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El testículo se forma en el abdomen en la misma zona que ocupan los ovarios en las niñas. Durante el embarazo desciende a las bolsas testiculares a través del conducto inguinal. Este conducto se debe cerrar tras el paso del testículo. Si no se cierra bien, puede permitir el paso de líquido, dando lugar al hidrocele o, en casos más severos, a hernia inguinal. En casi todos los casos, el líquido del hidrocele se reabsorbe de forma espontánea sin necesidad de operar. Cuando es necesaria, la operación consiste en cerrar definitivamente el conducto inguinal y se hace con anestesia general. La recuperación es rapidísima.