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Las fiestas populares Canarias tienen un marcado carácter estacional, ligado al ciclo festivo del Año. Muchas de estas manifestaciones populares adquieren una señas de identidad que difieren de un lugar a otro, dependiendo del contexto lugar donde se desarrollan.

El ciclo festivo en Canarias estuvo íntimamente ligado al trabajo y a las tareas del campo que comienzan, todavía en la actualidad, alrededor de los meses de septiembre y octubre. Tras la vendimia, tarea que se prodiga abundantemente por todo el Norte de la Isla de Tenerife, le siguen la preparación de los terrenos: arar, surquear, barbechear y la siembra de papas o de trigo y centeno; hoy reducida esta última a pequeños núcleos rurales que se resisten a perder el grano “del país” como bien dicen los agricultores isleños. Semillas que una vez tostadas, destinan a producir su propio gofio que manufacturan en los todavía abundantes molinos de las Islas. Del cultivo de los cereales, amén del grano, aún se sigue
aprovechando la paja para confeccionar objetos artesanos - taños, balayos, harneros o “jarneros”-, albardas como las que realiza don Domingo Mesa en la Cruz Santa, Los Realejos, o para el “tapumen”, cubierta vegetal de los pajares o pajales de las medianías del Valle de La Orotava.

Estas prácticas agrícolas, que no son iguales en todo el Norte de la isla de Tenerife, dependen principalmente de la ubicación, orientación, altitud de los cultivos y de la presencia o no de agua para los mismos.

Desgraciadamente la perdida de la agricultura y la ganadería, los modos de vida de una sociedad eminentemente agraria hasta hace no muchas décadas en Canarias, en detrimento de la construcción y el sector servicio ligado íntimamente al turismo, genera en las islas unos cambios de usos y costumbres que inciden directamente en la cultura popular y por tanto en las manifestaciones festivas.

En este sentido, los centros de enseñanza y la comunidad educativa en general deben desempeñar un papel primordial al tratar de evitar que nuestras señas de identidad desaparezcan o se vean desplazadas a un segundo término por la “globalización cultural”.

 Los centros de enseñanza, desde el ámbito en que desarrollan su práctica docente, deben dedicar especial atención al fomento y conocimiento de nuestras señas de identidad como pueblo. Motivando a toda la comunidad educativa y, en especial al alumnado, a indagar e investigar en nuestras raíces culturales como vía para reconocer nuestra propia idiosincrasia, en definitiva, el estar orgullosos de “sentirnos canarios”.

Posiblemente una de las vías a utilizar para acercarnos y conocer múltiples manifestaciones populares del Archipiélago sea a través de las fiestas, hecho lúdico que va a motivar cualquier acción didáctica en los centros, despertando el interés del alumnado.

Tras las vendimias que se fueron repartiendo a lo largo de todo el verano hasta bien entrado el mes de octubre, viene un periodo de reposo de esos caldos que se “abren” por el mes de noviembre; en la isla de El Hierro por el día todos los Santos y en Tenerife, en el Norte, por el día de San Andrés.

Estamos frente a una fecha significativa donde confluyen diversos elementos simbólicos, festivos y gastronómicos. A la apertura de las bodegas junto al consumo de castañas que todavía abundan en las medianías del norte de Tenerife y partes altas del sur de la Isla, gracias a la conservación de los numerosos castañeros, se le suman una serie de manifestaciones populares donde el ruido es el denominador común y los chiquillos y chiquillas de nuestros pueblos los principales protagonistas.

Múltiples han sido y son los interrogantes en torno a esta efeméride y pocos los trabajos realizados al respecto. Con esta intención, y tomando como base un importante trabajo sobre nuestras fiestas populares realizado por el antropólogo y catedrático de la Universidad de La Laguna, don Alberto Galván Tudela vamos a fundamentar los orígenes de esta fiesta de San Andrés.

La Fiesta de San Andrés, la noche del 29 al 30 de noviembre, “se tapan” los vinos en Canarias. Hecho que marca la culminación de la fermentación de los caldos. A partir de aquí, los cascos de vino con tapas de corcho o trozos de tabaiba envuelta en tela de saco marcan la época de su consumo. Acompañando este hecho, aparecen en las calles de los pueblos del Valle de La Orotava decenas de chiquillos tirando de “los cacharros”, latas de conservas enhebradas con un alambre o “verga” –los más “zangalotes” con neveras, bidones y hasta coches viejos-, haciendo ruido por el rozamiento de éstos con los adoquines o el asfalto. Esta manifestación tiene algunas variantes, según los pueblos, en función
del material utilizado para producir el ruido. Tal es el caso de San Juan de La Rambla, La Guancha o Icod de Los Vinos, donde “los cacharros” son sustituidos por el denominado “carro de San Andrés” o “las tablas” -madera untada con grasa o cera para permitir su deslizamiento- de diferentes tamaños en función del número de personas que montadas sobre ellas se “tiran” por las pendientes calles de adoquín. Menos conocido, pero también presente en zonas como La Corujera en Santa Úrsula, son los “carros de madera con ruedas de rodillos”. Podemos decir que estamos ante una fiesta de carácter comunitario donde las familias y amigos –y los chiquillos y chiquillas- se reúnen en torno a un brasero donde se tuestan las castañas o se guisan con agua, sal y matalaúva que se acompañan con un buen mojo, un pedazo de pescado salado o sardina y batatas del país.

