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Como bien se sabe, los españoles estamos bien orgullosos de todo lo nuestro; incluso sobradamente orgullosos. Hasta en el arte del viajar somos los mejores, qué duda cabe. Pero una encuesta informal realizada entre vendedores de viajes, al por mayor y al detalle, ha venido a demostrar un increíble fallo en la reconocida perfección. Resulta que los españoles figuramos entre los que peor se adaptan a la manduca de otras tierras.

Es cierto que estamos acostumbrados a comer bien en casa; es cierto que España es uno de los países en que se engulle más y mejor. Pero justamente porque nuestra comida es variadísima y en la mesa nunca las habas están contadas, hubiera cabido esperar que nos comportaríamos en otras mesas con generosidad parecida. No es así. Según los guías internacionales de turismo, y la experiencia propia, los españoles son los que más reparos ponen a las cocinas foráneas.

Mientras viajeros de paladar unívoco y torpe -los norteamericanos, por ejemplo- no rechazan unos crujientes chapulines mejicanos (saltamontes), el cuy de Ecuador (un ratón grande), las serpientes guisadas de Taiwan, los ojos de un cordero asado marroquí o los filetes surafricanos de avestruz; mientras comen lo que les sirvan, lo que en el país visitado comen, los españoles suelen poner reparo a casi todo.

 

Vocabulario:

  • Manduca: Comida.
  • Foráneas: De fuera del país.
  • Unívoco: De gustos reducidos.