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Textos para hacer dictados, resúmenes, comentarios de textos

Texto 1

Las bombas caen en lluvia sobre las trincheras alemanas, las desmoronan, las escombran, las arrasan: Es un ciclón de fuego. Y la artillería teutona, sí responde rabiosa en unos parajes, en otros calla. Sus parapetos están llenos de muertos y los soldados, atónitos, huraños a los jefes, esperan el ataque de la infantería enemiga, sin una idea en la mente, ajenos a la victoria, ajenos a la esperanza. Una sima profunda se abre en aquellas almas ingenuas y bárbaras, otro tiempo llenas de fe. Los jefes sienten la muda repulsa del soldado, el desasimiento de la tierra invadida, el anhelo pacífico por volver a los hogares.

Texto de Valle Inclán, en el que describe un episodio de la guerra europea 1914-1918

Texto 2

Corremos a ofrecer nuestra adhesión y nuestros plácemes a los señores consejeros, gobernadores y subgobernadores de los bancos qué han expulsado a su personal por considerar como una falta de disciplina la solicitud de mejoras. Estamos poseídos de su misma indignación, y nos felicitamos de que la dependencia bancaria haya tropezado con la energía y la severidad de los elementos directores. ¿Qué se proponían los revoltosos? Desearíamos que nos lo explicasen. Veamos: ¿Qué os proponíais? ¡reclamar mejoras! ¿Para qué? ¿Es que pensabais lanzaros a una vida disoluta? ¿Proyectabais acaso comprar un traje nuevo, aumentar fantásticamente el número de garbanzos de vuestro cocido?

Texto de W. Fernández Flórez en el que ironiza a propósito de los banqueros qué en 1920 expulsaron a algunos empleados por haberse declarado en huelga.

Texto 3

La calle estaba oscura y no se veía un alma. Embozado en una capa vieja prestada por don Francisco de Quevedo, Diego Alatriste se detuvo junto a la tapia y echó un cauteloso vistazo. Un farol, había dicho Saldaña. En efecto, un pequeño farol encendido alumbraba la oquedad de un portillo, y al otro lado se adivinaba, entre las ramas de los árboles, el tejado sombrío de una casa. Era la hora menguada, cerca de la medianoche, cuando los vecinos gritaban agua va y arrojaban inmundicias por las ventanas, o los matones a sueldo y los salteadores acechaban a sus víctimas en la oscuridad de las calles desprovistas de alumbrado. Pero allí no había vecinos ni parecía haberlo sabido nunca; todo estaba en silencio. En cuanto a eventuales ladrones y asesinos. Diego Alatriste iba precavido. Además, desde muy temprana edad había aprendido un principio básico de la vida y la supervivencia: Si te empeñas, tú mismo puedes ser tan peligroso como cualquiera que se cruce en tu camino.

Texto de Arturo y Carlota Pérez Reverte, El Capitán Alatriste