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El segundo planeta que encontró en su camino no se parecía en nada al primero. Enormes carteles multicolores y luminosos cubrían la totalidad de su superficie. Eran tan numerosos que apenas quedaba sitio donde poner los pies.

"Esto es peor aún que los baobabs, penso el Principito.

El Principito se volvió. Un hombre ataviado con un traje de cuadros y una corbata estampada con personajes de dibujos animados le dirigía una deslumbrante sonrisa que dejaba al descubierto unos dientes de una blancura radiante.
-No necesito ningún portatrajes extensible.

-Vamos, hombre, no vas a enseñarle a hacer anuncios a un viejo publicista. Puedes confiar en mí; dentro de unas semanas, nadie, fíjate bien en lo que te digo, absolutamente nadie saldrá sin su portatrajes extensible. Sí, ya sé que en este momento la demanda es bastante escasa, pero aún así el portatrajes extensible es un valor de futuro; todos los especialistas coinciden en eso.

-¿Quién comprará un portatrajes extensible si no tiene ningún traje que colgar? -objetó el Principito.

-Eso no tiene importancia. La gente no compra necesariamente cosas útiles sino cosas que cree que necesita. Mi trabajo consiste precisamente en convencerlos de que no pueden prescindir de un portatrajes extensibles. Así irán corriendo a comprar uno.

-Lo que a mí me interesa son los tigres.

-¿Los tigres? -El publicista se rascó la cabeza-. Creo que en toda mi carrera profesional jamás he dirigido ninguna campaña publicitaria sobre los tigres. Sobre las bufandas eléctricas, sí. Sobre las planchas de ruedas, también, pero sobre los tigres, nunca. Es un campo totalmente nuevo, aún por explorar. -El hombre suspiró antes de proseguir-: Éste es el quid de la cuestión: elegir el producto idóneo  no es tan fácil como se cree. Hay tanto que hacer con los artículos que la gente no pide porque ignora que los necesita., que resulta imposible ocuparse de los que reclama. Lo siento mucho, hijo, pero no puedo ayudarte. Mi stock de tigres está a cero en este momento. No tengo ninguno que ofrecerte.

-Yo no quiero ningún tigre -aclaró el Principito-, ya tengo uno. Lo que quiero es librarme de él.

Jean-Pierre Davidts, Reencuentro del Principito