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Crecimiento y desarrollo durante el primer año del bebé

Crecimiento y desarrollo durante el primer año del bebé

Etapa de crecimiento rápido. Al finalizar el primer año el bebé habrá aumentado aproximadamente en 25 cms. su longitud y triplicado su peso de nacimiento.

Aumenta la fuerza y el control de las extremidades, lo que favorece la adquisición de numerosos logros madurativos motores: sujeta la cabeza, se sienta, se mantiene en pie, gatea y a veces anda, progresando hacia una maduración motora fina que le permitirá realizar actividades como coger pequeños objetos con los dedos.

La progresiva maduración del sistema digestivo permite la introducción paulatina de alimentos diferentes de la leche.

Se produce la erupción de los dientes que suele comenzar con los incisivos centrales inferiores. En este periodo el niño se lleva todo a la boca.

Desarrollo psicosocial

En los primeros meses, el bebé, gracias a los buenos cuidados de su madre, vive la ilusión de fusionarse, de confundirse con ella, le parece que la madre es como una prolongación suya. Es de gran interés para el futuro del niño que la madre le deje vivir esta ilusión con plenitud.

Hacia las cuatro semanas, el bebé sonríe a su madre y a todos los rostros con rasgos humanos, ya que percibe en ellos aspectos de su madre.

Poco a poco empieza a vislumbrar que su madre no es una prolongación de sí mismo, que está fuera de él y tiene vida propia. Esto le cuesta entenderlo y sobre todo aceptarlo. A lo largo de los años, lo irá admitiendo en la medida en que vaya asumiendo el cuidado de sí mismo.

Al mismo tiempo, entre los 4-6 meses y los 9-12 meses (sobre todo en el 8º mes), los bebés se sorprenderán e inquietarán al ver el rostro de un desconocido (al que antes le hubieran sonreído inmediatamente). Ahora ya no ve nada de su madre en los desconocidos y es esa ausencia de ella lo que le inquieta, se dice que extraña.

El chupete, al igual que la almohada, trapo u otro juguete, constituyen frecuentemente elementos que le consuelan, tranquilizan y le ayudan a mantener la ilusión de estar con su madre. Estos elementos suponen un germen de autonomía que conviene no retirarles.

Desde los primeros meses, emite sonidos guturales, buscando la imitación. A los 9-12 meses, emite sonidos consonantes repetitivos y comienzan a aparecer las primeras palabras.

Además de lo ya dicho, la separación de los padres del bebé suele inquietar, especialmente cuando la madre tiene que incorporarse al trabajo, de ahí la importancia de haber previsto con anterioridad el sistema de guarda.

Al niño, entre los 5 meses y los 2-3 años, le cuesta adaptarse a personas o a ambientes desconocidos para él. Por ello, es aconsejable procurar que la entrada en guardería o la incorporación de nuevas personas que le cuiden se haga antes de los cinco meses o después de los dos años y medio. En cualquier caso, es conveniente que las personas que le cuiden sean estables durante los tres primeros años.

Por estas razones, las ausencias de los padres o del entorno habitual durante varios días deben evitarse en los tres primeros años. Si son imprescindibles, conviene que sean lo más breves posible y que el niño se quede con personas conocidas en un ambiente que le sea familiar.

Le ayudará en su desarrollo que los padres jueguen, se diviertan y le demuestren sus sentimientos de afecto o descontento.

Aseo del niño en su primer año

El baño diario puede ser divertido y al mismo tiempo relajante.

Se recomienda, como en la etapa anterior, el lavado cuidadoso de las manos, tanto del niño como de la persona que lo cuida.

El sueño del niño en su primer año

No conviene hacer coincidir el cambio de habitación con otros cambios como el destete o la entrada en la guardería.

El proporcionar siempre las mismas circunstancias favorecedoras del sueño (oscuridad, silencio, etc.) facilita que el niño se duerma.

Puede utilizar su chupete, sabanita, cojín, etc. para que lo acompañe durante la noche.

La alimentación durante el primer año del niño

La comida puede ser un momento agradable para compartir con el niño.

Se puede hacer compatible, en lo posible, la lactancia materna o adaptada con la introducción, de forma paulatina, de nuevos alimentos. Este proceso puede comenzar entre los 4 y 6 meses siguiendo las indicaciones del pediatra.

La retirada del biberón es un proceso que puede comenzar con la utilización de la cuchara y la introducción de los alimentos sólidos.

No es conveniente introducir más de un alimento nuevo a la vez.

Respetar el apetito del niño y no forzarlo.

El niño suele tener un ritmo más o menos regular de deposiciones, no tiene por qué ser diario.

Fuente: MadridSalud