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Comprensión de las ideas generales de un texto.

 Recursos educativos - Fichas didácticas

Lee atentamente el siguiente texto.

“Leyenda del acueducto de Segovia”

En lo alto de la ciudad, en una de las casas que miran hacia el Azoguejo, trabajaba en la casa de un gran señor, como criada, una muchacha. Cada día se veía obligada a bajar numerosas veces a la fuente de la plaza a llenar los cántaros de agua y subirlos cuesta arriba. Maldiciendo su suerte, se sintió un día tan desesperada que dijo:

    -Diera yo mi alma al diablo si me subiera el agua.

No hubo acabado de decir esto cuando de una nueve de azufre surgió Satanás dispuesto a cumplir su deseo: en una noche le acercaría el agua hasta la puerta de la casa de su amo. A cambio ella, al morir, le entregaría su alma. La joven, deseosa de terminar con sus fatigas, aceptó el trato con la condición de que al salir el sol, Satanás hubiera cumplido su promesa.

Al instante se desencadenó una terrible tormenta que hizo cobijarse a todos en sus hogares. Pero no era una tormenta normal, sino el ir y venir de los diablos abriendo canteras, tallando piedras, cavando zanjas, levantando pilastras y arcos de granito sin ningún tipo de argamasa y, por encima de los arcos, la construcción de una acequia que conduciría el agua desde el arroyo Acebeda a la ciudad.

Aquella noche la muchacha no pudo dormir; alarmada por la rapidez con la que avanzaba la obra y temiendo que su alma estaba ya sin remedio perdida, suplicó al cielo que la socorriera.

Ya se hallaba todo el puente levantado, orgullo de sus constructores, a falta de tan sólo una piedra, la que ya portaba el diablo para coronar su empresa, cuando se escuchó el canto del gallo de la mañana. Sorprendido Satanás, quiso alcanzar a toda prisa el hueco donde habría de ponerla, pero ya era demasiado tarde. Por el horizonte, radiante, asomaba el primer rayo de sol que anunciaba un nuevo día. El diablo, furioso, hubo de admitir su derrota frente al tiempo.

Al despertar los segovianos y observar el esbelto y prodigioso puente, quedaron maravillados. Nadie podía dar crédito a lo que veían sus ojos, y todos se preguntaban cómo había surgido allí tan maravillosa construcción. Pronto se desveló el misterio: la criada había acudido a la catedral en busca de un sacerdote a quien contar lo sucedido. En acción de gracias los segovianos colocaron en el hueco dejado por el diablo dos imágenes: una de la Virgen y otra de san Esteban, que desde entonces velan por la ciudad.

ANÓNIMO

Resume el texto anterior.