El tiempo pasa muy rápido como bien comprueban todas aquellas personas mayores que sienten cierto vértigo al echar la vista atrás y observar todo lo que han vivido pero a la vez, la brevedad de la existencia.

Este es uno de los grandes misterios filosóficos y es que, mientras que el cuerpo envejece con los años, por el contrario, la mente en cierto modo puede llegar a mejorar como consecuencia de las vivencias.

Pues bien, el tiempo pasa rápido también a nivel social, por ello, conviene destacar que se ha celebrado el treinta aniversario de la celebración del divorcio en España. Una fecha que supuso un punto de inflexión en el modo de entender el amor y las relaciones de pareja. Lo cierto es que el divorcio también plantea un debate moral importante para aquellas personas que son religiosas y tienen profundos valores en relación con la eternidad del amor y la importancia de un compromiso sólido para toda la vida. Más allá de esta cuestión, me gustaría reflexionar simplemente, en cómo el divorcio ha influido también en otro tema: los hijos.

Es evidente que una separación resulta todavía más complicada en el caso de aquellas parejas que tienen hijos en común. Cuando una pareja no tiene niños, puede romper el vínculo con mucha más facilidad desde un punto de vista emocional. En cambio, cuando hay niños en común, es necesario tener buena voluntad para dialogar, llegar a acuerdos y fomentar la comunicación cuando seguramente, sea muy difícil puesto que una ruptura implica dolor y heridas que están mal curadas.

La custodia compartida o la figura del mediador familiar ayudan más de lo que parece en la normalización del proceso de divorcio en relación con el cuidado de los niños. En definitiva, este año se celebra el treinta aniversario de una ley que hizo historia. En cualquier caso, no debemos olvidar que una ruptura causa dolor, decepción, tristeza y rabia.