Otros Cuentos

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pastorcita

Recursos educativos - Cuentos infantiles

La Pastorcita

Cierta vez, en un hermoso país lleno de montañas y verdes valles, vivía una pastorcilla de largas trenzas rubias, ojos azules y un cutis del mismo color que los melocotones maduros.

Se llamaba Laura y tenía tres corderitos. Uno, dos, tres.

Cada mañana los contaba para saber si había perdido alguno.

Un día, el rey de aquel país, que era muy joven y apuesto, se internó en el bosque para cazar.

-¡Cuidado! -gritaron los conejitos-. Hay que avisar a los otros animales para que se escondan.

El rey, durante la caza, perdió una pequeña campanita de plata que llevaba a las espuelas.

El rey y sus acompañantes buscaron la campanita por todos los rincones del bosque. Buscaron y buscaron, pero la campanita no apareció.

-¡Qué pena! -dijo el joven rey-. Era un regalo de mi madre. Seguid buscando, amigos: tenemos que encontrarla.

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cuentos infantiles animales

Recursos educativos - Cuentos infantiles animales

Juanito el explorador en la selva

Juanito cree que es un gran explorador y a la selva se marcha con blanco "salacof". En su jeep, bien guardada junto con otras cosas, lleva también su red de cazar mariposas.

Tras de la más hermosas mariposa el gran explorador se lanza con su red con arrojo y valor. La persigue sin tregua con su red de juguete y poco a poco el niño en la selva se mete.

En su loca carrera él no se ha dado cuenta de que un pequeño tigre oculto lo contempla. Mientras Juanito corre entre árboles altos, el tigre se prepara para dar su gran salto.

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La Cabrita y el Zorro - Cuentos para Niños

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La cabrita y el zorro

Una granjera tenía una cabrita muy retozona y traviesa. Cuando un día a la semana la niña tenía que dejarla sola para ir hasta el mercado, no se cansaba de advertirla:

-No andes curioseando por ahí pues hay muchos peligros que desconoces. Es mejor que estés quietecita en el corral hasta que yo regrese.

Pero apenas su ama salió, la curiosa cabrita empezó a corretear por el patio olfateando todo cuanto había en él. Llegó hasta el brocal del pozo y se asomó.

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Eloy y su Perrito Pimpolín - Cuentos para Niños

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Eloy y su Perrito Pimpolín

¿Habéis oído alguna vez decir que los perros son los animales que más se parecen a las personas?

¡Pues claro que lo son!

O si no ya veréis lo que os explicará un perrito inteligente llamado "Pimpolín"

¡Hola, amiguitos! Ya sabéis como me llamo y éste niño tan grandote que juega conmigo se llama Eloy. Es mi amo y me quiere mucho porque es muy cariñoso.

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Los Equilibristas - Cuentos para Niños

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Los Equilibristas

Antes de empezar la función de la tarde, como era el cumpleaños de la pequeña equilibrista, los payasos en nombre de todos los componentes del circo, le regalaron un estupendo pastel.

-Dejaré aquí el pastel- se dijo la pequeña equilibrista-. Nos lo comeremos cuando termine la función. Habrá para todos, pues es un pastel muy grande.

-Guau! ¡Guau! -Ladró el perrito-. ¡Yo también quiero pastel!

Pero un lobo muy goloso, aprovechándose de que la ventana del carromato estaba abierta, se llevó el pastel de cumpleaños.

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La Tortuga y el Mar - Cuentos para Niños

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La Tortuga y el Mar

En una lejana isla, vivió hace muchos años un pescador con su hijo Laszlo.

Su única riqueza consistía en una pequeña barca y una red para pescar.

El producto de la pesca lo vendían, y así podían atender a sus necesidades. Pero había días en que echaban la red al mar y la sacaban vacía.

Sucedió un día que Laszlo, al dirigirse a su casa, vio a un grupo de chiquillos que golpeaban brutalmente a una pobre tortuga. Laszlo, que era un niño muy bondadoso, se dirigió a los que tenían apresado al animalito y enojado les dijo:

-Sois malos, y Dios os castigará si hacéis eso.

La tortuguita miró a Laszlo con sus ojillos saltones, y éste la cogió entre sus brazos, alejándola de aquellos lugares.

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Una pastora Ye-yé

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Una pastora Ye-yé

En un lugar muy lejano, rodeado de verdes llanuras, una comunidad de ovejas tenían establecido su reino.

Allí se encontraban los mejores pastores del mundo, los cuales eran elegidos por la Oveja Reina según sus virtudes.

Estos pastores cruzaban los caminos de una a otra parte del país, cosechando granos y demás alimentos para que las ovejas, pudiesen comer durante el invierno cuando los campos estuviesen cubiertos por la nieve.

Así, todos los niños que como buenos pastores habían estado en aquel lugar eran felices para siempre.

Por esto, un cierto día Rosarín, sabedora de las maravillas de aquel reino, dijo su hermanito: ¡Cuánto me gustaría ser pastora en aquel lejano país!

Bah, Rosarín, -Le dijo éste-. ¿No comprendes que las ovejas no querrían a una niña que lo único que sabe es bailar?

