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Cuentos para Halloween - Un Viaje Monstruposo

monstruo

Luis iba y venía llevando sus tesoros. Cogió la pelota y la metió en el coche. Luego, el casco espacial. Después el perro de la oreja partida. No podía irse de vacaciones sin él. Tres cromos, dos piedras. y otra pelota, por si acaso.

- ¡Nos vamos de viaje, vaquero!- dijo la mamá, tapándole los ojos con el sombrero.

Luis, de un salto, se colocó en el asiento de atrás.

- Y ahora, te abrocharé el cinturón.

- ¡No, no, no quiero!- protestó Luis-. ¡Si me atas, me voy a aburrir, me voy a marear y me pondré muy pesado!,¡No pienso usar el cin.!

- ¡Lo siento, te he atrapado!- exclamó el papá con una sonrisa, y le ajusto el cinturón, bien ajustado y añadió:

- Eres nuestro prisionero y no permitiremos que te escapes. ¿Entendido?

El motor del coche rugió, pero más rugió Luis. Estaba enfadado, furioso de verdad. Prisionero. aquello no era posible.

Luis pensó y pensó hasta que encontró la respuesta. Claro, se había equivocado de coche. Se había subido al de unos horribles Mónstupos. (que son peores que los monstruos corrientes).

¡ Eso era! había caído en las garras de una familia de mónstrupos.

Intento zafarse, pero no pudo. El coche siguió rodando carretera abajo hasta que se detuvo a un lado del camino. Luis rojo de rabieta, aprovechó para chillar bien fuerte:

- ¡Eh, Mónstrupos malvados y espantosos!, si no me soltáis esas serpientes negras os van a comer y. La señora Mónstrupo soltó una carcajada y movió su cabeza llena de pelos de un lado al otro.

Las serpientes negras la saludaron y bailaron a su alrededor. ¡Parecían tan amigables!

El coche se puso en marcha otra vez. Pero al llegar a una curva se detuvo. Algo estaba entorpeciendo el paso.

Luis, sin perder un segundo, aprovechó para gritar:

- ¡Eh, Mónstrupos odiosos y asquerosos! Si no me soltáis, el dragón Trompidientes os va a levantar por el aire y, y, y. os va a tirar a los cocodrilos!

El señor Mónstrupo echó humo por la boca y movió su cabeza con pocos pelos de un lado al otro.

El dragón Trompidientes no hizo ni caso. Los cocodrilos le daban unos trozos de azúcar gigantes que guardaban en el interior del foso. El los cogía y se los llevaba.

¡Parecía tan contento! Debía de ser su Cumpleaños.

Al poco tiempo, el coche emprendió viaje nuevamente. Y el pobre Luis atado y bien atado.

De repente, de un bosquecillo surgió un cuernosaurio. Pero no venía solo ¡qué va! Una cuernosauria, un cuernosaurito y, detrás, cientos de cuernosaurios cruzaban las autopista sin pestañear.

El coche frenó y Luis aprovecho para amenazar.

- ¡Eh Mónstrupos feos y salvajes! Si no me soltáis, los cuernosaurios os van a hacer puré!

A los señores Mónstrupos les dio por cantar mientras esperaban. Daban palmas, chasqueaban la lengua y se movían como si les picase algo. Era un espectáculo realmente monstruposo.

Los cuernosaurios, asustados, se escaparon sin decir ni MU. Entonces, el motor del coche volvió a bufar y continuaron su camino. Luis molestó y molestó durante la mitad del viaje. Pero nadie pudo liberarle de sus raptores. Ni los piratas con gafas, ni el guardián de las galaxias, ni las panteras rodantes.

Así que Luis pensó que estos Mónstrupos eran realmente poderosos.

Y, cansado se durmió.

- ¡Vamos vaquero, despierta! ¡Hemos llegado!- dijo mamá, ayudándole a bajar del coche.

Luis parpadeó varias veces. No salía de su asombro. Allí estaba la casa de su abuela y también el árbol de trepar, estaba la bici y también estaba el mar.

Luis preguntó muy intrigado:

- ¿Y entonces, quién me salvó de los horribles Mónstrupos?

- Nosotros- contestó papá y echó humo por la boca.

- Qué malos eran, pero qué malos!, ¿verdad hijo?- dijo mamá y movió su cabeza llena de pelos de un lado al otro.

- Sí, un poco malos. vaya. pero ya les he perdonado. lo peor es que cantaban fatal.

Luis se rió, dio un beso a mamá, abrazó las piernas de papá y salió corriendo hacia la playa.

Este cuento ha sido enviado por Soledad M.