Sin duda, en nuestros días, es difícil escuchar a Dios. La sociedad no nos permite demasiado pensar en la trascendencia, en el más allá, en la vida después de la muerte, en definitiva, en la espiritualidad. Existe una espiritualidad dormida en medio de los valores del materialismo y del consumismo que rigen nuestro tiempo.

El tener sin medida y el dinero parecen los nuevos dioses de una era que no ha hecho feliz al ser humano. De hecho, de forma curiosa, en plena crisis económica, aumentan los casos de estrés, ansiedad y depresión. Es decir, ha aumentado el número de pacientes que necesitan de la ayuda de un psicólogo o de un psiquiatra.

La próxima semana, se celebra la Jornada Mundial de la Juventud, motivo por el cual, el Papa llegará a Madrid. La verdad es que la fe es un tipo de conocimiento diferente, en cualquier caso, creo que es lógico pensar en una fe humana. Es decir, una fe en la que existen dudas, miedos e inseguridades.
Hoy día, es difícil sentir la espiritualidad, entre otras cosas, porque sólo tienes que encender la televisión para darte cuenta que son otro tipo de conversaciones las que están de moda. Se habla del sexo cada dos por tres, sin embargo, no se habla del mismo modo del amor.

El silencio de Dios puede llegar a resultar ensordecedor para algunas personas. Otras, por el contrario, son capaces de encontrar en su día a día, caminos de esperanza hacia el más allá. Es importante tener una personalidad marcada para ir en contra de los valores sociales que a veces, no son nada constructivos en orden a la felicidad. En tu día a día, encuentra espacios para encontrarte contigo mismo porque cualquier persona tiene la capacidad de pensar y de ir más allá de lo evidente.