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El Castillo que Cambió de Colores - Cuentos para Niños

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El castillo que cambió de colores

Carlucho XVIII, “Príncipe de Las Tierras al Sur de la Laguna Roja” – a quien podemos llamar Carlucho Dieciocho o Carlucho Décimo Octavo y, sus íntimos, en lo más íntimo, y no en presencia de sus Padres Reyes, podían llamar Carlitos o Charlie - se había alejado hasta las orillas del río que bordeaba su palacio, acompañado de uno de los sacerdotes del monasterio cercano.

Acababan de salir de uno de los refugios del camino, donde estuvieron cobijados por el paso de una lluvia reciente. Como por esa mañana, era notorio, no seguiría lloviendo, decidieron continuar su paseo.

No teniendo otra cosa más que hacer, Carlucho XVIII miró hacia las aguas del río.

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Una bicicleta azul con alas

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Una bicicleta azul con alas

Niña Soliluna - que aún no tenía ese nombre, porque todavía no había nacido - apenas si podía dormir. Se sentía muy sola y triste porque en el vientre de su madre no encontraba una bicicleta azul con alas.

Desde que la había visto en sueños, no pensaba en otra cosa.

Para colmo, se había montado en ella y había dado unas vueltecitas por la Plaza Principal de ciudad en la que iba a nacer, bordeando sus aceras, y aromando a todos con las flores de su alegría.

Usando el cordón umbilical como un periscopio - al igual que lo había hecho otras veces - miraba hacia ese mundo de afuera ansiando encontrarla.

- ¡Ah, si la encontrase, aunque sólo fuera en sueños! - se dijo para sí, mientras le daba unas cuantas pataditas al vientre materno.

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 El mejor Arquero del Rey

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El mejor Arquero del Rey

Este era un Rey que tenía el mejor palacio de todos los palacios del reino, y de todos los reinos vecinos. Porque tenía los mejores arquitectos de éste y los otros reinos. Se lo habían construido con las mejores piedras para tener los mejores muros, las mejores torres, los mejores torreones, las mejores almenas, con los mejores fosos, los mejores puentes levadizos y las mejores puertas. Con las mejores habitaciones, las mejores ventanas, los mejores salones, las mejores salas, los mejores corredores, los mejores pasadizos, los mejores pisos y los mejores techos.

Las mejores capillas y – por qué no -, las mejores mazmorras y prisiones. Como, también, los mejores patios y las mejores plazas arboladas, con las mejores fuentes, de éste y otros reinos.

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 La Princesa que no reía

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La Princesa que no reía

No todo cuento tiene que comenzar con “Había una vez” pero, este sí.

Había una vez un cielo, con nubes, sol y pájaros volando.

Debajo de esto un reino, con su bosque, su campo, su río y su pequeña montaña. En la montaña, un palacio, con su torre. Y, en la torre – asomada - una princesa que no reía y, casi siempre, estaba como mirando hacia el camino.

La princesa era bondadosa y muy querida por su pueblo y el reino era feliz, bueno, casi feliz, ya que todos – desde los Reyes, hasta el más pequeños de los súbditos - se notaban preocupados por la seriedad que la embargaba.

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El Ratón de Campo y el Ratón de Ciudad

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El Ratón de Campo y el Ratón de Ciudad

Un día el ratón de ciudad hizo una visita a su primo el ratón de campo. Este sacó las cosas que solía comer y que tenía almacenadas en su pequeña madriguera, junto al tronco de un gran árbol: granos de maíz, bellotas, espigas de trigo...

-¿Esto es lo que coméis normalmente por aquí? -preguntó el ratón ciudadano.

-Pues claro -contestó el ratón de campo, sorprendido-. Comemos lo que crece en el campo y lo que crece en el campo y lo que se encuentra en el bosque. ¿Qué otra cosa íbamos a comer?

-¡Tú no sabes lo que es vivir! - exclamó el ratón de ciudad-. Ahora mismo vienes conmigo a la ciudad y verás lo que es comer debidamente.

-¡Pero aquí no hay campos ni árboles! - exclamó el ratón de campo cuando llegaron a la ciudad-. ¿Dónde crece la comida?

-No hay campos ni árboles -contestó su primo-, pero hay hombres. Los hombres comen cosas suculentas, y dejan las sobras para nosotros... Ven conmigo y lo verás.

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San Antonio, el Fuego y los Hombres - Cuentos para Niños

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San Antonio, el Fuego y los Hombres

Hubo un tiempo en el que no había fuego en el mundo. Los hombres se morían de frío y fueron a pedir ayuda a San Antonio. Le dijeron que no aguantaban más; si no se ponía remedio acabarían congelados.

San Antonio se compadeció y a pesar de que el fuego estaba en el infierno, decidió ir a buscarlo.

Se presentó ante las puertas del infierno con su bastón y su cerdito, pues antes de ser santo, San Antonio había sido porquero.

-¡Abran la puerta! -gritó golpeando con su bastón- ¡Tengo frío y me quiero calentar!

