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Cuentos para Halloween - Entre Arañas, Sapos y Culebras

castillo

He nacido entre, torres, muros altos, sótanos tétricos y grandes campanarios, ¿ya se imaginaron?, si, un gran castillo.

Aquí abundan las arañas y por lo tanto sus telas, camines por donde camines, siempre terminas con un gran collar en el cuello, eso sí, cuidado con la perla negra, tiene muchas patas y ojos y hasta puede picar.

Te contaré un poco de mi. Soy hijo de un gran rey, pero mi madre a pesar de ser una gran reina, tiene una pasión, la magia, las pociones y todo lo relacionado con hechizos y brujerías, eso si, utilizado para hacer el bien.

Ya no recuerdo cuantas habitaciones posee el castillo, sólo frecuento la mía, la cocina, el baño, por supuesto, el dormitorio de mis padres, la biblioteca, mi habitación favorita, la sala de juegos y el comedor.

Tengo 12 años, como un niño normal, asisto al colegio, estoy..., entre el montón, me gusta el estudio, pero no me enloquezco por él; mis horas libres las dedico a la lectura, mis padres han armado una extensa y variada biblioteca, en ella existen libros inéditos, algunos escritos por mis bisabuelos, abuelos y hasta mis padres.

Ésta, posee escaleras móviles para poder alcanzar libros, ya que llegan hasta el techo y las paredes del castillo, no son precisamente bajas. Mis lecturas favoritas son las anécdotas escritas por mis bisabuelos, donde abundan las batallas con lanzas, arcos, flechas, armaduras y muertes a dragones, también las historias de reptiles; según mi padre, los abuelos exageraban un poco, pero el castillo está adornado con todos los restos de esas batallas, la verdad es que yo cuando leo, entro en ese mundo y no me importa si fue o no verdad, mi mente vuela y sueño y así soy feliz.

-¡BUMMMMM!

- ¿Qué pasa?, creo que mamá está inventando algo, espero que no sea la cena, su fuerte no es la cocina. ¡Mamá!, ¿éstas bien?

- Siiiii, no se preocupen.

- ¿Qué preparas ahora?, la cena, no es ¿verdad?.

- No hijo, después te lo cuento. ¡Cuidado!, tápense los oídos

¡BUMMMM!

Otra vez. Bueno así se vive todos los días en el castillo. ¿Les digo algo?, es divertido. Ahora me voy a la biblioteca, ahí el silencio reina, los experimentos de mamá hacen mucho ruido y duran horas y horas. Pasaré por la cocina y llevaré algo para beber... Ahora si. ¿Qué leeré hoy? ¡Hummmmm!, ¡ya sé! Historias de reptiles, arácnidos y batracios.

Me senté en mi sillón favorito, comencé a beber mi té frío, sabía raro, pero lo seguí bebiendo.

Fuera el viento soplaba cada vez más, los árboles que se divisaban tras la ventana, se ladeaban mucho, parecían bailarinas gordas intentando saltar.

Traté de concentrarme en la lectura, pero el silbido del viento, era como hipnosis, me iba adormeciendo poco a poco, bebí un poco más, mis ojos eran imposibles de controlar, se iban cerrando solos.

Caí en un profundo sueño, eso creo, porque lo que pasó luego, no parece realidad... igual se los cuento.

Estaba todo oscuro, pero podía ver igual, como los murciélagos; caminaba por un pasillo largo, muy largo, habían puertas, pero no las podía abrir. Mis pies comenzaron a pesarme, cuando los vi, me asusté, eran más grandes que patas de elefantes, peludos, entonces miré mis manos, los dedos eran flacos, con uñas largas y sucias; paré de caminar, busqué a mi alrededor un espejo, siempre hay por los pasillos, a lo lejos divisé uno, me acerqué, pero tuve miedo de verme reflejado.

Me senté a su lado a pensar que hacer, cuando comencé a sentir que algo me hacía cosquillas, en un segundo, estaba rodeado de arañas, de todas las formas, comenzaban a tejer sobre mi, como guardándome para el almuerzo.

araña tigre

Salté y corrí, pero tropecé con algo que parecía una piedra o mejor dicho varias piedras, éstas comenzaron a moverse, eran frías, rugosas y algo gomosas, ¡SI!, no eran piedras, eran sapos, enormes, chicos, medianos.

sapo

Resbalando intenté pararme para seguir escapando de éste terrorífico túnel, siempre tanteando abrir alguna puerta, con los pies que seguían pesándome cada vez más.

