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poesías sobre alimentos

Para que las alubias

se pongan finas

pasan toda la noche

en la piscina.

Para que las alubias

estén preparadas

pasan toda la noche

remojadas.

 

Por la mañana

las suben luego

y en la Pradera

encienden fuego.

En hermandad

los cocineros

preparan la judionada

de los granjeros.

 

Los judiones

con aliño suculento

se van haciendo

a fuego lento.

 

Desde que sale el sol

se van formando

grupos de amigos

que están guardando

sitio para las peñas

y en largas colas

se ve a los que esperan

buscando sombras.

 

Entre vinos y cañas

se pasa el tiempo,

mientras los forasteros

siguen viniendo.

 

Hasta diez mil

personas están

llenando la Pradera

del Hospital.

Y, sin embargo,

nadie se altera

por mucho que se haga

larga la espera.

 

Hacia las tres

llega el momento

de repartir, que se recibe

con gran contento.

 

En la bandeja

van las viandas

que con los judiones

todos aguardan:

Sandía, pan y vino

completan las delicias

de los que son de fuera

y de los peñistas.

 

Se agrupan los amigos

junto a las mesas

debajo de los árboles

con sombra fresca.

Ya todos servidos

dan buena cuenta

dejando limpio el plato

como patena.

 

Tras la comida

todo se mezcla:

unos echan las cartas

y otros la siesta.

 

Entre risas y juegos

pasa la tarde,

mientras hacen la digestión

los comensales.

 

Sólo al llegar el ocaso

que el sol se va

queda vacía la Pradera

del Hospital,

hasta el año que viene

cuando, esperada,

de nuevo se celebre

la judionada.

 

José García Velázquez

La Granja, 24 de agosto de 2004