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Cuentos infantiles - Vídeo Cuentos

El Hombrecillo de Papel

Para trabajar los valores humanos y el valor de la amistad

hombrecillo papel

Era una mañana de primavera, y una niña jugaba en su cuarto. Jugó con un tren, con una pelota y con un rompecabezas, pero pronto se aburría de todo.

Luego empezó a jugar con un periódico, hizo un sombrero de papel y se lo puso en la cabeza. Después hizo un barco y lo puso en la pecera. La niña se cansó también de jugar con la pecera y con el barco. Entonces hizo un hombrecillo de papel de periódico y estuvo toda la mañana jugando con él. 

Por la tarde la niña bajó al parque para jugar con sus amigos, con ella iba el hombrecillo de papel. 

Al hombrecillo de papel le gustaron mucho los juegos de los niños y los niños estaban muy contentos con aquel amigo tan raro que ahora tenían.

El hombrecillo de papel de periódico era muy feliz y quería que los niños estuvieran contentos, por eso comenzó a contarles las historias que sabía, pero todas sus historias eran de guerras, de catástrofes, de miserias... Al oír aquellas historias todos los niños se quedaron muy tristes, algunos se echaron a llorar, entonces el hombrecillo de papel de periódico pensó, lo que yo sé no es bueno, porque hace llorar a los niños y echó andar sólo por las calles, iba muy triste, porque no sabía hacer reír a los niños. De pronto vió una lavandería, el hombrecillo de papel dio un salto de alegría y con paso decidido entró. Aquí podrán borrarme todas las cosas que llevo escritas, todo lo que hace llorar a los niños, pensaba.

Cuando salió nadie lo habría reconocido, estaba blanco como la nieve, planchado y almidonado, dando alegres saltos se fue hacia el parque, los niños lo rodearon muy contentos y jugaron al corro a su alrededor, el hombrecillo de papel sonreía satisfecho, pero cuando quiso hablar de su boca no salía nada, ni una palabra, se sintió vacío por dentro y por fuera y muy triste volvió a marcharse. Caminó por todas las calles de la ciudad y salió al campo. Entonces, de pronto, se sintió feliz. Su corazón de papel daba saltos en su pecho y el hombrecillo sonreía pensando que tenía un pájaro guardado en el bolsillo y comenzó a empaparse de todos los colores que veía en los campos, del rojo, amarillo, del rosa de las flores, del verde tibio de la hierba, del azul del agua y del cielo, y del aire. Luego, se fue llenado de palabras nuevas y hermosas. Y cuando estuvo lleno de color y de palabras hermosas, volvió junto a los niños.

Mientras descansaban de sus juegos y de sus risas, el hombrecillo les habló de todas las personas que trabajan para los demas para que nuestra vida sea mejor, más justa, más libre y más hermosa. Sobre el parque y sobre los ojos de los niños cayeron estas palabras como lluvia fresca.

La voz del hombrecillo de papel se hizo muy suave, cuando les hablo de la flores y de los pájaros del aire y de los peces del río y del mar. Los ojos de los niños y del hombrecillo de papel se llenaron de sonrisas y cantaron y bailaron cogidos de las manos. Y todos los días a partir de aquella tarde, el hombrecillo de papel, hacía llover sobre la ciudad todo un mundo de color y de alegría.