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El agua constituye un nutriente básico y esencial en nuestra dieta. Adquiere una trascendencia más importante en las personas mayores. El contenido de agua en el organismo representa unos 2/3 del peso corporal total, y varía con la edad y sexo,
siendo menor a medida que aumenta la edad y en la mujer.

agua y fibra

Las necesidades de agua son individuales para cada persona, en función de una serie de factores entre los que cabe destacar: edad, actividad física que se lleve a cabo, problemas de salud, condiciones ambientales (temperatura), tipo de alimentación y
hábitos tóxicos (consumo de alcohol), consumo de fármacos, etc.
Una persona de complexión normal, de un peso medio entre 60 y 70 kilos deberá consumir unos 2.000 – 2.500 mg al día (de 2 a 2,5 l de agua).

Decálogo de la hidratación saludable:

  1. Ingerir líquidos en cada comida y entre las mismas.
  2. Elegir el agua preferentemente al resto de bebidas, y a ser posible agua con un adecuado contenido en sales minerales.
  3. Aumentar el consumo de frutas, verduras y ensaladas.
  4. No esperar a tener sensación de sed para beber. Disponer de agua u otro líquido a mano.
  5. Mantener las bebidas a temperatura moderada, pues si están muy frías o muy calientes se suele beber menos. Niños y ancianos son colectivos que presentan mayor riesgo de deshidratación.
  6. Niños y ancianos son colectivos que presentan mayor riesgo de deshidratación.
  7. Elegir las bebidas de acuerdo con el nivel de actividad física, necesidades de salud y estilo de vida.
  8. Aumentar la ingesta de líquidos en ambientes calurosos y antes, durante y después del ejercicio.
  9. Si está vigilando la ingesta calórica o el peso, consuma siempre agua y bebidas bajas en calorías.
  10. Diez raciones de líquidos al día es una buena referencia para una correcta hidratación (una ración equivale a 200-250 ml).

Fuente: Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), 2008.

Fibra

La fibra no es un nutriente en sentido estricto, aunque tiene efectos beneficiosos para la salud.
Provoca saciedad, regula el tránsito intestinal, retrasa la absorción de glucosa, disminuye la absorción de colesterol y ayuda a reducir el riesgo de cáncer de colon.
La fibra se encuentran en frutas, verduras y legumbres.

Fuente: LaRiojaSalud