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Boletín de Cuentacuentos, octubre 2004:

“Eso que acaban ustedes de ver y escuchar cuando yo les contaba cuentos ahí fuera, en el patio de este hermoso lugar, es sencillamente un acto de cuentería, una de las múltiples manifestaciones de teatro de calle, o más sencillamente una de las múltiple manifestaciones de teatro.

En España, rota la tradición popular del narrador callejero de cuentos, historias o sucedidos - recuerden los últimos romanceros, los ciegos que recorrían nuestras plazas y calles con su salmodia, aquellos que relataban horrendos y sangrientos crímenes, aún vivos hasta los años cincuenta-, hemos perdido también la denominación del oficio. En mi caso, yo digo que soy un actor que cuenta historias o, mejor, un cuentero, aunque sé que en algunos países del área latinoamericana el término es peyorativo porque se le asimila con mentiroso. Otros utilizan denominaciones varias como "narrador oral", o "narrador oral escénico", lo que, más que un nombre, me parece una definición, muy ajustada al oficio, eso sí, o "cuentacuentos", el término más generalizado pero el que menos tiene que ver con nuestro idioma. Nadie se llama "hacevasos", ni "fabricazapatos", ni "construyemuebles", sino vidriero, zapatero o ebanista. El problema es que se trata de una mala traducción del inglés "story tellers", que se empezó a utilizar a principios del siglo pasado en los Países Escandinavos y los Estados Unidos de América (USA), cuando establecieron lo que se llamó "la hora del cuento" en aulas y bibliotecas. Lo curioso es que la moda les vino de Francia, donde al ejecutante de esa actividad se le llama "conteur".

Hagamos, pues, la traducción correcta del francés y veremos que lo más cercano que tenemos en castellano es el término "cuentero", que, por otra parte, es como se dice en Colombia, uno de los países más fecundos y vivos en este oficio, cuya práctica es latente hoy en día en universidades, plazas, cafés, bares y teatros.

Por otra parte, los que se ejercitan en aulas y bibliotecas en sesiones promovidas para la animación a la lectura, los que originariamente fueron llamados cuentacuentos, suelen contar sentados, apenas si gesticulan y sus inflexiones de voz son mínimas. No así nosotros, los cuenteros que decimos que hacemos teatro, que hacemos una de las formas alternativas de teatro; como lo hace con su técnica el narrador de la "halka" marroquí, que le permite contar incorporando al mismo tiempo todos los personajes y utilizando todos los recursos que tiene el actor, y no sólo los gestuales y los verbales, sino también los recursos escénicos propiamente dichos: algún elemento escenográfico, algún accesorio, un vestuario determinado, la iluminación, incluso. Es más, sentimos la necesidad de distinguir y hacer notar la diferencia entre una actitud social de comunicación y una actitud artística, escénica. Por ejemplo: lo que acabo de hacer hoy, ahí fuera, no suelo hacerlo nunca, entre otras cosas porque me siento incómodo; yo suelo cambiarme de ropa para contar, y aunque no sea siempre un vestuario creado especialmente para ese cuento o ese espectáculo, me suelo vestir para la ocasión porque eso forma parte del rito del actor; por otro lado, el espacio de la actuación es para mí el espacio sagrado del teatro, el escenario, esté donde esté, aunque esté ahí pisando el césped que todos pisan, porque con mi acto de cuentería lo he transformado en escena, en lugar escénico.“

Tomado de Antonio González Beltrán (Director de La Carátula, España)