Son múltiples y de diferente origen las versiones sobre el inicio de esta festividad. Unas de carácter religioso, como la que sostiene que “San Andrés era <cojo>, llegó  <borracho> y cargado de cacharros a fines de noviembre y no el día primero como todos los santos. Otros afirman que el santo cogió tal borrachera que se quedó dormido y hubo que despertarlo con el <ruido de cacharros> que <los niños> le habían colgado de sus ropas. Algunos curas ven una relación con el martirio del santo, en el que éste fue sacrificado y arrastrado. Por último hay quienes afirman que se trata de la institucionalización de una costumbre en las islas, por la cual durante la acción de las plagas de langostas se hacían correr cacharros para ahuyentarlas”.

Alberto Galván Tudela, en su trabajo sobre las Fiestas Populares en Canarias también apunta la posibilidad de una festividad asociada al vino y a los bodegueros, “...Una vez hecho el mosto, éste se deja fermentar en un tonel y se le deja reposar ocho o diez días. A partir de entonces, el vino se pasa a otro tonel que debe estar limpio. Tal limpieza se realizaba con una lejía especial extraída de algunas plantas y con agua salada. Para conseguir el agua salada, bajaban desde las bodegas a la costa y limpiaban de esta forma los toneles, al menos en los primeros momentos. Debido a la inexistencia de medios de transporte apropiados los hacían rodar por las pendientes, y algunos incluso afirman que utilizaban unas tablas, <las corzas>,para evitar que se dañara la estructura del tonel”.

Sería alto interesante, que al margen de estas hipótesis que nos aporta este profesor, hagamos un esfuerzo en acercarnos a una práctica no muy frecuente a la hora de analizar y estudiar nuestras costumbres populares.

Nos referimos a la importancia que debe tener en nuestra metodología de trabajo la transmisión oral. Esa cultura de los viejitos y viejitas de las Islas, de las clases menos pudientes que los avatares de la historia le impidieron acercarse a la escuela para recibir una instrucción pública. Por suerte, estas mujeres y hombres supieron escuchar con atención y respeto a sus mayores y hoy, gracias a ellos, podemos acercarnos a conocer parte de nuestra historia, una historia que difícilmente se ve reflejada en las numerosas publicaciones que se editan anualmente en Canarias.

El rico folclore canario nos puede sorprender con numerosas producciones en torno a esta efeméride: poesías, romances, adivinanzas, cantares, bailes, juegos, gastronomía, medicina tradicional, artesanía,... para llegar a ellas, sin lugar a dudas está nuestra gente, las personas mayores que almacenan en su memoria gran cantidad de información a la que podemos acceder siempre con una actitud de respeto, confianza y agradecimiento. Dándoles siempre el protagonismo que se merecen haciéndoles partícipes de nuestra investigación, reconociendo en todo momento el papel de “maestros de la tierra” que desempeñan, transmitiendo sus vivencias y enseñando a nuestro alumnado. Con toda seguridad, al diseñar actividades de este tipo iremos logrando alumnas y alumnos más solidarios, respetuosos y orgullosos de nuestra cultura, de nuestra identidad.

Nota: el presente artículo solo pretende ser una reflexión personal sobre el papel de los docentes frente a la práctica educativa y como podríamos trabajar algunos aspectos de los contenidos canarios en el aula.

Apuntamos algunas ideas que podemos trabajar en el aula. En ningún caso pretenden ser ningún guión sistematizado para realizar ninguna investigación, solo unos apuntes de trabajo:“La cultura del castañero”: estudiar el árbol desde el punto de vista botánico, zonas de explotación, cuidados del castañero, los usos tradicionales del árbol, importancia a nivel gastronómico,... explorar el entorno para conocer los castañeros y su fruto y recoger materiales.

Jareado o las salazones de pescado”: sistemas de pesca, donde se realizan las salazones, cómo, quiénes, comercio, papel gastronómico del pescado jareado,...

“La cultura del vino”: cultivo, tipos de cultivo, proceso de elaboración del vino: producción tradicional y nuevas técnicas; almacenamiento: tipos, envasado, comercialización…

“Las batatas”: morfología de la planta, cómo es su cultivo, tipos de batatas, preparación, comercialización,...

“Los mojos”: elaboración: ingredientes, tipos de mojos, usos de los mismos, acompañamiento; tipos de pimientas: realizar semilleros, analizar de donde vienen los ingredientes,...

La fiesta de San Andrés”:

• Investigar los antecedentes históricos y de tradición oral de la fiesta.
• Costumbres en torno a la misma según los pueblos.
• El folclore propio de esta efeméride.
• Singularidades de la fiesta.
• Estudio y construcción de los elementos tradicionales característicos de la fiesta: braseros, tostadores y compararlos con los utilizados en la actualidad.
• Taller para elaborar las “tablas”, “carros de rodillos”, “cacharros”...
• Realizar intercambios con otros colegios donde se desarrolle la fiesta de otra manera o solicitar la información.
• Talleres de educación ambiental: reutilización de las basuras.
• Montar talleres para trabajar la prosa y la poesía en torno a este tema...

Rafael C. Gómez León. . Programa Contenidos Canarios.
Unidad de Programas de Innovación Educativa. Dirección General de Ordenación e Innovación Educativa.
Consejería de Educación, Cultura y Deportes.