Los diablillos abrieron un poquito la puerta, pero sólo dejaron pasar al cerdo, que entró de un salto en el infierno. El travieso animal se puso a corretear y a meter el hocico en todos los rincones.

Cansados de perseguirlo, los diablillos acabaron por ir a hablar con el santo.

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Historias del Sol - Cuentos Infantiles Cortos

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Historias del Sol

Cierto día el viento, que viaja por todo el mundo, la lluvia, que cae en todas partes, y el Sol, que alumbra a todos los hombres, contaban sus historias. Y esto es lo que contó el Sol:

Volaba un cisne por el cielo claro, y los rayos del Sol hacían que las plumas del ave relucieran como el oro. Una pluma cayó, y como en ese momento el cisne volaba sobre el mar, la pluma se posó sobre la cabeza de un joven marino. Al poco tiempo, el muchacho se había convertido en un rico comerciante y pudo comprar sus propios barcos.

Más tarde, otra pluma cayó sobre un prado lleno de árboles, y arrancó una hoja de un árbol. La hoja cayó sobre un niño, y en sus manos se convirtió en un libro. Tantas cosas aprendió aquel niño en ese libro y en otros que leyó después, que llegó a ser uno de los más grandes savios del mundo.

Luego, el cisne se posó para descansar en un lago plácido y oscuro que estaba en medio del bosque, rodeado de hermosas flores. Una pobre mujer, que recogía leña, vio que el cisne, tras haber descansado, levantaba vuelo. Se acercó al lago y descubrió un huevo de oro. La mujer lo guardó y lo llevó a su casa. Ella sentía que algo vivo latía en ese huevo.

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Pedro y el lobo de Sergei Prokofiev

Un cuento clásico ideal para hablar con los niños de las consecuencias de las mentiras

pedro y el lobo, el pastor y el lobo

Había una vez un pequeño pastor que se pasaba la mayor parte de su tiempo cuidando sus ovejas y, como muchas veces se aburria mientras las veía pastar, pensaba qué hacer para divertirse.

Un día, decidió que sería buena idea divertirse a costa de la gente del pueblo que había en los alrededores. Se acercó y empezó a gritar:

– ¡Socorro! ¡El lobo! ¡Qué viene el lobo!

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Pinocho de Carlo Collodi

ninos mentirosos

Érase una vez, un carpintero llamado Gepetto que decidió construir un muñeco de madera, al que llamó Pinocho. Con él, consiguió no sentirse tan solo como se había sentido hasta aquel momento.

- ¡Qué bien me ha quedado!- exclamó una vez acabado de construir y de pintar-. ¡Cómo me gustaría que tuviese vida y fuese un niño de verdad!

Como había sido muy buen hombre a lo largo de la vida, y sus sentimientos eran sinceros. Un hada decidió concederle el deseo y durante la noche dio vida a Pinocho.

Al día siguiente, cuando Gepetto se dirigió a su taller, se llevó un buen susto al oír que alguien le saludaba:

- ¡Hola papá!- dijo Pinocho.

- ¿Quién habla?- preguntó Gepetto.

- Soy yo, Pinocho. ¿No me conoces? – le preguntó.

Gepetto se dirigió al muñeco.

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El cuento del aceite de oliva

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Érase una vez una semilla de olivo que viajó miles de kilómetros empujada por el viento. Volaba y volaba sin parar durante el día y la noche. Atravesó mares, sobrevoló montañas y ríos... hasta que un día, el viento paró. La semilla cayó en el suelo húmedo y fértil de un bonito Valle. Allí nació el primer olivo. De este olivo nacieron sus primeros frutos: las aceitunas.
El hombre, que ya andaba por allí, no tardó mucho en darse cuenta de que el olivo y él serían grandes amigos, y que su amistad duraría para siempre. Si el hombre aprendía a cuidarle cada año, el árbol le regalaría un montón de Aceitunas.

Los viejos libros cuentan que pronto el hombre aprendió a extraer aceite de las aceitunas que recolectaba cada año. Pero además también aprendió a usar el aceite para encender sus lámparas, para cuidar la piel... pero sobre todo, sobre todo... para usarlo como alimento.

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La niña y el poeta

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Yo conocí una niña que tenía los ojos color del tiempo.

Vivía en una ciudad donde todas sus casas y sus edificios eran iguales.

Todas las casas tenían los techos rojos, las puertas y las ventanas pintadas de verde, las paredes blancas. Los edificios tenían sus muros grises, con sus ventanas y puertas grises y siempre cerradas, casi como para que nadie pueda saludar ni hablar a nadie. Como para que nadie supiera del otro.

Las mesas, las sillas, los platos, los diversos objetos, eran muy parecidos unos a otros. Los animales tan similares que, a la hora de querer saludar, acariciar o sólo jugar con el gato o el perro que era mi mascota, me pasaba mucho tiempo para diferenciarlo de los otros perros o de los otros gatos.

Las personas se parecían como en las monedas se parecen las cabezas de los héroes, o esos números rodeados de laureles que también encontramos allí.

Era una ciudad donde no pasaba nada. Todo se repetía, se repetía, se repetía. Se le conocía por ello y así se le llamaba: La Ciudad

Donde No Pasaba Nada.