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Sin salud mental, no hay salud

El Día Mundial de la Salud Mental se celebra el 10 de octubre de cada año, con el objetivo general de crear conciencia sobre los problemas de salud mental en todo el mundo y movilizar los esfuerzos para apoyar la salud mental.

El Día brinda una oportunidad para que todas las partes interesadas que trabajan en temas de salud mental hablen sobre su trabajo y qué más se necesita hacer para que la atención sea una realidad para las personas en todo el mundo.

2020: Salud mental y COVID-19

El reto en 2020 es mantener la salud mental y afrontar las dificultades provocadas por las medidas que están tomando todos los países para reducir las infecciones.

El confinamiento, el teletrabajo, la educación a distancia e incluso las restricciones a las actividades y reuniones familiares se han sumado a la amenaza invisible del virus, muchos aspectos de los cuales se desconocen.

Todo esto, combinado con la información que a veces circulan en los medios, dificulta que algunas personas mantengan la cordura.

Por este motivo, se recomienda que las personas sigan las recomendaciones de las autoridades sanitarias de manera confiable, reduzcan la exposición a noticias, se mantengan activas y sigan hábitos saludables de sueño, alimentación y actividad, se mantengan en contacto con sus seres queridos y reduzcan el consumo de tabaco y alcohol. 

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Jóvenes y salud mental en un mundo cambiante

La adolescencia y los primeros años de la edad adulta son una época de la vida en la que ocurren muchos cambios, por ejemplo, cambiar de centro educativo, dejar el hogar y comenzar la universidad o un nuevo trabajo. Para muchos, estos son tiempos emocionantes. Sin embargo, también pueden ser tiempos de estrés y aprensión. En algunos casos, si no se reconocen y manejan, estos sentimientos pueden conducir a una enfermedad mental. El uso creciente de las tecnologías online, aunque sin duda trae muchos beneficios, también puede traer presiones adicionales, ya que la conectividad a las redes virtuales en cualquier momento del día y de la noche crece. Muchos adolescentes también viven en áreas afectadas por emergencias humanitarias como conflictos, desastres naturales y epidemias. Las personas jóvenes que viven en situaciones como éstas son particularmente vulnerables a la angustia mental y la enfermedad.

La mitad de todas las enfermedades mentales comienzan con 14 años.

Aunque muchas enfermedades mentales aparecen a los 14 años, la mayoría de los casos no se detectan ni se tratan. En términos de la carga de la enfermedad entre los adolescentes, la depresión es la tercera causa principal. El suicidio es la segunda causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años. El uso nocivo del alcohol y las drogas ilícitas entre los adolescentes es un problema importante en muchos países y puede conducir a conductas de riesgo como el sexo inseguro o la conducción peligrosa. Los trastornos alimentarios también son motivo de preocupación.

Creciente reconocimiento de la importancia de construir resiliencia mental.

Afortunadamente, hay un creciente reconocimiento de la importancia de ayudar a los jóvenes a desarrollar la capacidad de recuperación mental, desde las edades más tempranas, para enfrentar los desafíos del mundo actual. Crece la evidencia de que promover y proteger la salud de los adolescentes brinda beneficios no solo para la salud de los adolescentes, tanto a corto como a largo plazo, sino también para las economías y la sociedad, con adultos jóvenes sanos capaces de hacer mayores contribuciones a la fuerza laboral, Familias y comunidades y la sociedad en su conjunto.

La prevención comienza con una mejor comprensión.

Se puede hacer mucho para ayudar a desarrollar la resistencia mental desde una edad temprana para ayudar a prevenir la angustia mental y la enfermedad entre los adolescentes y adultos jóvenes, y para controlar y recuperarse de la enfermedad mental. La prevención comienza con el conocimiento y la comprensión de los signos y síntomas de alerta temprana de una enfermedad mental. Los padres y maestros pueden ayudar a desarrollar las habilidades de la vida de los niños y adolescentes para ayudarles a enfrentar los desafíos diarios en casa y en el colegio. Se puede proporcionar apoyo psicosocial en los centros educativos y otros entornos comunitarios y, por supuesto, se puede implementar, mejorar o ampliar la capacitación de los trabajadores de salud para que puedan detectar y manejar los trastornos de salud mental.

La inversión por parte de los gobiernos y la participación de los sectores sociales, de la salud y la educación en programas integrales, integrados y basados ​​en la evidencia para la salud mental de los jóvenes es esencial. Esta inversión debe estar vinculada a programas para aumentar la concienciación entre adolescentes y adultos jóvenes sobre formas de cuidar su salud mental y ayudar a los compañeros, padres y maestros a saber cómo apoyar a sus amigos, niños y estudiantes.

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