Las paredes, adornadas de armaduras, espadas, restos de antiguas guerras, me dio una idea... vestirme de caballero medieval, como aquellos que acompañaron al rey Arturo en la mesa redonda. Si antes no podía caminar, ahora... menos, pero en esta vida, todo con esfuerzo se logra.

Cada paso, era una orquesta, la batahola que armaba, espantaba a millones de murciélagos que revoloteaban sobre mi cabeza. Mi boca comenzó a secarse; el jadeo me producía sed, traté de apurar el paso, cuando el túnel comenzó a reducir de tamaño y no sólo eso, sino que iba en bajada, ya no me resultaba difícil caminar, era como si caía por un tobogán, pero sin fiiiiiiiiiiin...

- ¡Dios!, ¿dónde me lleva esto?, quiero despertar de ésta pesadilla, pero es imposible.

Por fin paré; muy despacio caminé, tanteando con manos y píes, estaba preparado para cualquier cosa, me encontraba en una habitación completamente cerrada, rememoré que en una de sus anécdotas, mi bisabuelo hablaba sobre pasadizos secretos, nunca creí en ellos, pero los comencé a buscar. Las paredes tenían agujeros, fui metiendo las manos en ellos, ya que en las películas lo hacen, pero sólo advertí que de ellos salían culebras, serpientes; ¿dónde correr?, no podía trepar, con semejante peso sobre mi cuerpo, y reptiles por todas partes; recordé haber leído que nunca atacan, si te quedas quieto.

serpiente

Muy lentamente fui recostándome sobre una de las paredes, mi cuerpo orquesta, se iba acallando, dominé mi respiración, el pecho me pesaba, culpé a la armadura y agradecí no haber nacido en aquellas épocas, hubiese sido un fracaso como caballero; los latidos del corazón se normalizaron.

No se cuanto tiempo pasó, creo que fue una eternidad; ya más tranquilo, rodeado de millares de reptiles comencé a pensar como salir, el cansancio se apoderó de mi, traté de mantener los ojos abiertos, no quería quedarme dormido en un lugar así y menos... con ésta compañía, eran muy frías y resbalosas... creo que después de esto, cambio de lecturas, me dedicaré a historias de amor... -que cursi, ¿no?.

Bueno al fin el sueño me venció, quedé desplomado entre todas ellas, sus pieles frías rodeaban mi cuerpo, sólo eso sentí, hasta que mi garganta comenzó a secarse, quise tragar un poco de saliva y me costó mucho, cada vez más, intenté despertar y no podía, la desesperación se apoderó de mi, el aire me faltaba, el pecho seguía presionando fuertemente; con mis manos toqué mi cuello y una de ellas lo rodeaba, apretándolo con fuerza, traté de sacármela, para gritar; me iba agotando, sentí que me desvanecía.

- ¡El frío!... todo ya era frío, por unos segundos divisé a mamá, papá, cuando me encuentren, si es que logran encontrarme. Con un último aliento, sacado de lo más profundo del alma, grité...

- ¡¡¡LOS AMOOOO!!!...- y caí desplomado.

- ¡Hijo! ¡Amorcito!, despierta por favor, estás volando de fiebre, intento ponerte un pañuelo al cuello y no me dejas, vamos a la cama, te has quedado dormido con las ventanas abiertas y pescaste un gran resfriado.

- ¡Mamááááá´!, ¡Papá!. No estoy muerto, me encontraron.

- ¿Qué dices, hijo? Has tenido una pesadilla, el té helado que bebiste, no era té, era una poción de hierbas medicinales, para dormir y gracias a ti, se que funciona. Vamos te llevaré a tu cama.

- ¡No sabes mamá!, fue horrible.

- Bueno, ya pasó, tienes para largo dentro de las cobijas.

- Pero en serio, ¿te lo puedo contar?

- Ahora no, debes descansar. Voy a traerte un verdadero té bien caliente con aspirinas y llamaré al doctor. ¡Ah!, ¿quieres tus historias favoritas de reptiles, arácnidos y batracios?

- ¡NOOOOOOO!.

- Pero tesoro, son tus preferidas.

- De ahora en adelante, las únicas preferidas serán las Historias de Amor.

- ¿Eh?

Y ésta historia terminó, entre vacunas, aspirinas y el doctor. ¡Ayyyyyy, eso sí que dolió!

 

Muchísimas gracias Bettina por enviarnos éste precioso cuento infantil.

Autora: Bettina Rolón

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