los animales salieron corriendo, corriendo, tan rápido como pudieron. No era fácil huir del fuego. A veces parecía que se precipitaba desde distintas direcciones. Después de que pasaran horas de llamas y humo, el fuego empezó a amainar por fin. El olor del fuego también se desvanecía.

El Gran Viejo Buck se puso delante de Bambi. Su cabeza era gris ahora, pero todav√≠a llevaba sus cuernos con orgullo. "Acomp√°√Īame", dijo de forma seria. "Quiero mostrarte algo antes de irme".

Condujo a Bambi a través del bosque hasta una aldea quemada. Junto con el olor del fuego estaba el mismo olor horrible de los humanos que había enviado el terror a sus corazones una y otra vez.

"No te asustes", dijo el Viejo Buck. Se acercaron cada vez más a la aldea. "Mira, Bambi", dijo. Allí, frente a ellos, había docenas de chozas. Cada una estaba quemada, algunas casi hasta el suelo, otras quemadas en su mayor parte en el techo. El pueblo estaba vacío.

"Ya ves, Bambi", dijo el Viejo Buck. "Las casas de los Humanos se queman por el fuego igual que los lugares donde nos quedamos en el bosque. El Humano no est√° por encima de nosotros. Somos iguales. ¬ŅMe entiendes, Bambi?"

"El fuego quema los bosques donde vivimos, y también quema las aldeas de los Humanos", dijo Bambi. "No somos tan diferentes de los humanos".

"Ambos vivimos bajo los mismos grandes poderes en este mundo", dijo el Gran Viejo Buck.

"Sí", dijo Bambi.

"Ahora puedo irme", dijo el Gran Viejo Buck. "No me sigas. Mi tiempo se ha acabado. Adiós, hijo mío, te quiero mucho".

Ahora Bambi se hab√≠a convertido en un Buck completo. Su cornamenta ten√≠a p√ļas y brillaba al sol.

A veces visitaba el rincón del bosque donde había pasado su infancia. Algunos de los senderos todavía estaban allí. Una vez, mientras paseaba por allí, vio a Gobo y a su hermana, Faline. Cuando vio a Faline, su corazón se aceleró. Quiso correr hacia ella. La persiguió con la mirada. Finalmente, ella se fue. Entonces oyó la llamada de dos cervatillos.

"¬°Madre! Madre!", llamaron.

"¬ŅNo pod√©is quedaros solos?", dijo Bambi. Los hermanitos estaban demasiado asombrados por el gran Buck como para responder. Bambi pens√≥, este peque√Īo me recuerda la cara del ciervo que ve√≠a cuando miraba en el arroyo hace a√Īos. Tal vez me lo vuelva a encontrar. La peque√Īa tambi√©n es simp√°tica. Faline se ve√≠a as√≠ una vez.

"Escuchadme", dijo Bambi a los dos cervatillos. "Debéis mirar y escuchar. Descubridlo por vosotros mismos. Estaréis bien por vuestra cuenta".

Preguntas para pensar y compartir:

Pregunta 1: Gobo confi√≥ en todos los Humanos porque uno de ellos fue amable. ¬ŅC√≥mo puedes saber cu√°ndo es seguro confiar en alguien?

Pregunta 2: ¬ŅQu√© quiso decir el Gran Viejo Buck cuando le dijo a Bambi: "Todos vivimos bajo los mismos grandes poderes en este mundo"?

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