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Alergia a la lactosa

La alergia a las proteínas de la leche se debe a una respuesta del sistema inmunológico al detectar como extraño y/o peligroso alguno de estos componentes.

En la mayoría de los casos esta reacción es provocada por inmadurez del sistema digestivo y puede ser transitorio. En la mitad de los casos esta reacción o defensa del sistema inmunológico se debe a una alergia a las proteínas de la leche de vaca.

No es lo mismo la alergia a las proteínas de la leche que la intolerancia a la lactosa. La leche contiene azúcares, el principal es la lactosa, también contiene proteínas y son éstas las que provocan la alergia.

Puede padecerla cualquier persona aunque se da con mayor frecuencia en niños atópicos. Son niños con gran predisposición a padecer cualquier tipo de alergia, no solo a la leche.

Puede aparecer a cualquier edad, en los primeros meses de vida, o más mayores. Este tipo de alergia no es inmediata, sino que se va desarrollando con el tiempo hasta que los síntomas se van haciendo evidentes.

Los síntomas pueden ser de varios tipos y afectar a diferentes sistemas:

  • Sistema digestivo: dolores, cólicos, vómitos, diarrea.
  • Sistema respiratorio: asma, tos, fatiga, moco,
  • Piel: urticaria, edema, inflamación de párpados, labios o articulaciones, dermatitis atópica con placas rojizas, descamación, picor.

Tratamiento:

Evitar la leche de vaca y sus derivados (yogures, quesos, mantequillas y cualquier producto elaborado con leche, aunque sea en pequeñas cantidades). En bebés y niños pequeños se pueden emplear leches de soja o de hidrolizado.

En un número de casos importante puede desaparecer la alergia a la proteína de la leche. El tiempo necesario es variable y depende de cada persona. Se ha visto que en el 80% de los casos la alergia desaparece antes de los cinco años. Pero en un porcentaje menor de personas esta alergia persiste de por vida.

En los casos de bebés alimentados con lactancia materna exclusiva que se detecte alguna intolerancia o alergia a la leche, no se debe suspender la lactancia materna. Es la madre quien debe dejar de tomar productos lácteos para evitar que pasen a su leche. De este modo la lactancia podrá continuar y el bebé mejorará. La madre deberá ponerse en manos de un especialista y seguir una dieta adecuada. Pero en ningún caso se debe abandonar la lactancia por este motivo.