¿Hay que premiar a los niños siempre?

Cuando un niño trae a casa buenas notas, participa en las tareas domésticas o muestra buen comportamiento, ¿debe ser premiado?

Hay muchas maneras de recompensar, ya sea en forma material, monetaria o moral, y no todas son iguales.

El sistema de motivación externo

¿A veces deseas que tu hijo cambie su comportamiento o quieres fomentar un comportamiento que no tiene? Por ejemplo, cuando tu hijo no tiene motivación para hacer lo que le pides, como guardar los juguetes antes de hacer los deberes.

Si su desorden no le molesta, será reacio a hacerlo. La intervención temporal de un motivador externo puede entonces ser efectiva. Consiste en prometerle a cambio algo que le haga feliz, como jugar juntos o hacer un pastel de chocolate. Pero, no se trata de recompensarle cada vez, el objetivo es animarle a mantener el compromiso hasta que se acostumbre. Son unas dos o tres semanas.

¿Cómo funciona? Escribes pequeñas cruces en una tabla de motivación (hay una amplia elección en Internet) para cada uno de tus logros... y la recompensa se basa en el número de cruces obtenidas. El número de cruces necesarias para obtener la recompensa varía según la edad del niño, entre 5 y 7 para los más jóvenes, alrededor de 20 para los adolescentes. Es una forma divertida de motivarlo y, en principio, al final de este período, hará las cosas por sí mismo, por el automatismo, su esfuerzo ya no tendrá que ser recompensado.

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La recompensa puntual

Para ser eficaz, la recompensa no tiene que ser sistemática. Por ejemplo, si obtiene buenas notas de forma espontánea, no hay necesidad de felicitarlo más que con palabras que demuestren tu satisfacción. De lo contrario, se corre el riesgo de que sólo haga las cosas por interés propio y entre en un sistema de negociación o incluso de chantaje permanente. Pero tu pequeño debe entender que es normal colaborar en casa o trabajar en la escuela.

La recompensa sólo debe ser única, excepcional para una petición igual de excepcional. Por ejemplo, si le pides que haga un verdadero esfuerzo en clase o que haga un trabajo determinado, como recoger las hojas o limpiar el coche, y lo hace sin dudarlo.

Diálogo, comprensión

¿No hace las cosas por su cuenta? Antes de blanquear una zanahoria con la esperanza de influir en su comportamiento, lo importante es establecer un diálogo para entender de dónde viene su negativa. Si hablas con él, puede que descubras que esta tarea en particular es algo que no quiere hacer, que se siente muy cansado o que estaba concentrado en otra cosa.

El mismo proceso con respecto a sus resultados escolares: ¿por qué tiene dificultades? ¿Está trabajando y no puede lograr los objetivos? Tal vez haya un problema que lo esté frenando, como un desorden disléxico o un malentendido con su profesor. En caso de duda, pide una cita con un especialista. Esto puede ser mucho más efectivo que una recompensa.

Por otro lado, si tu hijo no se involucra porque no le interesa la escuela o prefiere pasar tiempo con su Tablet, el sistema de motivación externo (por ejemplo, una tabla de motivación) puede ayudarle a cambiar su actitud.

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La valoración del esfuerzo sobre el resultado

Los padres suelen recompensar las buenas notas, pero, es el progreso el que debe ser elogiado: Anima y valora el trabajo y el esfuerzo, no el resultado.

Tipos de Recompensas

Aunque los niños suelen preferir el dinero o el tiempo extra de pantalla, lo ideal sería que la recompensa fuera en forma de compartir. Así que hablemos con él de antemano sobre lo que le gustaría: jugar, ir de paseo, al cine o de compras, la idea es disfrutar del momento juntos.

Reconocimiento moral

Tu hijo necesita sentirse apoyado y estimulado. Así que, si trabaja bien en el colegio, ayuda en la casa y se comportan bien, no hay necesidad de recompensarlos sistemáticamente. Lo importante, es mostrarle que estás feliz y orgullosa y demostrarlo con un abrazo o con frases como "Gracias, es genial lo que has hecho", "Me alegro de que pongas la mesa por la noche", "Tengo suerte de tener un niño que pone su ropa sucia en el cesto" o “Es agradable tener una niña que se ducha sin alboroto". En resumen, estás agradecido por todas las cosas buenas que hace porque, a pesar de todo, siempre le cuesta un esfuerzo.

Finalmente, no olvides mostrarle que lo amas tal como es, que no quieres que sea otra persona o que cada vez lo haga mejor, o que hay un premio que se debe recoger al final. Ser consciente de esto lo calmará, le dará confianza en sí mismo y naturalmente le hará querer progresar.

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