Cómo elegir las gafas de sol para tu bebé

Los ojos de los niños son muy sensibles: el cristalino (que, entre otras cosas, protege la retina en los adultos) aún no está maduro y antes del año de edad no se puede filtrar el 90% de los rayos UVA y más del 50% de los UVB. Por ello, es imprescindible elegir unas gafas de sol de buena calidad para los bebés. He aquí algunos criterios esenciales... ¡y algunos consejos para ayudar a los bebés a aceptar el uso de gafas!

Elección de las gafas de sol para bebés: el factor de protección

Evita las gafas de sol baratas para bebés: proteger los ojos del bebé del sol requiere una atención especial, sobre todo en actividades al aire libre en las que el niño no estará constantemente a cubierto y tendrá regularmente el sol en sus ojos.

Comprueba el marcado CE, la norma europea indicada en la etiqueta, y asegúrate de que el índice de protección es al menos 3, siendo el ideal 4, el más alto, que absorbe entre el 92% y el 97% de la luz y bloquea el 100% de los rayos UVA y UVB. Hay que mencionar la garantía de "protección UV estándar" para los rayos UVA y UVB.

Ten en cuenta que las gafas de sol con cristales rayados ya no ofrecen una protección eficaz contra los rayos UV. La mejor manera de cuidarlas es pasarlas por agua fría y jabón y limpiarlas con un paño adecuado.

A la hora de comprar unas gafas de sol, es necesario acudir a un óptico para asegurarse de que los cristales no han sido "tintados", sino que tienen una protección adecuada contra los rayos UVA y UVB.

Elegir las gafas de sol del bebé: la montura

La elección de las monturas debe corresponder a la morfología de tu bebé y ser suficientemente envolvente. Comprueba que se ajustan bien a la nariz y detrás de las orejas, así como a la parte superior de la montura, que debe seguir la cara de tu hijo alrededor de las cejas para que los rayos UV no penetren allí. Los lados del marco también deben ser lo suficientemente anchos. Las monturas para niños muy pequeños suelen ser curvadas, lo que proporciona una protección óptima, sobre todo en los laterales: las patillas no son necesariamente curvadas en la parte posterior de las orejas, sino rectas, para no molestar a las sensibles orejas de los bebés. Se mantienen en su sitio mediante la presión temporal, pero esto a veces puede resultar incómodo. Algunos fabricantes ofrecen un sistema de cinta elástica para la cabeza. Eso sí, ten cuidado de ajustarlo para que las gafas no queden comprimidas en la cara de tu pequeño.

A la hora de elegir unas gafas de sol para tu bebé, ten en cuenta que hay diferentes tamaños: una montura demasiado pequeña, al igual que una demasiado grande, tenderá a salirse.

Hasta los 2 años, los bebés no tienen puente nasal. Por ello, sus gafas deben tener una forma redondeada para adaptarse a su nariz: algunas monturas están parcialmente recubiertas de silicona para evitar que se deslicen.

Ahora hay monturas con patillas flexibles, diseñadas para resistir los golpes y no hacer daño en caso de caída. Algunos modelos, para niños más pequeños, no tienen bisagra, por lo que no se pueden cerrar, pero son seguros. Por último, un cordón o una banda elástica ayudarán a evitar que se pierdan.

En cuanto a las lentes de las gafas de sol para bebés, el policarbonato ofrece la mejor protección y, sobre todo, un detalle práctico, estas lentes son ultrarresistentes a los impactos y son muy ligeras.

Algunos consejos para que tu bebé se adapte a sus gafas

  • Usa gafas de sol: ¡a los niños les encanta imitar!
  • Muéstrale a tu hijo la diferencia de comodidad con y sin gafas, bajo el sol.
  • Si tu hijo quiere manipularlas en casa, dile que no son un juguete, pero enséñale a cuidarlas: se aficionará a ellas con más facilidad.
  • Para los más pequeños que se niegan rotundamente, comprueba la comodidad de la montura y, si es necesario, pasa las patillas por encima de la gorra o el sombrero.

Por último, no olvides que un cielo nublado deja pasar más del 90% de los rayos UV: protege a tus hijos aunque no les dé el sol en los ojos. No olvides el mejor aliado de las gafas de sol: un sombrero de ala ancha o una gorra con visera envolvente. Siempre que sea posible, coloca al niño de espaldas al sol.

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