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En esta etapa prácticamente se puede comer de todo, con diferentes texturas y porciones cada vez mayores. A estas edades los niños y niñas manifiestan gustos concretos por determinados alimentos y aversión a otros. Esta conducta debe subsanarse pronto, ya que puede conducir a dietas restrictivas, monótonas y a menudo carenciales.
Es importante variar los alimentos de la dieta, ya que los niños y niñas se aburren de los sabores. Se interesan por la textura de los alimentos y utilizan sus manos para comer. Hay que procurar que vayan comiendo voluntariamente, nunca a la fuerza, que aprendan a utilizar los dedos y cubiertos y que coman en la mesa con los adultos.
La leche sigue siendo el alimento fundamental. La cantidad diaria ingerida no debe ser inferior a 600-700 ml. para asegurar que el niño o niña complete esta cantidad se puede recurrir a sustituir la leche por sus derivados, mezclarla con la fruta o el puré, etc.

Las frutas y verduras, son muy importantes en la dieta, son la principal fuente de fibra y vitaminas. Los kiwis y el zumo de manzana comercial no deben introducirse hasta los 2 años. Las verduras se deben preparar hervidas o al vapor, e ir cambiando de verduras en la dieta para educar el gusto a los diferentes sabores.
Pueden seguir tomando cereales con la leche del desayuno. El pan debe darse en cantidades moderadas. La pasta, el arroz y las legumbres secas, una o dos veces por semana.

Debe evitarse el abuso de grasa de origen animal. Los aceites vegetales son más recomendables, siendo el aceite de oliva el más saludable.

Con relación a la carne, se puede introducir la de cualquier tipo, pero no conviene el exceso de cerdo.
También se pueden dar pescados variados. El pescado azul, por ser más graso, se dará a partir de los 18 meses. Debe cocinarse de forma sencilla, con poca grasa y poca sal, evitando las salsa, los guisos complicados o con especias fuertes y los alimentos precocinados (croquetas, congelados…).
La carne y el pescado se acompañarán de una guarnición de verduras (judías verdes, patatas, etc.).
No es conveniente consumir frutos secos, ya que son difíciles de masticar y hay grave riesgo de atragantamiento y asfixia.
Son desaconsejables las chucherías o alimentos ricos en calorías vacías, como los bollos, pasteles, caramelos, gusanitos, etc. Ya que además de esconder en su composición grandes cantidades de colorantes, conservantes, aditivos químicos y exceso de sal, pueden producir obesidad, hipercolesterolemia, caries, disminución del apetito y problemas de comportamiento en relación con la alimentación, como horarios de comida anárquicos y desorganizados, apetito caprichoso, comportamientos rebeldes a la hora de comer y alteración de la relación de los padres con los hijos.
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