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Cuentan que por aquellos pagos vivía un intrépido pastor amigo del riesgo, de valor ciego e inconsciencia que brotaba de su juventud.

El ardor de su corazón le pedía y necesitaba, ante la soledad y el peligro, "...una pasión que endulzara su salvaje aislamiento, y una creencia que le infundiese valor en sus arrojadas empresas. Así, los dos sentimientos más sublimes que puedan abrigar el corazón humano llenaban el alma del atrevido pastor: la religión y el amor". Por aquellas tierras de pastos vivía una doncella de alabada belleza y los sentimientos del mancebo sufrieron una atracción irresistible, "...que día a día se acrecentaba con los desdenes de la bella joven". Esta se cansó de las pretensiones del mancebo y le quiso probar. Antes de convertirse en su esposa, el joven pastor debía acercarse al precipicio y apoyando ambas manos en su lanza, colocando el regatón en la orilla de aquel precipicio, dar vueltas formando un semicírculo con su cuerpo desprendido en el vacío.Cuentan que por aquellos pagos vivía un intrépido pastor amigo del riesgo, de valor ciego e inconsciencia que brotaba de su juventud.